domingo, 22 de abril de 2018

EL ASESINO DEL MOSQUITO.


            En una comunidad de vecinos vivía Teodor, en el bloque cinco, planta dieciséis, puerta A, en una comunidad de viviendas de dieciséis plantas por cuatro viviendas en cada una y siete bloques entre los jardines y la piscina, detrás, el aparcamiento y la cancha de pádel. El vivía con su madre en una casa de amplio salón con un sofá de cinco plazas y dos sillones, enfrente de una chimenea que pudo colocar en su vivienda después de pagar todos los plazos de la compra del inmueble, buscar un arquitecto e instalar la chimenea con una salida al techo del edificio de la urbanización, pues era la última planta y daba a la azotea de antenas. Como los materiales de construcción del edificio, los materiales que se le pondría sobre la superficie, cuando se calentaran los leños, serían compatibles con la temperatura posible alcanzada y el calentamiento de los lados y el suelo durante los próximos cincuenta años ya que no erosionaba el techo del de la planta inferior. Es posible que tenga que lijar y pintar de nuevo en algún invierno, cuando se utiliza más la chimenea, pues en el techo de los vecinos de abajo salen cascarillas al techo y hay que hacer la reparación. Ya llevaban con la chimenea en su vivienda desde hacía seis años. En la casa había también una cocina que daba a un patio interior, amplia, con una isla en el centro y toda de madera, con una pequeña solana en el fondo, junto a la despensa de papas y cebollas con la lavadora y una secadora. La piedra de lavar la quitaron hace muchos años, casi tantos como llevaban viviendo. Habían tres habitaciones, y una la utilizaban de cuartos de invitados hasta que Teodor dejó de invitar a amigos a quedarse pues ya tenía veinticuatro años y llevaba como unos ocho años que no visitaban los amigos de él para quedarse, pero venían tías y tíos con sus primos a pasar unos días, o el abuelo, que después de quedarse viudo se vino a vivir a casa de Teodor en el cuarto de invitados, pero la pena y la angustia de verse solo y enfermo, fue mermando su voluntad hasta caer en una demencia que lo llevó a un hospital donde permanece postrado mirando a techo con un tubo en la nariz. Ahora estaban viviendo en la casa el padre, la madre y Teodor y un perro. La relación de ambos padres no iba bien. Discutían desde hace mucho por cualquier cosa y todo le parece mal al padre. Hay veces que está cariñoso, es cuando viene con unas copas de mas a la casa y se pone a decirle tonterías supuestamente agradables. Luego está unos días tranquilo, pero cuando llega el jueves o el viernes, por la mañana monta unos numeritos que despiertan a Teodor, que duerme hasta las nueve o diez de la mañana. Luego se levanta y baja a la calle a pasear a su perro labrador y está por los recreativos hasta las doce o una, que va a su casa y almuerza, para que a las tres esté en el trabajo hasta las ocho, limpiando unas oficinas del centro. Hay viernes o sábados que recurre a un bar hamburguesería que tienen las cañas muy baratas y hacen pinchos y tapas para los que siempre visitan el lugar.
