sábado, 2 de mayo de 2020

Link de un libro de poemas, LOS POEMAS DE UN FACEBOOK.

https://www.amazon.es/dp/B087YZ435T/ref=sr_1_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&dchild=1&keywords=los+poemas+de+un+facebook&qid=1588421752&s=digital-text&sr=1-1



Enlace para la poesía, desde un Facebook a mis amigos y lectores. Poesía cargada de intriga, amor, entrega por lo bueno, lo sano, en la que liberas tu peso sin echar culpas, quitando los miedos y sacando sonrisas de consuelo, en el que amparados muchas veces por las mágicas palabras, el ensueño revelador nos lleva hacia mensajes jamas escuchados, en el que ese misterio quedará entre los hacedores de voluntades, donde queda sin saber por qué o tal vez, quién sabe por qué quizás, es seguir con una forma en la que las palabras llevan a entender que es posible llegar a esos misterios, haciéndonos mucho más fuertes, en donde la creatividad emana de ese misterioso poder de la consagración a lo divino, haciendo posible que la vida desde el punto en equilibrio y silencio para la paz mental, es consecuente de vernos hechos personas sanas, entre tanto barullo fuera y sin darnos cuenta de que no le prestamos atención a nuestro interior, no es todo con la mente, hay mucha razón en el corazón.

viernes, 24 de enero de 2020

2.- EL SUEÑO EN EL QUE EL REM INCIDIA CON ENERGUMENOS, SEGUNDA PARTE


EL SUEÑO EN EL QUE EL REM INCIDIA CON ENERGUMENOS, SEGUNDA PARTE  


Eran amigos y seguirán haciendo de las suyas, haciendo de sus miedos, haciendo de sus temores realidades compartidas con su ego, con sus llantos amargados en el reflejo de esas incertidumbres atenuadas en las sombras, donde el temperamento de los espíritus afables que, hacedores de la pulcritud nos hacen ver la realidad. La falta de escrúpulos es lo que está castigado, pues en esas horas que dicen temer esas inciertas maneras de presumir de la dignidad, en las personas, nos hacemos hacedores de las verdaderas razones por la que dirigir una entidad propuesta por los mejores maestros de la humanidad, donde la paz de hacer posible que todos entendamos, hemos de estar mejor sin pasar por encima del otro, sin dañar el coraje que te hace en realidad y te hace impropio. Es por eso los que desde un punto de vista están marginados por una sociedad, en donde la noche no es posibilitada de credulidades más que de las que en la luz oscura. Nos intentan hacer creer que es donde se crean los sueños y en la intención de provocar esas increíbles y no aceptadas continuidades de la disciplina que nos lleva a quitar de la producción a los que sin no hacen posible la dignidad, la honestidad, la humildad de aceptar que en el fondo de la Tierra, si existe el infierno, nos veremos vulnerables si creemos que lo que encerramos es el espíritu maligno y en ese etéreo bienestar físico nos quedamos para dar por sentado que en esas individuales colectividades que nos encierra en el mejor de los supuestos aceptables que nos llevan a interpretar una opción u otra, donde lo mejor es apaciguar los malos entendidos y saber que esa maldad que dice hacer en esas mentes, son perjudiciales para el aceptado inframundo donde es mejorado el aceptado y conciso bienestar, que nos lleva a entender que se hace posible una realidad cuando en el entorno nos aceptamos tal y como están los cánones, donde los que se saltan a la torera algún malentendido, si son castigados con la ironía o con la rebeldía de seguir ocultado, los pesares que van cargando, de momento no lo pueden delegar y en el espíritu inocente la realización del ser nos lleva a interpretar la idealización de la especie humana como el mejor resultado para dar por sentado que en el hemisferio de la naturaleza humana, nos vemos reflejados por el encanto de la sutileza del amor y es entonces cuando en ese sueño del infierno ves reflejado que pasas por esos fuegos inconmensurables y pasas al fondo del Sol, entregando toda la energía de la humanidad al mismo centro para que eso que se ha regenerado en la violencia, en las intrigas, en los miedos, en los suspenses, en los misterios, sean apaciguados por la luz emergente que de nuevo nos da la corteza del Sol, emitiendo por las piedras llegadas de los meteoritos que arden cuando son acercados a su temperatura, pero algunos entran sólidos en ese Sol que nos ilumina, y es cuando nos damos cuenta de que se puede llegar al centro del ese astro desde la mínima expresión y dar esa chispa a la vida en el amor de la realidad. Es cuando vemos que ese corazón que guarda envidias, recelos, maldades y se indisciplina con el alcohol y el éter, es cuando el espíritu, el consciente y la certeza de saber que en esas sombras quienes dicen de inconciencias o quienes dicen de intimidar, quienes creen entender que son hacedores de incongruentes razonamientos, nos dieran e increparan en la sutileza alguna armonía fuera de lugar donde el espíritu santo nos diera, en las almas puras de esa alegría innatas, que en concordancia con las notas celestes, nos acentuaran en el éxtasis puro de la magia de la luz honesta, del grato corazón que manifiesta esa paz en la seguridad de poner en ese transito del sueño, un rem en el que esos arquetipos, hechos realidades para interdisciplinar las realidades del amor que nos dan, pues en los gloriosos y merecedores hechos que nos llevan a interactuar con los seres, hasta encontrar entre los que estamos alrededor de un tótem y realizamos lo propio de los condicionamientos que nos dan el resultado de una vida plena en todos los problemas resueltos al abrazarlos pues después abrazas la solución y más tarde nos vemos hacedores de vida en una humanidad fuera de lo común, donde las normas que se establecieron se quitaron y pusieron las que mejor convenían, en un albedrío consecuente de vibraciones que en esa dimensión provocan el mejor de los instantes reales que te puedas imaginar y nos dan el resultado de un espacio infinito dentro de los límites de nuestro universo y nos lleva a interpretar los sueño de tal manera que nos identificamos con el mejor de los valores que no es otro que el de ser persona, en donde nos hacemos valedores de esa integridad que nos da fuerza para hacernos valedores de la disciplina, que nos lleva a entramar la solución a ese conflicto del silencio con el ruido, donde esa dualidad tan aparente en estos días, cuando el ruido es provocado, la contaminación se ha de medir con el apoyo de los civiles que llevamos más de cuatro décadas haciendo lo posible por enmendar soluciones a esos abrazos al camino en donde la concordancia con la armonía se hace aparente, y a los hacedores de ese ruido que no queremos oír, del esos treinta o veinte y un segundo que damos de tiempo con el nuestro parecer y darnos cuenta de que es posible de hacernos valedores de la idealización de la especie donde se hacen luz y misterio, vida y más allá.

viernes, 27 de diciembre de 2019

OCHO HORAS.


