En una comunidad de vecinos vivía
Teodor, en el bloque cinco, planta dieciséis, puerta A, en una comunidad de
viviendas de dieciséis plantas por cuatro viviendas en cada una y siete bloques
entre los jardines y la piscina, detrás, el aparcamiento y la cancha de pádel.
El vivía con su madre en una casa de amplio salón con un sofá de cinco plazas y
dos sillones, enfrente de una chimenea que pudo colocar en su vivienda después
de pagar todos los plazos de la compra del inmueble, buscar un arquitecto e
instalar la chimenea con una salida al techo del edificio de la urbanización,
pues era la última planta y daba a la azotea de antenas. Como los materiales de
construcción del edificio, los materiales que se le pondría sobre la superficie,
cuando se calentaran los leños, serían compatibles con la temperatura posible
alcanzada y el calentamiento de los lados y el suelo durante los próximos
cincuenta años ya que no erosionaba el techo del de la planta inferior. Es
posible que tenga que lijar y pintar de nuevo en algún invierno, cuando se
utiliza más la chimenea, pues en el techo de los vecinos de abajo salen
cascarillas al techo y hay que hacer la reparación. Ya llevaban con la chimenea
en su vivienda desde hacía seis años. En la casa había también una cocina que
daba a un patio interior, amplia, con una isla en el centro y toda de madera,
con una pequeña solana en el fondo, junto a la despensa de papas y cebollas con
la lavadora y una secadora. La piedra de lavar la quitaron hace muchos años,
casi tantos como llevaban viviendo. Habían tres habitaciones, y una la
utilizaban de cuartos de invitados hasta que Teodor dejó de invitar a amigos a
quedarse pues ya tenía veinticuatro años y llevaba como unos ocho años que no
visitaban los amigos de él para quedarse, pero venían tías y tíos con sus
primos a pasar unos días, o el abuelo, que después de quedarse viudo se vino a
vivir a casa de Teodor en el cuarto de invitados, pero la pena y la angustia de
verse solo y enfermo, fue mermando su voluntad hasta caer en una demencia que
lo llevó a un hospital donde permanece postrado mirando a techo con un tubo en
la nariz. Ahora estaban viviendo en la casa el padre, la madre y Teodor y un
perro. La relación de ambos padres no iba bien. Discutían desde hace mucho por
cualquier cosa y todo le parece mal al padre. Hay veces que está cariñoso, es
cuando viene con unas copas de mas a la casa y se pone a decirle tonterías
supuestamente agradables. Luego está unos días tranquilo, pero cuando llega el
jueves o el viernes, por la mañana monta unos numeritos que despiertan a
Teodor, que duerme hasta las nueve o diez de la mañana. Luego se levanta y baja
a la calle a pasear a su perro labrador y está por los recreativos hasta las
doce o una, que va a su casa y almuerza, para que a las tres esté en el trabajo
hasta las ocho, limpiando unas oficinas del centro. Hay viernes o sábados que
recurre a un bar hamburguesería que tienen las cañas muy baratas y hacen
pinchos y tapas para los que siempre visitan el lugar.
La relación de
los padres se estaba mermando, estaba reduciéndose a gritos e insultos y a cada
cual más desesperado hasta que el padre dio un portazo con una maleta y se fue.