La relación de los padres se estaba mermando, estaba reduciéndose a gritos e insultos y a cada cual más desesperado hasta que el padre dio un portazo con una maleta y se fue. Esa tarde, cuando llegó Teodor, vio a su madre con su hermana sollozando entre los cojines del sofá. La tía de Teodor consolaba a la hermana trayéndole infusiones de pasiflora para descansar unas horas, hasta que por la mañana fuesen a denunciar la agresión de la torta que le dio y del abandono de hogar, para que quede constancia de sus barbaridades también y pedir una orden de alejamiento. Por otro lado, esa tarde en la que ya habían comido y llevaban un rato en la sobremesa, tocaron en le timbre de la puerta y al abrir era un abogado con las condiciones del divorcio. Ella se quedaría con la casa, una manutención por ella de 450€ ya que el sueldo de su hijo y lo que gana su futuro exmarido, era la cuantía que le correspondía. Vería a su hijo cada vez que el le llamase, pero esa parte ya se la contaría la madre a Teodor, ya que la relación entre ellos era bastante alejada, un padre que no hacía caso de su hijo y a cualquier interés con él que se prestara a su padre, este padre se desquitaba con su hijo con un “luego”, con un “quizás” y con un “no sé”. Eran las palabras preferidas del padre de este muchacho. Era martes y eran las cuatro de la tarde cuando se fue el abogado con los papeles firmados por ambas partes, ya que los documentos estaban firmados por el ya exmarido. Esta tarde al llegar Teodor a la casa se encontró a la madre contenta y con una excelente cena, un plato de sopa, carne estofada de pavo con verduras y flan casero de postre. Ese fin de semana Tedodor bebió más de la cuenta y llegó muy pedo a su casa. Tanta cerveza y tanto pincho le habían puesto piripi además de unos cuantos chupitos de tequila. Ese sábado conoció a varios extranjeros, uno de ellos estaba muy interesado en hablar con él. Más tarde entendió que lo que quería. Al principio pensó que el propósito era alquilar la habitación de invitados, pero luego se dio cuenta de que lo que quería era que le pagase los chupitos de tequila. Cuando llegó a su habitación pensó en hacer reformas y ampliar las dos habitaciones en una sola, pues habitaciones muy espaciosas se podría convertir en una un poco más grande que el salón. Esas fueron las divagaciones que tubo en mente durante un rato, antes de caer profundamente dormido a las tres y media de la mañana.
Habían pasado unas semanas y Teodor había hablado con varios de los extranjeros que conoció en el bar en los recreativos de por la mañana con su perro labrador. Le preguntaron otra vez por la habitación y el dijo que haría reformas para hacer una más grande pues es lo que le sugirió la madre. Lo que no sabía Teodor es que la madre se estaba pensando ir a Canarias, ellos vivían en Madrid, pero la madre tiene tíos y primos por allí. Ella pensaba que Teodor estaría bien, con una casa que podría reformar y hacer una habitación grande y quien sabe, traer a alguna amiga y llegar a tener pareja, pues él, con su barba castaña y su pelo rubio, de ojos azules era bastante atractivo, como la madre y con un temperamento como el de ella ya que a su padre lo dejo a un lado cuando todavía era un niño porque le aconsejaron que si le defraudaban mucho no debía prestar a tención a esa persona que lo hiciera. Él era tranquilo, bonachón, agradable y muy creativo y le gustaba ver feliz a los demás por encima de lo que él consideraba la felicidad colectiva, cuando todos se alegraban por algo y por alguien y cuando todos se entristecían por algo o por alguien. Teodor asistía a clases de Tai Chí los sábados por la tarde. Estaba unas dos horas con un grupo de amigos muy agradables haciendo lo que les gusta. Relajarse al compás del universo con un baile ancestral que los transportaba a la quietud del alma y el espíritu. Luego se tomaba unas cañas y pinchaba algo en el bar, para ir a descansar sobre las once o doce.
La madre de Teodor cogió rumbo. Un sábado por la mañana del mes de junio, se embarcó en el avión que la llevaría a Tenerife, a una ciudad llamada La Laguna. Teodor estaba contento pero angustiado, alegre pero triste y emocionado, pero se le veía muy tranquilo. Condujo el choche de la madre hasta el aeropuerto y después iría a limpiar las oficinas. Estaba vestido con el uniforme de la empresa. Al llegar solo le dio tiempo de abrir el maletero para sacar los bultos antes de ver a Jhoan, uno de los extranjeros que venía a recoger a un compañero, le tocase en la espalda, le apretase la mano y le diera un abrazo como si lo conociera de toda la vida. Esta vez se la vio venir. Tendría que llevarlos. Estaba pensando en la manera de poder quitárselos de encima pero cuando sacó la maleta de la madre y el bolso de mano, el metió el tremendo maletón de su amigo en la parte trasera del coche y Teodor le dijo que no podía llevarlos, que tenía que ir a trabajar.
-          ¿Pero a que hora entras? – dijo Jhoan a Teodor con cara muy de pena.