OCHO HORAS

            Paseábamos por las calles de la ciudad. Éramos un grupo de siete muchachos que discurríamos cada uno con su esencia. Mientras caminábamos permanecíamos en silencio hasta que brotara algún recuerdo y lo hacíamos consciente, para hacer que el grupo sea más grupo y así, compartir nuestras experiencias.
El planeta llevaba subsistiendo del hidrógeno durante muchos siglos y ahora no hay agua, pues propulsan cohetes hacia Marte, Júpiter u otra galaxia y el combustible es el hidrógeno. Descomponían el agua en oxígeno e hidrógeno y utilizábamos el gas en las cocinas, estufas y generadores de corriente eléctrica. Estábamos repletos de oxígeno y a pesar de eso, las plantas producían mucho más oxígeno del que pudiéramos respirar, así que los comprimían en envases para los viajes interestelares. Solo creían árboles cerca de los embalses y la lluvia era artificial. Hace mucho que no llueve.
Las naves vuelan rápido, con una propulsión producida por el hidrógeno. En su trayectoria hacen cálculos y ahorran combustible, pues encienden los motores varias veces para corregir la velocidad y ser impulsados. En los planetas de destino repostan, para volver después de estar dos o tres meses en algún rincón de la galaxia. Gastan mucho combustible para salir de los planetas, pero una vez en el espacio exterior, la ausencia de gravedad hace que con unas propulsiones de vez en cuando, impulsen la nave hasta su destino, y al alcanzar una velocidad apropiada entraban en una de las puertas estelares. Hay varias en nuestro Sistema Solar, con destinos lejanos, en otras galaxias o universos.
A veces se ven funcionar los trayectores de agua de Júpiter, unas placas que se encendían y teletransportaban agua desde el planeta. Así llevaban décadas y ya quedaba poca agua en nuestro Sistema Solar. Grandes empresas se lanzaron al universo en la aventura de conocer, y con el hidrógeno como combustible lograban llegar a sus destinos. Hay muchos que están a larga distancia en otros universos. Al no llover y quedar un pequeño mar a dispensas de ser descompuesto en oxígeno e hidrógeno teníamos mucha tierra por la que caminar, llena de sal en algunas zonas, donde crecían unas plantas que habían creado un ecosistema con unos pájaros que se alimentaban de sus constantes semillas.
            La ciudad es de unos treinta mil habitantes. Era la más grande de la región. Otros pueblos contaban con seiscientos u ochocientos habitantes. Cuando uno enfermaba lo mandaban a pasear por los pasillos de gozo durante unas horas y allí rejuvenecían. En los trayectos de pueblo a pueblo, al ser un ambiente tan árido y seco, al respirar, entraba en nuestro torrente sanguíneo algunas incómodas bacterias, que una vez hemos pasado por los pasillos se disuelven y desaparecen.
Los jóvenes estudiábamos en grupos de siete y experimentábamos cada uno un rol distinto. En nuestro grupo uno tenía el rol de la sabiduría, que recibía los consejos del que hacía de maestro que a su vez era medido por el que hacía de alegría en las expresiones. Los otros tres se repartían la diplomacia en las consultas, la conexión con lo sagrado y otro era la seguridad de ser valiente. Yo tengo el rol de perdonar mis actos y los actos de los demás. Esos roles los determinábamos para hacernos con el conocimiento universal y conectar con seres de otros planetas. Estos seres eran estudiados por todo el grupo, pues en el instituto conectamos con el momento preciso del aquí y ahora en las civilizaciones que andan por el universo, captando a personas que puedan cambiar su mundo. Con la tecnología que tenemos y el uso de los monitores era más fácil. Funcionaban con el pensamiento y te ponía la imagen del personaje que hemos de salvar, con la energía y el conocimiento preciso, y a la vez que proyectábamos la luz azul aparecía la solución a un problema determinante en la historia de esa civilización.
Los pasillos de gozo de la ciudadela eran unos conductos semicirculares de unos cuatro metros de alto por doce de ancho, con cristaleras, que rodeaban la ciudad en un círculo y con puertas repartidas coincidiendo con las calles de la ciudadela. Por la parte exterior daban a jardines llenos de plantas exóticas comestibles, arbustos frutales y unos pocos de bebederos de los animales que rondan por el pequeño ecosistema alrededor de los pasillos. En la parte interior estaba la ciudad en la que vivíamos. Con un riachuelo circular que abarcaba todo el perímetro del pasillo. Los pasillos tienen unos puentes en los que dejaba ver el fondo del canal. En los pasillos había plantas por todos lados, unas plantas que se podían comer.
Mientras paseábamos nos paramos a mirar en el puente, con su pequeño ecosistema de cría natural de peces, que abastecía a los que habitábamos en la ciudad. Observamos su fondo transparente y notamos la tranquilidad del ambiente, recargándonos de energía positiva y dándonos sensaciones de gozo, dicha, existencia y paz.
Este conducto era mágico pues poseía un don que fue concedido por unas investigaciones científicas. Ese estudio de la ionización de las partículas que entran en contacto con la piel dio mucho que pensar. Dando en el clavo, las investigaciones de ionización para crear la que rejuvenece por completo, era ahora la eternidad de cada uno de los que habitábamos en el planeta. Cuando paseas por uno de los pasillos de gozo, el aire climatizado energizante, absorbía las partículas negativas de los que pasaban por el pasillo, para enarbolar la aventura de la existencia, acompañada de la liberación de energías pesadas y cargando de positividad los cuerpos que respiraban ese aire. Las energías creadas de algunos intranquilos o preocupados por alguna imagen en las horas de trabajo, era desvanecida cuando paseaban por los pasillos de gozo y aunque quieran volver a ver esa acción la olvidan y ven la dicha de saber que son capaces de ayudar. Todos estaban muy tranquilos y se ponían muy de acuerdo para que se liberen los miedos, quiten culpas y cargas emocionales, para dejar atrás el pasado y para teleaportar la esencia de ese aire que pasaba por máquinas acondicionadoras, climatizando el ambiente a la temperatura perfecta y haciendo que los cuerpos flotaran de esa energía ionizada, revitalizaba los cuerpos, la mente y el espíritu.
            Cuando estábamos dentro de los pasillos conectábamos con esa esencia que nos particularizaba de los roles que adoptábamos, haciéndonos únicos con la esencia de esos aparatos aerotérmicos. Conectados con todos los pasillos de gozo y con todo el edificio central, mantenía a una temperatura constante y a una adecuación de oxígeno. Un oxígeno producido por las plantas que con menos agua y menos luz transformaban mayor cantidad de oxígeno en su fotosíntesis. En la gran esfera central estaba la climatizadora de energía, que nos transformaba en más sanos, cargándonos de dicha energía ionizada. Era la más potente y habían plantas que necesitaban más calor en esa esfera central, por eso la temperatura constante era de veinticuatro grados. En los pasillos se respiraba a veintidós grados y se notaba el cambio de temperatura cuando pasábamos una de las puertas.