Esa tarde, cuando llegó Teodor, vio a su madre con su hermana sollozando entre
los cojines del sofá. La tía de Teodor consolaba a la hermana trayéndole
infusiones de pasiflora para descansar unas horas, hasta que por la mañana
fuesen a denunciar la agresión de la torta que le dio y del abandono de hogar,
para que quede constancia de sus barbaridades también y pedir una orden de
alejamiento. Por otro lado, esa tarde en la que ya habían comido y llevaban un
rato en la sobremesa, tocaron en le timbre de la puerta y al abrir era un
abogado con las condiciones del divorcio. Ella se quedaría con la casa, una
manutención por ella de 450€ ya que el sueldo de su hijo y lo que gana su
futuro exmarido, era la cuantía que le correspondía. Vería a su hijo cada vez
que el le llamase, pero esa parte ya se la contaría la madre a Teodor, ya que
la relación entre ellos era bastante alejada, un padre que no hacía caso de su
hijo y a cualquier interés con él que se prestara a su padre, este padre se
desquitaba con su hijo con un “luego”, con un “quizás” y con un “no sé”. Eran
las palabras preferidas del padre de este muchacho. Era martes y eran las
cuatro de la tarde cuando se fue el abogado con los papeles firmados por ambas
partes, ya que los documentos estaban firmados por el ya exmarido. Esta tarde
al llegar Teodor a la casa se encontró a la madre contenta y con una excelente
cena, un plato de sopa, carne estofada de pavo con verduras y flan casero de
postre. Ese fin de semana Tedodor bebió más de la cuenta y llegó muy pedo a su
casa. Tanta cerveza y tanto pincho le habían puesto piripi además de unos
cuantos chupitos de tequila. Ese sábado conoció a varios extranjeros, uno de
ellos estaba muy interesado en hablar con él. Más tarde entendió que lo que
quería. Al principio pensó que el propósito era alquilar la habitación de
invitados, pero luego se dio cuenta de que lo que quería era que le pagase los
chupitos de tequila. Cuando llegó a su habitación pensó en hacer reformas y
ampliar las dos habitaciones en una sola, pues habitaciones muy espaciosas se
podría convertir en una un poco más grande que el salón. Esas fueron las divagaciones
que tubo en mente durante un rato, antes de caer profundamente dormido a las
tres y media de la mañana.
Habían pasado
unas semanas y Teodor había hablado con varios de los extranjeros que conoció
en el bar en los recreativos de por la mañana con su perro labrador. Le
preguntaron otra vez por la habitación y el dijo que haría reformas para hacer
una más grande pues es lo que le sugirió la madre. Lo que no sabía Teodor es
que la madre se estaba pensando ir a Canarias, ellos vivían en Madrid, pero la
madre tiene tíos y primos por allí. Ella pensaba que Teodor estaría bien, con
una casa que podría reformar y hacer una habitación grande y quien sabe, traer
a alguna amiga y llegar a tener pareja, pues él, con su barba castaña y su pelo
rubio, de ojos azules era bastante atractivo, como la madre y con un
temperamento como el de ella ya que a su padre lo dejo a un lado cuando todavía
era un niño porque le aconsejaron que si le defraudaban mucho no debía prestar
a tención a esa persona que lo hiciera. Él era tranquilo, bonachón, agradable y
muy creativo y le gustaba ver feliz a los demás por encima de lo que él
consideraba la felicidad colectiva, cuando todos se alegraban por algo y por
alguien y cuando todos se entristecían por algo o por alguien. Teodor asistía a
clases de Tai Chí los sábados por la tarde. Estaba unas dos horas con un grupo
de amigos muy agradables haciendo lo que les gusta. Relajarse al compás del
universo con un baile ancestral que los transportaba a la quietud del alma y el
espíritu. Luego se tomaba unas cañas y pinchaba algo en el bar, para ir a
descansar sobre las once o doce.
La madre de
Teodor cogió rumbo. Un sábado por la mañana del mes de junio, se embarcó en el
avión que la llevaría a Tenerife, a una ciudad llamada La Laguna. Teodor estaba
contento pero angustiado, alegre pero triste y emocionado, pero se le veía muy
tranquilo. Condujo el choche de la madre hasta el aeropuerto y después iría a
limpiar las oficinas. Estaba vestido con el uniforme de la empresa. Al llegar
solo le dio tiempo de abrir el maletero para sacar los bultos antes de ver a
Jhoan, uno de los extranjeros que venía a recoger a un compañero, le tocase en
la espalda, le apretase la mano y le diera un abrazo como si lo conociera de
toda la vida. Esta vez se la vio venir. Tendría que llevarlos. Estaba pensando
en la manera de poder quitárselos de encima pero cuando sacó la maleta de la
madre y el bolso de mano, el metió el tremendo maletón de su amigo en la parte
trasera del coche y Teodor le dijo que no podía llevarlos, que tenía que ir a
trabajar.
-
¿Pero a que hora entras? – dijo Jhoan a Teodor
con cara muy de pena.
-
Pues a la una entro. Y aunque son las once y
media tengo cosas que hacer y no me da tiempo.