-          Pues a la una entro. Y aunque son las once y media tengo cosas que hacer y no me da tiempo.
-          Venga hombre, que un taxi vale un pastón. Cuando te vea esta noche, me traigo a este y lo del taxi nos lo bebemos.
Teodor empezó a angustiarse y vio que no tenía alternativa. Se despidió de su madre con un abrazo después de dejarle los bultos en la acera, le dijo que llevaría a estos a la ciudad y que luego iría al trabajo. Esperaba que a la madre no le molestara ese comportamiento y la madre al mirar la espalda de su hijo sonrió deseándole la mayor felicidad posible que pudiera abarcar el mundo para su querido hijo. Subieron al coche y tomaron camino al centro. Por el camino Jhoan empezó a maquinar y a tratar de convencer a Teodor de que se quedara en casa con él. En la casa de Jhoan no había mucho espacio, tendría que dormir en una colchoneta en el suelo y habían seis personas en el apartamento. Que por 200€ le alquilaban la habitación por un mes y luego verían. Cuando le preguntaron cuanto tiempo estaría la madre fuera de la capital él les mintió, dijo que estaría un mes. El tiempo real no se sabe. Si encuentra trabajo la madre de Teodor es posible que ya ni regrese, pues fueron palabras de la madre al muchacho, y si hacía falta que volviese ella para cuidar del muchacho ella vendría, pero Teodor se ocupo de darle poca importancia a su bienestar ya que estaría muy bien, alimentado, descansado y con amigos. A lo mejor se pone a estudiar, siempre quiso aprender sobre programas informáticos. Se lo pensó dos veces antes de decirles que si, y al final cedió y llevó directamente a la casa de él al amigo de Jhoan, llamado Norman.
Esos días fueron tranquilos. Venían a visitarlo con cervezas y pizzas y se montaban unas fiestas terribles. Eso si, siempre limpiaba por las mañanas y en el fregadero no había un baso sin fregar, y los baños estaban muy limpios. Se podía decir que no dejaba pelos al afeitarse. En una de las tardes empezaron a hablar de los grupos sanguíneos y les dije que era O+. A la mañana siguiente se percató de que le habían robado sangre, tenía una gran picadura encima de una de las venas del brazo izquierdo. Lo dijo sin preocuparse delante de Norman – Mira, tengo un pinchazo en el brazo. – A lo que este contestó – Pues será de un mosquito. –
Pasaron los días y ya llevaba dos semanas. Las picaduras empezaron también en las piernas y una mañana amaneció con un fuerte sabor a vinagre y al mirarse en el espejo, tenía la lengua marrón y se estriñó un poco pues al limpiarse con el papel del baño notó como había vetas de sangre. No sabía que hacer pues no llegaba a la idea de saber que es lo que verdaderamente estaba pasando. Norman era un drogadicto. Tenía infección de hígado y le gustaba abusar de muchachos, además de saber que si son de grupo sanguíneo O+ podría inyectarse su sangre y dominar toda la materia que habita en el cuerpo de Teodor pues con los condicionamientos a los que se veía sometido el muchacho su vida sería otra, muy distinta a la que se esperaba.
Cuando paso ese día que amaneció mal por la oficina, con una sensación de haber descansado un montón y con una energía desmesurada, una de las chicas que se quedan hasta tarde trabajando lo vio y le pregunto.
-          ¿Estás bien Teodor?
-          No, la verdad.
-          ¿Y eso?
-          Es que conocí a unos extranjeros en un bar y el otro día, cunado llevé a mi madre al aeropuerto, coincidí con uno y con un amigo, a los que no tuve más remedio que llevar a mi casa en la que vivirá solo un mes por 200€. Y ya van más de dos semanas y solo veo problemas. Hay días que amanezco como hoy, pletórico, pero otros abrumado y apesadumbrado. Y eso es lo malo, que aunque me encuentre bien, estoy hecho una mierda.
-          Sabe. Debería de darle el dinero, unos 100€ y que se vaya. Además de hacerte un reconocimiento médico para que …
-          ¿Un reconocimiento médico? ¿Y eso por qué?