Todos por igual en ese grupo, nos mentalizábamos en la transformación sanadora de ese aire que respirábamos. En el transcurso del paseo nos mirábamos cómplices.
            - Un paseo acogedor. – Dijo uno de nosotros. - Otro meteorito va a ser absorbido por el Sol provocando un salto de fuego en él.
            - Sí. Estaremos dos horas con el escudo. – Contestó otro de los compañeros. - Tendremos que venir a pasera  por los pasillos esta tarde. A mí esa piedra no me va mucho. Su disolución va a ser lenta y dejará mucho residuo en nuestra estrella.
            - Pero si es la mejor. ¡Nada de remilgos! Recuerda que esa roca nos aportará otra calidad de luz durante unos días. – Mientras decía estas palabras otro de los compañeros se activó el escudo de protección de los rayos del Sol.
            - Dicen que evocará una ola de luz azul. – Comentó otro compañero. - Centrada en el horizonte y desde el amanecer nos dará nuevas sensaciones. Ahora que está el escudo disfrutaremos de la penumbra. Veremos como está el Sol cuando se cierre.
            - Estará estupendo. Nos cargará de energía positiva y nos dará fuerzas durante varios días. – Hablé mientras señalaba a la puerta.
            - Tendremos que usar gafas, como de costumbre. – Dijo uno de ellos mientras nos quedábamos sin argumentos. - ¿Entramos ya al instituto?
            Allí pasábamos nuestro tiempo, nuestra aventura del día a día conectados a esos cascos interdimensionales, que con una percepción astral nos teletransportaba a otros planetas. Nuestras reacciones en grupo creaban conciencias, intercediendo por los demás, por el bien de una ciencia cierta en un razonamiento coherente, para darnos pie a dar oportunidades a esos grupos conscientes civilizados en la dicha de ese gozo común que envolvía a las ciudades. Ese era nuestro juego, interceder en los planetas menos favorecidos y ayudarles en esa creatividad artística, en la satisfacción personal, en la seguridad propia, en la honestidad y humildad, en la alegría y espontaneidad y en la diplomacia propia del colectivo. Para eso estudiamos sociología muchos años y aprendimos a comprender los núcleos sociales de otros planetas, con la antropología propia del universo.
En los pasillos crecían plantas preparadas para desarrollarse rápido, con poca agua y dando mucho oxígeno, que eran bastante sabrosas. Eran una mezcla de lechuga gigante, con tallos como los de la acelga muy dulces y agradables al paladar. Eran la más las productivas. Los arbustos que estaban pegados a los ríos daban frutos, unas variedades de manzana muy tiernas, o una variedad de mangos muy dulces o unas vainas parecidas a los plátanos que contenían unos frutos verdes, llenos de vitaminas. Frutas que maduraban muy pronto y que recolectaban para poner en el almacén de la ciudad. Las plantas consumían agua del rio o canal que rodeaba la ciudad. El agua de los ríos, mezclada con el sinfín de peces, con algas azules y violetas y un fondo transparente, nos alimentaba con todos los recursos que nos dispensaba. Hacíamos ensaladas de algas y el agua era dulce pues fue filtrada de sal hace mucho por unas turbinas preparadas a ese fin. Estuvieron funcionando dos años y mientras construyeron otras mayores que filtraron durante seis más. Ahora tenemos un filtro continuo, como en algunas peceras de las casas y establecimientos. Peces de colores y aletas y colas enormes nadando por el agua era una atracción muy divertida de ver. El pez más grande pesaría unos cuatro kilos y habían siete especies distintas. No había depredadores pues todos comían una planta que se reproducía lo suficiente para dar alimento. Tampoco había depredadores en los montes, donde algunos gamos corretean y comen de esos arbustos que podaban mientras se alimentan, y cada dos o tres días volvían y los arbustos estaban casi igual pues no dejaban de crecer. Bebían de unos manantiales que todavía discurrían por el subsuelo, pero pronto se secarán, es inevitable.
            Una vez en el instituto íbamos al aula a estudiar a esas personas que pueden cambiar el mundo en el que habitan. Ahora que contemplamos el planeta Treskor, con tantos idiomas iguales a los nuestros, con algunas guerras, algunos desenlaces misteriosos entre países, con aventuras entre personas con final feliz, estábamos haciendo lo posible por esa paz que necesitaba su colectivo global. Nos veíamos ocupados en dejarlo mejor de lo que está. En el sentido propio de una civilización treskorniana podíamos decir que son muy fuertes y grandes y tienen formas de nuestra civilización como las pirámides. No sé cómo lo hemos conseguido ahora que hemos estudiado su existencia, pues hemos logrado que cambie su futuro y en vez de gastar combustibles fósiles, han descubierto el hidrógeno como principal gas para su utilización.
En ese planeta poblarán entre los más justos y aprovecharán los recursos, serán conscientes de los límites que tiene el respeto y la tolerancia y lanzarán su vida hacia una plenitud gratificante. Rectificarán y se lanzarán a sentirse como hermanos, a crear espacios agradables y sostenibles. Viajarán a otros sitios o a otras galaxias a pesar de que llevan poco tiempo en la vida universal. Tendrán suerte pues entre ellos se quieren, van por la entrega y el favor incondicional, van a prestar y ceder, y esa vez que se pelearon por primera vez en una gran guerra, rompió el carisma de la supervivencia y se quedó en mil pedazos por todos y cada uno de los rincones del planeta, haciendo que los conflictos se tornaran en soluciones más apacibles, tal y como nos propusimos esas veces que intercedimos por ellos. Nosotros tenemos la suerte de ser dotados de la luz azul y de haber pasado el tiempo de otra manera. Ahora les toca encontrar el camino hacia una vertiente más próxima a la tranquilidad de saber que tienen recursos energéticos más sostenibles y que serán más aprovechados.
Después del aula en el instituto y de unas horas en la biblioteca teníamos unas horas de ocio y nos íbamos a dar una vuelta por los pasillos o íbamos a la tasca a tomar una especie de refresco de hiervas que sabía a menta y hierba buena, dando una combinación completa de minerales y refrescando el paladar. También teníamos un licor de un fruto parecido a la grosella, dando un aguardiente suave y con muchos matices.