-
Venga hombre, que un taxi vale un pastón. Cuando
te vea esta noche, me traigo a este y lo del taxi nos lo bebemos.
Teodor empezó a
angustiarse y vio que no tenía alternativa. Se despidió de su madre con un
abrazo después de dejarle los bultos en la acera, le dijo que llevaría a estos
a la ciudad y que luego iría al trabajo. Esperaba que a la madre no le
molestara ese comportamiento y la madre al mirar la espalda de su hijo sonrió
deseándole la mayor felicidad posible que pudiera abarcar el mundo para su
querido hijo. Subieron al coche y tomaron camino al centro. Por el camino Jhoan
empezó a maquinar y a tratar de convencer a Teodor de que se quedara en casa
con él. En la casa de Jhoan no había mucho espacio, tendría que dormir en una
colchoneta en el suelo y habían seis personas en el apartamento. Que por 200€
le alquilaban la habitación por un mes y luego verían. Cuando le preguntaron
cuanto tiempo estaría la madre fuera de la capital él les mintió, dijo que
estaría un mes. El tiempo real no se sabe. Si encuentra trabajo la madre de
Teodor es posible que ya ni regrese, pues fueron palabras de la madre al
muchacho, y si hacía falta que volviese ella para cuidar del muchacho ella
vendría, pero Teodor se ocupo de darle poca importancia a su bienestar ya que
estaría muy bien, alimentado, descansado y con amigos. A lo mejor se pone a
estudiar, siempre quiso aprender sobre programas informáticos. Se lo pensó dos
veces antes de decirles que si, y al final cedió y llevó directamente a la casa
de él al amigo de Jhoan, llamado Norman.
Esos días fueron
tranquilos. Venían a visitarlo con cervezas y pizzas y se montaban unas fiestas
terribles. Eso si, siempre limpiaba por las mañanas y en el fregadero no había
un baso sin fregar, y los baños estaban muy limpios. Se podía decir que no
dejaba pelos al afeitarse. En una de las tardes empezaron a hablar de los
grupos sanguíneos y les dije que era O+. A la mañana siguiente se percató de
que le habían robado sangre, tenía una gran picadura encima de una de las venas
del brazo izquierdo. Lo dijo sin preocuparse delante de Norman – Mira, tengo un
pinchazo en el brazo. – A lo que este contestó – Pues será de un mosquito. –
Pasaron los días
y ya llevaba dos semanas. Las picaduras empezaron también en las piernas y una
mañana amaneció con un fuerte sabor a vinagre y al mirarse en el espejo, tenía
la lengua marrón y se estriñó un poco pues al limpiarse con el papel del baño
notó como había vetas de sangre. No sabía que hacer pues no llegaba a la idea
de saber que es lo que verdaderamente estaba pasando. Norman era un drogadicto.
Tenía infección de hígado y le gustaba abusar de muchachos, además de saber que
si son de grupo sanguíneo O+ podría inyectarse su sangre y dominar toda la
materia que habita en el cuerpo de Teodor pues con los condicionamientos a los
que se veía sometido el muchacho su vida sería otra, muy distinta a la que se
esperaba.
Cuando paso ese
día que amaneció mal por la oficina, con una sensación de haber descansado un
montón y con una energía desmesurada, una de las chicas que se quedan hasta
tarde trabajando lo vio y le pregunto.
-
¿Estás bien Teodor?
-
No, la verdad.
-
¿Y eso?
-
Es que conocí a unos extranjeros en un bar y el
otro día, cunado llevé a mi madre al aeropuerto, coincidí con uno y con un
amigo, a los que no tuve más remedio que llevar a mi casa en la que vivirá solo
un mes por 200€. Y ya van más de dos semanas y solo veo problemas. Hay días que
amanezco como hoy, pletórico, pero otros abrumado y apesadumbrado. Y eso es lo
malo, que aunque me encuentre bien, estoy hecho una mierda.
-
Sabe. Debería de darle el dinero, unos 100€ y
que se vaya. Además de hacerte un reconocimiento médico para que …
-
¿Un reconocimiento médico? ¿Y eso por qué?