-          Es lo aconsejable. No conoces a ese tío y pareces que tiene fiebre. Una analítica y que te exploren esa lengua. A ver, enséñamela,  di aaaa…
-          Aaaaaa…
-          Ves, esta muy marrón. Espero que no te hayan salido almorranas o estés estreñido.
-          Pues si. Ahora que lo dices esta mañana estaba estreñido y me ardió el defecar.
-          Vamos. Ahora mismo. Yo te llevo. Ese se va a enterar.
Tomaron el coche de ella y fueron a un hospital. Allí le hicieron pruebas, una analítica, muestras de la lengua y ver su trasero en una rectoscopia, en la exploración vieron indicios de penetración. Cuando observaron y vieron mejor, tomaron muestras de posible semen. Estaba muy aturdido. No pensaba en esto. Dentro de unos días mirarían los resultados y verían que es lo que tenía. Lo que no sabía era que los resultados de la analítica fueron urgentemente a los laboratorios y se le dieron prioridad tratándose de una posible violación y abusos con sustancia. Los resultados estaban al llegar y él estaba nervioso. Le dijeron que tenía restos de heroína, cocaína y éxtasis, unas drogas que según él nunca había consumido en su vida. También había posibles restos de Burundanga. Arrestarían al individuo y lo tendrían en prisión preventiva hasta los resultados del ADN y si lo confirma estará de ocho a doce años en prisión. La policía ya estaba allí e irían con él a arrestar a Norman. Una vez en el coche de patrulla Teodor se lo pensó mejor y no quería que lo arrestasen, pero el valor que sacó con el apoyo policial le hizo seguir adelante. Llegaron a la urbanización y subieron en ascensor dos agentes con él, se quedaron dos más en la puerta del edificio. Él estaba en casa de unos amigos, esa tarde había decidido visitar a unos amigos de Jhoan en una urbanización a doce o trece manzanas por la calle arriba. Una vez dentro vieron que no estaba el individuo Teodor pensó que se estaba fumando un porro con un motón de rayas en la mesa y una bolsa con pastillas. En ese momento sonó el móvil, uno de los dos que estaban encima de la mesa de la habitación de Norman. A lo cual se lo requisaron y contestó la policía.
-          ¿Si? -  Dijo con voz ronca uno de los policial al teléfono.
-          ¡Eeeeeyyyyy! Tráeme cuatro pastis, pero déjamelas a ocho pavos, solo tengo 32€.
-          Si. Ven a buscarlas. Toca y te abro.
-          Es el bloque cinco, piso dieciséis, puerta A.
-          Si. Te espero.
-          Okey. Hasta ahora.
A todo esto, los policías llamaron a la policía científica. Por tráfico de drogas le podrían caer doce años más, y por las drogas incautadas unos pocos más. En lo que llegaban fueron registrando parte de lo que había encima de la mesa. Encontraron dinero y dos móviles más y en la cartera documentación falsa. En la habitación había un alijo de drogas. Por lo visto había llevado en la maleta unas mil pastillas de éxtasis, dos kilos de cocaína y uno de heroína, además de varios trozos de hachís. Cuando llegó la policía científica, le hicieron muestras de huellas y pelos de la cama. Terminaron por ver todo el contenido de la habitación, del salón, los baños, la cocina y las otras dos habitaciones. Habían encontrado debajo de la cama de la madre una maleta con mas sustancias, esta vez había GHB o Burundanga o eso parecía, por la cantidad de frascos pequeños que habían en el interior. Un montón de cajas con pequeñas dosis de esta droga. Por lo visto no se puede detectar bien en las analíticas después de pasado su efecto, y podías estar entre cuatro y seis horas a voluntad de estos delincuentes que te la administrasen.