            Ocho horas tardará en llegar una nave y estábamos deseosos de que llegase. Tuvo un percance en la trayectoria por un asteroide y tardará un poco más en llegar, aunque ahora ya solo le faltan ocho horas. Vimos el letrero luminoso justo enfrente, al entrar en la sala de pasajeros. Vendrá un grupo de siete chicas y compartiremos más momentos apacibles. Dos grupos de distintos sexos para formar uno solo, preparados para abordar temas interesantísimos. Ellas tomaban el rol de: una la inocencia, otra la creatividad propia de lo esencial, otra la satisfacción, otra el amor hacia los demás, otra la dulzura, otra el discernimiento en la sabiduría y otra la conexión con lo divino. Ellas tomaban ese papel y nos hacían sentir puros y honestos, con la propia condición humana que vemos ahora, pues podemos liberar a otros de su esclavitud y de la tiranía gracias a nuestros conocimientos. Ahora solo quedaba, en las clases y ensayos, reprogramar a esas civilizaciones y hacerlos cómplices de la buenaventura que participa en colectivo, haciendo todo por todos, con menos castas y más igualdad.
            Ya llevábamos tres sesiones con esos auriculares en el aula. Estábamos los catorce y vimos que varios personajes importantes e influyentes en civilizaciones lejanas, le dieron sentido a la unión y el respeto entre semejantes, sin distinción de sexo, raza o edad. Esas nuevas generaciones que estaban a nuestro cuidado, de todos y cada uno de los bastos universos, serán prueba de una conducta mucho más sensata para los intereses comunes de crecimiento emocional, que al fin y al cabo es lo que interesa.
La antena en el planeta Tierra, situada por los montes más altos, conectada a unos satélites y con las vibraciones propias de la expansión del universo, va llegando mucho más lejos de lo que pudiéramos imaginar.
            Cada vez que conectábamos los catorce, transmitiendo a esos individuos que debían de cambiar el mundo, el amor, el gozo, la dicha, la existencia y la paz necesaria, la luz azul del Sol resplandecía con mucho énfasis y en esos amaneceres especiales todos estábamos más conectados con la esencia que creó toda la vida en el universo.
            Luego paseábamos por los pasillos, disfrutando de la esencia de ese aire y entrábamos en los jardines, nos quitábamos los zapatos y caminábamos por la hierba o por los senderos con césped, nos destendíamos dispersos en pareja y al hablar se notaba la transparencia con la que el placer inundaba nuestro estómago y luego, después de encontrar alguna fruta de entre los árboles, nos saciábamos para llegar hasta la otra abertura del jardín donde volvíamos a calzarnos y caminábamos por los pasillos llenos de vida.
            Nos reunimos para despedirnos y estábamos muy contentos. Ellas partirán otra vez para Marte y luego irán hacia un satélite de Saturno para volver a la Tierra. Pero para que vuelvan tendrá que pasar dos años pues en Titán pasarán la mayor parte del tiempo en unas investigaciones que estudian la maldad de las personas en un mundo de supervivencia, donde quieren hacer que el fuerte sirva al débil sin necesidad de pedir nada a cambio, pues esas primeras civilizaciones que emergen han de ser colectivas con una esencia menos salvaje. Hablamos de humanos en otros planetas, de los bastos universos que empiezan a vivir como nosotros hemos vivido, pero con otra idea de supervivencia, pues el instinto desarrollado con la esencia de las buenas vibraciones les hace ser más comunicativos, ya que la supervivencia depende del grupo mientras van creciendo en sus planetas. Los elegidos están dispuestos a enseñar la tolerancia y el respeto a los semejantes haciendo que la educación sea el punto de partida, educando sin violencia y con sabiduría, para que la satisfacción de ver que son capaces de ser espontáneos con la humildad de sus corazones les haga fuerte en esa seguridad en sí mismos hacia el amor al prójimo.
            Ellas partirán por la mañana y disfrutarán del recuerdo de nosotros en el viaje hacia Marte, por eso queríamos que mantuvieran esa sensación de paz que nos evocan los pasillos y decidimos levantarnos de la mesa en la que cenamos y dar una vuelta por ellos.
            Entramos por el pasillo principal y dimos unas vueltas en silencio. Cuando estábamos de regreso una de ellas comentó:
            - ¿Qué os parece si vamos al aula y arreglamos un poco más algún planeta?
            - Yo me quedé con las ganas de enviar un mesías a uno de ellos. – Dijo el maestro de nuestro grupo.
            - No sería mala idea. – Comentó la chica que tenía el rol de la inocencia.
            - Para eso tendremos que buscarlo bien. No puede ser cualquiera. – Dijo el que tenía el rol de la diplomacia en las consultas.
            - ¡Será interesante! - Contesté mientras tomábamos rumbo al aula. – Ese planeta tendrá el perdón de sus propias nociones, donde encarnará la creatividad colectiva con la honestidad propia de los humildes de corazón.
            Una vez en el aula nos conectamos los cascos y miramos la pantalla. Apareció un montón de imágenes hasta que nos concentramos y conectamos con la esencia de un planeta en la que había mucho caos. Entonces cada uno cogió un personaje que estaba durmiendo y los condicionamos con ese poder de perdón, con esa capacidad de perdonar a sí mismos  y a los demás y se transfirió a todo el colectivo, a toda la esencia que había en el planeta. Proyectamos un poco en el futuro de esos seres y vimos que serán capaces de no pelearse y el chico y la chica del grupo que tenían el rol de conectar con lo divino, los que conectaban con la esencia del deseo de evolución, dejaron la semilla de las buenas vibraciones en los corazones, en la mente y en el espíritu de esas almas que significarán mucho para esa civilización, pues tomarán el papel de reyes en sus tierras con el poder de la misericordia y la compasión hacia esos humanos que viven para gozar y dar por sentado que la plenitud será de ellos en la forma más divina que pudieran hacer, gracias al esfuerzo de nosotros, iluminando a esos seres a un plano superior.
            Ya era tarde. Quedaban ocho horas para que despegase su vuelo según el letrero que estaba enfrente de nosotros. No nos fuimos a dormir y paseamos por todos los pasillos una vez más. Queríamos dejar la mejor noción en todo el grupo y nos quedamos en silencio mientras paseábamos con esa sensación de haber nacido de nuevo, con todo nuestro cuerpo en un estado de pureza y calma. Después de unas horas y de llegar a la habitación de las comunicaciones, nos pusimos los cascos y trazamos unas rutas para posibles conexiones en un futuro, estado ellas en Titán y nosotros en el planeta Tierra.