-
Es lo aconsejable. No conoces a ese tío y
pareces que tiene fiebre. Una analítica y que te exploren esa lengua. A ver,
enséñamela, di aaaa…
-
Aaaaaa…
-
Ves, esta muy marrón. Espero que no te hayan
salido almorranas o estés estreñido.
-
Pues si. Ahora que lo dices esta mañana estaba
estreñido y me ardió el defecar.
-
Vamos. Ahora mismo. Yo te llevo. Ese se va a
enterar.
Tomaron el coche
de ella y fueron a un hospital. Allí le hicieron pruebas, una analítica,
muestras de la lengua y ver su trasero en una rectoscopia, en la exploración
vieron indicios de penetración. Cuando observaron y vieron mejor, tomaron
muestras de posible semen. Estaba muy aturdido. No pensaba en esto. Dentro de
unos días mirarían los resultados y verían que es lo que tenía. Lo que no sabía
era que los resultados de la analítica fueron urgentemente a los laboratorios y
se le dieron prioridad tratándose de una posible violación y abusos con
sustancia. Los resultados estaban al llegar y él estaba nervioso. Le dijeron
que tenía restos de heroína, cocaína y éxtasis, unas drogas que según él nunca
había consumido en su vida. También había posibles restos de Burundanga.
Arrestarían al individuo y lo tendrían en prisión preventiva hasta los
resultados del ADN y si lo confirma estará de ocho a doce años en prisión. La policía
ya estaba allí e irían con él a arrestar a Norman. Una vez en el coche de patrulla
Teodor se lo pensó mejor y no quería que lo arrestasen, pero el valor que sacó con
el apoyo policial le hizo seguir adelante. Llegaron a la urbanización y
subieron en ascensor dos agentes con él, se quedaron dos más en la puerta del
edificio. Él estaba en casa de unos amigos, esa tarde había decidido visitar a
unos amigos de Jhoan en una urbanización a doce o trece manzanas por la calle
arriba. Una vez dentro vieron que no estaba el individuo Teodor pensó que se
estaba fumando un porro con un motón de rayas en la mesa y una bolsa con
pastillas. En ese momento sonó el móvil, uno de los dos que estaban encima de la
mesa de la habitación de Norman. A lo cual se lo requisaron y contestó la policía.
-
¿Si? -
Dijo con voz ronca uno de los policial al teléfono.
-
¡Eeeeeyyyyy! Tráeme cuatro pastis, pero déjamelas
a ocho pavos, solo tengo 32€.
-
Si. Ven a buscarlas. Toca y te abro.
-
Es el bloque cinco, piso dieciséis, puerta A.
-
Si. Te espero.
-
Okey. Hasta ahora.
A todo esto, los
policías llamaron a la policía científica. Por tráfico de drogas le podrían
caer doce años más, y por las drogas incautadas unos pocos más. En lo que
llegaban fueron registrando parte de lo que había encima de la mesa. Encontraron
dinero y dos móviles más y en la cartera documentación falsa. En la habitación había
un alijo de drogas. Por lo visto había llevado en la maleta unas mil pastillas
de éxtasis, dos kilos de cocaína y uno de heroína, además de varios trozos de hachís.
Cuando llegó la policía científica, le hicieron muestras de huellas y pelos de
la cama. Terminaron por ver todo el contenido de la habitación, del salón, los
baños, la cocina y las otras dos habitaciones. Habían encontrado debajo de la
cama de la madre una maleta con mas sustancias, esta vez había GHB o Burundanga
o eso parecía, por la cantidad de frascos pequeños que habían en el interior. Un
montón de cajas con pequeñas dosis de esta droga. Por lo visto no se puede detectar
bien en las analíticas después de pasado su efecto, y podías estar entre cuatro
y seis horas a voluntad de estos delincuentes que te la administrasen.