Tenían que detener al agresor. Estaban planeando que esperarían en la habitación de la madre y cuando regresase sería arrestado. Se fueron a avisar por radio a la otra habitación y dar instrucciones de que se llevasen los coches patrullas y trajesen un operativo de incognito. Le pidieron el número de teléfono que poseía Teodor de Norman y que llamara, pincharían el teléfono si contesta y localizarían su posición. Llamó. Localizaron su llamada y su ubicación, estaba a unas manzanas de aquí, y se montó un operativo con orden judicial para asaltar la vivienda. Cuando llegaron se encontraron, después de derribar la puerta y entrar diez o doce policías al interior de la vivienda, vieron en la cocina a una mujer con un montón de botes con piedras de cocaína, mientras en un cucharon calentaba en un hornillo una mezcla para elaborar crak. Ellos estaban en el interior fumando, en un salón, en una habitación habían dos niñas de doce y trece años, y se las veía muy mal, desnutridas y picadas en los brazos. Se encontraron gran cantidad de jeringuillas usadas y frascos de morfina, un montón de kilos de drogas y enormes archivos de material pornográfico, pues entre los títulos aparecían nombres de chicas y la fecha y un número que podría ser la edad. Habían números que ponían el doce. Cogieron varios móviles que analizarían y verían las llamadas hechas durante mucho tiempo y por donde viajaron las conexiones, pues estamos en Madrid y aquí las comunicaciones vuelan.
En esto el hombre deja caer un bote de cristal al suelo y salen un montón de mosquitos super agresivos volando por toda la habitación. A uno de ellos le picó en la cara, a un guardia se le coló por el cuello y le picó y así a varios de los muchachos, a la mujer le llegaron a picar y asi hasta que cayeron todos los que estábamos. Algunos mosquitos se pudieron matar pero otros volaron fuera. La sensación de la picada, en unos momentos se puso a hervir. Por lo visto eran nanorobots que te inyectaban un veneno mortal y seguían vibrando y se movían para picarte hasta que estaban totalmente destruidos. A los muchachos empezaron a dolerles la cabeza uno de ellos vio como caían dos de sus compañeros. Disparó a la mujer y fue a disparar a los otros dos mientras daba trompicones y seguían cayendo. Llegó a la habitación y disparo a los dos amigos, responsables de todo lo que habían hecho, cayendo después de disparar el remate a Norman.
Al cabo de unas horas se personó la policía científica y ratificó que los insectos encontrados en la casa de Teodor en la habitación correspondían a los restos de metales encontrados en algunos cuellos de los compañeros y vieron que el veneno era un poderoso agente químico biológico que absorbía toda la energía del hipotálamo y una vez entrabas en parada general el sistema nervioso se descomponía, destruyendo todas tus neuronas, a la vez que empezabas a descomponerte antes. Hubieron varias víctimas entre los vecinos de la comunidad y varios mas en la calle. En total una veintena de personas.
Pasaron los días y Teodor se sentía con miedo. No iba por el bar y no salía de casa. Le habían dado la baja por quince días en los que decidió vender la casa e irse a vivir a Canarias. Ya lo había hablado con la madre y a la madre le pareció bien, pues era mejor futuro, cambiar un poco y aprender de los errores. En cuestión de semanas se cerró la venta, a él le finiquitaron en la empresa que llevaba trabajando desde hace mas de seis años y se embarcó en un avión destino a Tenerife. Allí encontraría una casa nueva y viviría con su madre hasta que decidiesen otra cosa. Lo que no sabía era que le seguían. Con un bote pequeño de mosquitos, con unos cinco serían suficiente, pues el portador estaba vacunado contra este mal, este veneno que nos hace caer. Al poco de estar en la casa de Tenerife, a las semanas, tiraron un bote por la ventana de esos mosquitos y estalló contra la pared. Lo que no sabía era que mejor le disparase, cosa que nunca ocurrió, pues estaba con el antídoto que le había proporcionado el gobierno. Se encontraron muestras sintéticas en el domicilio. Lo que no sabían los buenos era que ese producto de los mosquitos, junto con el antídoto, te degeneraría en diez años y te agarrotarías hasta perder la conciencia en un sueño profundo mientras veían como pasaba el tiempo, con la tele encendida y el cuerpo latiendo poco y cada vez menos, hasta que esa luz se apaga y no despiertas de ese sueño que se llevó a su madre hace dos años atrás.
           



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