domingo, 17 de noviembre de 2019

SIN PRISA PERO SIN PAUSA

La mañana presentaba lluviosa y hacia que los pájaros cantaran, como los mirlos y el ruiseñor además del canario y el gorrión juguetón. La ventana abierta, dejaba entrar el fresco aroma a acacias, que con los rayos de sol y ese tímida agua cayendo, los dejaba voluptuosos en sus tallos, con los primeros brotes que acontecían. Miré por la ventana. Enfrente, en el barranco jugaban los cachorros de alguna gata. La que se dejaba ver por aquí era gris, con el pelo un poco largo y la cola poblada. Estos tres cachorros estaban medio secos debajo de una parra. Las veces que contaba con estos regalos de la tierna naturaleza me hace pensar en los tres instintos: el instinto de supervivencia, el instinto de procreación y el instinto de lo religioso.
Los gatos tendrán que aprender a sobrevivir muy pronto, a buscar su terreno e independizarse. Luego procrearan y buscaran qué hacer con los cachorros dependiendo del sexo y de la afinidad monoparental, pues aunque no parezca, si crías unos cachorros de distinto sexo cuando alcanzan su madurez sexual se hacen propios y los padres toman papeles de instinto religioso con los propios descendientes. Los gatos tienen un don de ver esas auras y de estar reflejado en la superstición, acompañando a santos y brujas y a los guerreros de rasgos felinos. Son majestuosos y astutos, pelean por lo suyo buscando un poco de ti y se hacen con la mirada como pequeños seres de otro planeta. Si somos capaces de mirar como los gatos en la obscuridad nos sentiremos evocados a ese alma viajera y espíritu libre.
Salgo de la ventana y se pone a llover. El Dios de la Lluvia me ha escuchado “Paryanda Devata” y vuelve a caer un poco más fuerte, limpiando la atmósfera y regando los campos, dando de beber a insectos y nutriendo la Tierra.
Me siento en el sillón, estiro los pies y cojo un pequeño poemario de una antología de Rabindranath Tagore y decía: “Ahora, repican las sonoras campanas, y mi barca está cargada de oro. Pero, aunque se callen las campanas y mi barca se quede vacía, yo seguiré navegando y navegando.”
Me encanta esta reflexión del poeta. Seguir luchando sobre la mar, seguir a flote en la marea. Otros sin embargo, viajan con la luz por las estrellas y surcan los universos concentrados en la paz del silencio de Dios, navegando y navegando por esos parajes, volando con las velas del velero en el que los viajeros y buscadores hacen posible llegar lejos y tocar muchos desiertos entre los planetas y entusiasmarnos con océanos de distintas galaxias.
Esta tarde tengo una conferencia. Quieren saber y que explique bien el significado de bidimensoestacional. Estamos aquí, en otro presente, luchando contra las injusticias y sacando de la astucia la dualidad de lo puro y lo impuro y de la vida y la muerte, los dejamos a un lado y tenemos el resultado de un nuevo ser, que hará posible con su luz irradiar en el esplendor de la paz la armonía precisa de los corazones honestos concebidos a un Dharma propio de la evolución humana.
Cuando nos paramos a pensar en lo correcto, en lo capaz de sentirnos satisfechos, en paz, en ser humildes de corazón y dejar fluir con la discriminación y el discernimiento la inocencia del ser, siendo la verdad del espíritu santo, la esencia de todo momento que nos lleve a la honestidad de cada índole para sentirnos dignos y puros, es ver que somos capaces de sentirnos bien.
Esas veces nos revela la constancia de superar el plano material para hacernos en otro lugar, con otra imagen, otro carácter y otra forma de pensar, en el tiempo que encierra el abismo, al ser más grande el Océano de la Ilusión, los planificadores del entuerto con ascuas en las puertas del infierno, dieran merecedores ahogados en sillas que agobian la vida.

jueves, 10 de octubre de 2019

ULBERTO Y SU LIBRO.

Un médico, en pleno siglo doce, cuando aún los cátaros sobrevivían a la esquilme de la etnia cultural de los hombres buenos, había encontrado un libro entre los artículos de una subasta. Era un libro hindú y parecía mágico. Cuando lo abrió no entendía el idioma y lo llevó a un monasterio de Álava después de tres días a caballo. Pasó mucho apuro para llegar de incognito desde Zaragoza y pagó unos regis para cuidar su caballo, tener uno de repuesto y en dos días volver, para ir de regreso a Zaragoza. Cuando entregó el libro pagó por una transcripción fiable un maradeví de oro. A los tres meses pudo mirar y leer todo el libro en la iglesia de la Alameda de Álava. Hablaba de los Vedas y de los Gunas, de dioses, diosas y seres de otros mundos. Se leyó las casi trescientas páginas del libro en dos horas y era un tomo lo suficientemente fornido para llevar de viaje. No tenía dibujos pues no había tiempo para hacerlos pero los del original estaban descritos en una página del manuscrito. Lo que no sabía es que hicieron tres copias más, y con dibujos.
En su pueblo empezó la magia. Empezaron a soñar con muchas cosas y de buen rollo. Se quedaron las culpas fuera, las envidias lejos, los celos desvanecidos, la rabia a un lado y los miedos desaparecieron. Había fraternidad y era un pueblo grande. La Fuente del Ebro tiene buena agua y buenos habitantes. Cerca de Zaragoza era un pueblo de transito y había mucho maleante por aquella época. En mas de una ocasión tubo que atender heridas arma blanca. En aquel siglo se utilizaban todo tipo de espadas y más si viajabas o eras militar. Por esos lares, después de que Ulberto regresara de la universidad de Salamanca, pagada la carrera de medicina para el fin de servir, y prestar apoyo simple y honesto a sus condiscípulos. De regreso a la ciudad de Zaragoza para seguir con sus planes, en el cuarto que tenía escondido en La Fuente del Ebro guardaba el libro y la transcripción.
Estaba en su consulta cuando apareció Juan diciendo que a su mujer se le adelanto el parto. Llevaba embarazada cinco meses y sangraba. Cogió su maletín, el caballo ensillado partió y se personó el médico Ulberto en la casa antes de que llegara el muchacho y recibió a una anciana y a una mujer en el suelo con cojines. Se anticipó y vio que estaba taponado el orificio vaginal. Otra cosa no podía hacer. Después de pedir sal y esparcirla por el vientre, puso las manos e invocó a la virgen divina. Una luz inundó su vientre, haciéndolo una bombilla roja por unos segundos. La señora mayor le preguntó:
- Esta es una manera poco aconsejable de curar. ¿Está seguro de lo que hace?
- Tranquila señora. Si usted me ayuda verá a su nieto. Tráigame agua caliente y paños nuevos. Ahora que ha perdido el conocimiento queda entre los dos. Era una pequeña hemorragia que ya se subsanó. No ha de preocuparse.
Así un montón de casos. Todos en silencio, gracias a la divina virgen madre, poseedora del conocimiento universal, de la paz absoluta, del amor verdadero y de la existencia plena, dando poder del cielo y la Tierra a los seres que hablan en su nombre. Ulberto, gracias al libro misterioso, en cuestión de recitar sus frases y promover sus invocaciones divinas hacia magia y pequeños milagros. Así estuvo unos meses, haciendo de curandero misterioso hasta que se le escapó de las manos.
Las transcripciones de los libros y una copia igual fueron a parar a los fueros del Vaticano donde se estudiaron, y tras recibir buenas noticias del clero de Zaragoza se pone en marcha una captura del señor Ulberto por hereje. Un amigo del monasterio de Álava, un monje que creía en los milagros, le mandó una carta debido a la división de Cardenales por no asistir en el cielo los dones de un santo en nombre de la Divina Madre, y le avisó de reunir todo lo que pueda e irse lejos. Cogió todo lo que tenia y se marchó. Pidió a sus amigos algo y con su caballo pasó por en cuarto en La Fuente del Ebro. Allí lo estaban esperando y no se dio cuenta pero con una palmada todos se quedaron estáticos, unos desmallados. Eran seis y había visto unos caballos sin darle importancia pero su instinto le armó para desvanecer miedos y forjar su seguridad ante cualquier peligro y afrontar la batalla del amor que nos lleva lejos. Cada vez que se iba más lejos el poder crecía, dominaba tormentas, lanzaba agua a lo lejos, movía montañas, y sus fuerzas se vieron culminadas en Ankara donde residió en la casa de otro médico. Vivió muchos años.
Los sabios del Vaticano aprendieron de ello, hicieron posible encaramar el amor de Dios en las alturas sin necesidad de esperar esfuerzo y gozar de la buena ventura de la vida que nos regala un poco más de salud cuando las bendiciones son mil.