Tenían que
detener al agresor. Estaban planeando que esperarían en la habitación de la
madre y cuando regresase sería arrestado. Se fueron a avisar por radio a la
otra habitación y dar instrucciones de que se llevasen los coches patrullas y
trajesen un operativo de incognito. Le pidieron el número de teléfono que poseía
Teodor de Norman y que llamara, pincharían el teléfono si contesta y
localizarían su posición. Llamó. Localizaron su llamada y su ubicación, estaba
a unas manzanas de aquí, y se montó un operativo con orden judicial para
asaltar la vivienda. Cuando llegaron se encontraron, después de derribar la puerta
y entrar diez o doce policías al interior de la vivienda, vieron en la cocina a
una mujer con un montón de botes con piedras de cocaína, mientras en un
cucharon calentaba en un hornillo una mezcla para elaborar crak. Ellos estaban
en el interior fumando, en un salón, en una habitación habían dos niñas de doce
y trece años, y se las veía muy mal, desnutridas y picadas en los brazos. Se encontraron
gran cantidad de jeringuillas usadas y frascos de morfina, un montón de kilos
de drogas y enormes archivos de material pornográfico, pues entre los títulos
aparecían nombres de chicas y la fecha y un número que podría ser la edad. Habían
números que ponían el doce. Cogieron varios móviles que analizarían y verían
las llamadas hechas durante mucho tiempo y por donde viajaron las conexiones,
pues estamos en Madrid y aquí las comunicaciones vuelan.
En esto el hombre
deja caer un bote de cristal al suelo y salen un montón de mosquitos super
agresivos volando por toda la habitación. A uno de ellos le picó en la cara, a
un guardia se le coló por el cuello y le picó y así a varios de los muchachos,
a la mujer le llegaron a picar y asi hasta que cayeron todos los que estábamos.
Algunos mosquitos se pudieron matar pero otros volaron fuera. La sensación de
la picada, en unos momentos se puso a hervir. Por lo visto eran nanorobots que
te inyectaban un veneno mortal y seguían vibrando y se movían para picarte
hasta que estaban totalmente destruidos. A los muchachos empezaron a dolerles
la cabeza uno de ellos vio como caían dos de sus compañeros. Disparó a la mujer
y fue a disparar a los otros dos mientras daba trompicones y seguían cayendo. Llegó
a la habitación y disparo a los dos amigos, responsables de todo lo que habían
hecho, cayendo después de disparar el remate a Norman.
Al cabo de unas
horas se personó la policía científica y ratificó que los insectos encontrados
en la casa de Teodor en la habitación correspondían a los restos de metales
encontrados en algunos cuellos de los compañeros y vieron que el veneno era un
poderoso agente químico biológico que absorbía toda la energía del hipotálamo y
una vez entrabas en parada general el sistema nervioso se descomponía,
destruyendo todas tus neuronas, a la vez que empezabas a descomponerte antes. Hubieron
varias víctimas entre los vecinos de la comunidad y varios mas en la calle. En total
una veintena de personas.
Pasaron los días
y Teodor se sentía con miedo. No iba por el bar y no salía de casa. Le habían dado
la baja por quince días en los que decidió vender la casa e irse a vivir a Canarias.
Ya lo había hablado con la madre y a la madre le pareció bien, pues era mejor
futuro, cambiar un poco y aprender de los errores. En cuestión de semanas se cerró
la venta, a él le finiquitaron en la empresa que llevaba trabajando desde hace
mas de seis años y se embarcó en un avión destino a Tenerife. Allí encontraría
una casa nueva y viviría con su madre hasta que decidiesen otra cosa. Lo que no
sabía era que le seguían. Con un bote pequeño de mosquitos, con unos cinco serían
suficiente, pues el portador estaba vacunado contra este mal, este veneno que
nos hace caer. Al poco de estar en la casa de Tenerife, a las semanas, tiraron
un bote por la ventana de esos mosquitos y estalló contra la pared. Lo que no
sabía era que mejor le disparase, cosa que nunca ocurrió, pues estaba con el
antídoto que le había proporcionado el gobierno. Se encontraron muestras sintéticas
en el domicilio. Lo que no sabían los buenos era que ese producto de los
mosquitos, junto con el antídoto, te degeneraría en diez años y te agarrotarías
hasta perder la conciencia en un sueño profundo mientras veían como pasaba el
tiempo, con la tele encendida y el cuerpo latiendo poco y cada vez menos, hasta
que esa luz se apaga y no despiertas de ese sueño que se llevó a su madre hace
dos años atrás.
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