sábado, 3 de agosto de 2019

TRANCE EN EL INSTINTO.


TRANCE EN EL INSTINTO.

Quedaba tiempo para ensordecerse con tanto barullo, después de haber pasado por ese plácido parque. La música nos dejaba en esa estática sensación hipnótica que invita a disfrutar de la composición, ya que soñar es escuchar con el alma la música que acontece.
Cada vez que paseaba con Irene, la nostálgica mirada que recordaba, me hacía ver que cuando recordaba su sonrisa me hacía reír. En esos largos paseos daba mucho que imaginar. Paseábamos por el muelle, luego por la plaza de España, subíamos la avenida y bajábamos por la alameda. Esa tarde todo estaba en su sitio hasta que llegó la desolada Rosa. Tenía que hacer lo posible por solucionar su situación transcendental. Ya habíamos salido del bullicio y empezó a contarnos sobre unas reuniones en las que utilizaban los elementos para hacer posible la emancipación del alma. En el último juego de la lluvia de ideas aparecieron unos puntos de vista muy sorprendentes. “Una idea puede ser que utilicemos los símbolos mentales según lo acordado y usemos el poder colectivo para hacer posible que esos símbolos queden patente con su significado.” Eso fue lo peor. Decir que en las reuniones se ponían a arreglar el mundo y hacer personas mejores. Siguió contando y dijo que al principio si hacían personas mejores. Debido  a algunos fracasos por parte de terceros en su vida diaria, llevó a las reuniones ha hacer daño sin querer, pues la ira, la rabia y el odio son despiadados con los sentimientos, y entonces entendí que el instinto de supervivencia me llevaba a actuar rápido en situaciones de estrés y si es promovido por el mal, hace mucho daño. Siguió contando y nos dejó con la boca abierta, eran capaces de ritualizar actos puros y en una justa medida. Cuando se hicieron con los sueños fueron comprados por dos empresarios los cuales mantenían su poder geoestacional con sus acaparadas mañanas repletas de las mejores sensaciones, pues todo lo que hacían era dar paz, hasta que descubrieron crear y destruir energías y posarse en los sueños del tiempo para marcar su ruta. Así consiguieron muchos milagros, con la proyección del símbolo que enmascaraba un mensaje subliminar.
Estábamos perplejos ante semejante conflicto existencial así que nos paramos a pensar los tres en como podíamos solucionar todo este embrollo. Decidimos recurrir a un cura, al Padre  Antonio y este seguro que buscará una explicación.
Fuimos al día siguiente por la mañana a la parroquia de La Luz y allí estaba el padre Antonio. Estaba encendiendo las luces del altar. Estábamos los cuatro, Irene, Rosa, el padre Antonio y yo.
- Padre. ¿Qué se puede hacer con sujetos paranormales? – Dije después de saludarle. – Es que Rosa nos ha contado cosas que mejor pararse a pensar antes de ver que se puede hacer.
- Hijo. El problema es muy delicado.
- Padre, – Dijo Rosa. – la última vez estaban ensuciando la mente de unos muchachos en vez de darles silencio.
- ¿Cuántos dices que son? – Preguntó el padre Antonio.
- Éramos trece. Ahora solo quedan siete. Están reclutando más adeptos.
- Vamos. Hoy no hay misa. Vamos al monasterio.
Nos dirigimos los cuatro hacia el monasterio de la Misericordia, en donde habían monjes que trabajaban la tierra, cuidaban el ganado, elaboraban artesanía y quesos, cuidados por unas monjas que hacían de enfermeras, administradoras, cocineras y vendedoras. Cuando entramos por la puerta todo se puso con una sensación fresca, envuelta en el misterio de los santos. Llegamos a una celda, el padre Antonio toco y con las mismas entramos, y allí estaba el hermano Andrés, con sus hábitos arremangados y su cara redonda, con una barba muy grande y cuidada, con unos ojos grandes castaños y unos cachetes sonrojados. Estaba, debido al calor, con las mangas muy arriba y los hábitos por encima de la rodilla rodeado de libros.
- ¿Y esta agradable visita? – Dijo mientras se bajaba el vuelto de las mangas.
El primero en hablar fue el padre Antonio. Después de ponerle al corriente de todo lo que había comentado Rosa por el camino, se apresuró a pedirle a Rosa a que llamara a esos amigos que ya no deseaban participar en las reuniones de los demonios de la Nueva Era. En una hora todos estarían allí. Mientras esperábamos hicimos una especia de mentalización dirigida por el hermano Andrés en el que todos con las manos unidas pediríamos desde los más profundo, que se manifieste el amor divino del poder de Cristo Jesús. Luego nos mantuvimos en silencio hasta que empezaron a aparecer. Estábamos en un claustro y cabrían como unas ciento cincuenta personas y el hermano Andrés, después de hablar con dos monjes nos fue sentando en unas sillas pegadas a la pared. Ya habían llegado cuatro de los muchachos, y estaban viniendo monjes, habrían como unos treinta.
Al cabo de un rato ya estábamos todos. En el centro de la sala estábamos el padre Antonio, el hermano Andrés, Rosa y yo. Todos los demás habían cogido las sillas colocándolas en un coro. Algunos estaba de pie.
- Tenemos que eliminar unos demonios. Invaden los sueños de mente de los débiles y los impregnan con un símbolo muy obscuro. – Dijo el hermanop Andrés
- Si arden en el infierno estaremos libres. – Habló uno de los monjes.
- Si. Lo único es que es metafórico. No podemos hacerlos arder. -Se entusiasmo el padre Antonio.
- O quizás si. – Y dando un respingo poniéndose en pie habló. – Me llamo Yohana y debido a mi alineación constelar en la fecha de mi nacimiento, tengo el poder del fuego con ascendente fuego. He encendido velas concentrándome. – En una de las mesas había un candelabro con velas apagadas. Las miró y una a una fueron encendidas las cinco que portaban. Tras el asombro todos se quedaron perplejos con algún gesto de sorpresa. – Puedo quemar el exceso de éter y manipular los vacíos del océano de la ilusión.
- Bueno. ¿Alguien sabe hacer algo más aparte de Yohana? – Dijo el padre Antonio.
- Yo puedo quitar los recuerdos negativos, dando paz en la existencia de la dicha de ese gozo que es el amor. – Este era Braulio. Nunca se había visto corazón tan grande.
- Si muchacho. Nosotros lo hacemos todos los días. – Este monje tenía una postura en la silla un poco peculiar, pues tenia puestas las manos en las rodillas con los codos flexionados y el cuerpo un poco para adelante. – Además, pedimos a los santos que así sea.
- Solo el amor y el poder de Cristo…
- Se olvida que está Budha, Mahavira, conjunto con Jesús hacen el tapa de la realización Si tu deseo pasa a través de los tres filtros, será bien venido. Los tres hacen el don del tiempo. Nos llevan por lugares, conocer a Krisna, a Shiva, a Visnū, a enredarnos en la compasión, en la paciencia, en el amor divino y en la consciencia universal que lo mueve todo. Pero luego queda la maestría que cada uno crea y aprende y según  esté iluminado, llevará la luz hasta los confines del universo con el significado propio que necesite de una razón para ser justa. – Este comentario les puso los pelos de punta a más de uno y encrespó la consciencia de los que estaban preparados para la gran batalla final. Fue hecho por otro de los muchachos, Tomás.
- Yo puedo hacer que entremos en un trance para conectar, poseer y neutralizar a esos diez energúmenos. Tengo una planta traída del Amazonas que nos hará tener una consciencia colectiva a la vez que es reforzada por el éter universal nos elevará hasta el poder supremo. – Este comentario levantó cuchicheos. Ninguno se levantó. Erika prosiguió. – Traedme un kilo de harina de maíz, medio litro de leche fresca y algún fruto deshidratado, ciruelas o uvas.
Dos monjes se levantaron y mientras decían “A la cocina” esperaron porque recibieron instrucciones de triturar los frutos deshidratados en un almirez con esta planta. Calentar el medio litro de leche y dejar hervir hasta que se reduzca a la mitad de leche, luego mezclar con la harina de maíz hasta hacer una masa, que se dejará reposar durante una hora. Luego se hará una torta grande y se calentará en una plancha hasta que esté un poco tostado.
Nos quedamos esperando y por lo menos tardarán dos horas. Se me ocurrió de plantear el debate sobre el bien y el mal y sobre por qué debíamos de actuar en situaciones así. El saber que íbamos a entrar en un trance en un viaje guiado hacia algún lugar inexplorado para algunos y una batalla hasta el final para otros.
La acalorada conversación acabó con un portazo y la torta de maíz sobre la mesa. Las velas aun seguían encendidas. Todos nos miramos cómplices y seguimos las instrucciones. Habían mandado a traer cojines y mantas, uno para cada uno, nos sentaríamos en el suelo, en un gran circulo y únicamente el mentor en el centro. Fuimos cogiendo un tozo de torta y yéndonos a nuestro sitio después de pasar y recoger un poco de agua. Dicen que la habían vibrado. Para mi que le habían echado algo.
Una vez todos situados alrededor de Yohana, con un pequeño vaso en una mano y un trozo de masa asada en la otra nos pusimos alerta y dimos con la esencia de la vida.
- Ahora chicos, tomad a la de tres el trozo de torta y luego el agua. Luego quitaos los zapatos y siéntense con la espalda erguida y las palmas hacia arriba.
Contó hasta tres y hicimos caso. Cuarenta y tres personas tomando el mismo soma que nos proporcionará el éxtasis sagrado. Al rato se oyó pedir silencio. Que pusieran la atención en la manos y en lo alto de las cabezas. Luego dijo “ Ohm”, muy largo y vibrante. Luego pidió que lo repitiéramos.
- Seguid con la atención puesta en lo alto de la cabeza, tenéis las manos conectadas a todo el espacio tiempo del universo en toda su expansión. Ahora formáis un triangulo y miráis a la atención. – El cuerpo empezó a darme pequeños impulsos en todo el sistema nervioso pero el corazón se expandía abriendo la oración como medio. Primero lo sentí latir suave, ligero y poderoso en todo el claustro, luego en todo el templo, luego en toda la ciudad, región, país, continente, continentes, luego en todo el planeta y después todo el sistema solar. En ese estado me quedé, contemplándolo todo y observando la inercia de la vida. – Ahora Madre Tierra dinos por donde ir y por donde actuar para que nuestro sentido disciplinado ponga orden en donde queremos.
Todos nos pusimos la mano derecha en el corazón como pidió la muchacha del centro y visualizamos con vigor a los casualmente reunidos en un barrio no muy lejano. Eran nueve y enseguida empezaron a poseer sus pensamientos mientras eran juzgados por descargas eléctricas según la maldad y el daño en la conciencia. Esas descargas fueron seguidas y repercutían en piedras de carbono que eclosionaban haciendo un daño físico. Los monjes aprendieron a ver la simplicidad de los movimientos pero sabían que sin la droga es posible que sea menos efectivo.
Se oyó una voz dentro del centro en donde estaban los malos: “Sean sentenciados”. Los dos nuevos se levantaron y huyeron mientras los otros eran cosidos a descargas. Los siete acabaron mal. Dolores por todo el cuerpo, malestar, taquicardias, punzadas en el cerebro mientras se retorcían en el suelo. Fueron sentenciados a arder en infierno. Después de eso solo se encontró cenizas en el lugar de esos siete.
Al terminar es viaje en el que regresábamos poco a poco, con la mano en el corazón y sintiendo el poder de la reunión vimos que todo había cambiado. Sentía oír a unos niños llorando pero una madre les consolaba y los hacia callar. Luego se oían risas tímidas y al fin silencio. Un silencio acogedor que me hizo comprender el instinto de la reproducción.

lunes, 27 de mayo de 2019

LA HIPNOSIS.


          Había una vez un muchacho listo, inteligente, sabio, inocente y sensible, que tenía dos hermanos menores, que uno era grosero, burdo, agresivo y déspota mientras que otro era manipulador, insensible, deshonesto y muy viciosos. Esto era en la adolescencia, cuando descubrieron el mundo de las drogas los dos menores, mientras que el mayor estudiaba y procuraba cuidar a su novia.
            Por las noches, mientras dormían los tres en una habitación, uno de ellos, el manipulador, se metía en su mente y manipulaba su memoria, haciendo que por las noches no soñara con los estudios sino con la perrita que tenían, pues le dejaba el sesgo de imaginar que estaba bañándola o algún otro recuerdo que le hacía memoria, desconectandolo de su mundo real y haciendo que imagine cosas que no quería. El grosero se masturbaba pensando en su novia amenazando con hacer algún daño colateral si no le dejaba, pues sus amigos también están interesados en ella y él no querrá que todos se pongan a molestarla.
            Bajo las notas de clase, la novia lo dejó y ellos se reían de él mientras fumaban hachís, y todo porque su padre neurótico decía que él muchacho sensible no era hijo de él porque era rubio. Su abuela era castaña, la madre también y él nació con un tono un poco más rubio, pero con las mismas facciones del padre. El padre lo permitía y desde siempre le había hecho la puñeta pero ahora que fumaban hachís y conocían lo poderes de las alucinadas, compendiaban muy mal su día a día, haciendo que incluso llegase a pensar en el suicidio.
            Una tarde paseaba para desahogarse, ya que él no fumaba y prefería salir de la casa. Al llegar a un parque encontró a una gente meditando en el césped. Se quedó mirándolos y cuando empezaron a levantarse lo observaron. Una mujer del grupo se le acercó y le preguntó por qué estaba tan preocupado y angustiado. Le contó lo que le ocurría y ella se compadeció de él. Le sugirió que fuese a las clases de yoga y aprendiera a realizar su ser. Cuando decidió ir a la reunión de la tarde del día siguiente, esperó a que fuese la hora, se dirigió al local y entró. Descubrió que allí solo se meditaba en la introspección de la realización del espíritu.
            Al cabo de varias semanas trabajando en las meditaciones, los hermanos empezaron a indagar. El ya controlaba sus sueños en pocas semanas de practica y no tenía miedo a las amenazas de los dos hermanos.
            El siguiente paso lo dio una de las señoras del grupo de meditación, haciendo que el padre y el hijo se sometieran a una prueba de ADN que pagó ella. El padre acepto ya que su hijo insistió un montón. La hicieron y dio positivo. El siguiente paso lo dio el padre pidiéndole disculpas y haciendo que su hijo durmiera en la habitación de los juguetes, habilitada solo para él ya que quería estudiar y no fumaba. Los hermanos no sabían que hacer y siguieron haciéndole daño a pesar de las explicaciones del padre, e intentaron intimidarle una vez los dos dentro de la nueva habitación, pero el con su poder espiritual los amedrentó, vibrando de positividad y diciendo a los dos que mejor hacer las cosas por las buenas. No le hicieron caso y empezaron los psiquismos.
            Ellos eran dos, pero ahora tenía de aliado al padre, ya que la madre no decía nada, pues era tan sumisa que miraba por todos por igual. El padre pasaba la mayor parte del tiempo fuera, pero le brindaba apoyo cada vez que llegaba preguntando y viendo como iba la cosa. Un día le contó que los hermanos le habían drogado, le habían puesto LSD en un café, y lo sabía porque se preguntó que había ocurrido y ellos mismos contestaron mentalmente, como si sus ideas fueran oídas por terceros. Además, el empezó a alucinar y a ver doble. Ellos le habían puesto esa droga para manipularlo mucho más y así fue, pues le programaron un montón de cosas mientras intentaba meditar, cambiándole la forma, buscando la distorsión y diciendo mentiras y patrañas a cada pensamiento que intentaba pasar por su cabeza alucinada. Se lo contó a una de sus amigas antes de la reunión y le dijeron que no pasaba nada. Se sentaron alrededor de el y cantaron mantras. Todo el tiempo lo pasaron reeducando su conciencia. Ese poder de oír los pensamientos no era normal, pero esa educación espiritual, al compartir los mismos sueños, hace que la mente se acostumbre a observar con el espíritu, con el corazón y no con la mente.
            Los hermanos fueron un paso más adelante. Le inyectaron heroína en la vena mientras dormía y eso sentó muy mal al muchacho pues esta vez los hermanos le enfocaron a la memoria, y se buscaron la manera de interceder, abrumando y machacando su consciencia. Le habían dicho que no hiciese caso de lo que decían, de lo que hacían en contra de él, pero se habían acostumbrado a maltratarlo y ahora no iban a parar. Lo destrozaron mentalmente, casi con sobredosis y un montón de negatividades. Ese día no se levantó, le dolía un montón la cabeza por los traumas de erecciones mientras de masturbaban de la proyección de esos falos en su cerebro.
            Al cabo de unos días le dolía un montón la cabeza y no sabia bien que había ocurrido el día anterior. Bajo el rendimiento en los estudios y dejó de ir a meditar porque ya no le apetecía. Le habían quitado las ganas de todo.
            Los amigos de yoga fueron a la casa y nada más entrar los dos hermanos les insultaron, le gritaron que qué hacían visitando a ese energúmeno, empezaron a marearse y se cayeron al suelo redondos. El hermano mayor se quedó sorprendido. La madre grito y ellos le dijeron que no se asustase. Eran tres, dos hombres y una mujer. La mujer era la amiga que se compadeció de él el primer día que se vieron. Los llevaron a la cama y los tumbaron y ellos, a través del amor, del gozo, de la dicha, de la existencia y la paz, los manipularon para bien, tanto bien que estuvieron durmiendo dos días. Al tercero por la mañana despertaron y vieron que habían cambiado, ahora los dos eran más tranquilos, humildes, amables y sensatos. La madre no se lo creía y el hermano estaba contento. Ellos preguntaron que había pasado y les dijeron que se habían venido fumados y bebidos la noche anterior y se habían puesto a dormir.
            Pasaron los días y se notaba el cambio, pero los hermanos se encontraban raros, no sabían bien por qué pero lo notaban y fueron a un curandero. El curandero les dijo que les habían hipnotizados, se notaba una energía en su mente y en su corazón que no eran normales. Los deshipnotizó.
            Más cautelosos, empezaron a fingir hasta que un día reventaron. Le pegaron una paliza al hermano que sangró por la nariz y las orejas, los ojos morados y un montón de golpes en el cuerpo.
            Ya contaba con diecisiete años, los hermanos con quince y catorce, y decidió irse de casa. Iría a la India, a una comunidad en el que preparan a personas para la meditación y los padres estuvieron de acuerdo. Le quedaba cuatro meses para ser mayor de edad, pero después de lo visto los padres aceptaron y le permitieron viajar siendo menor. Los gastos correrían a cuenta de su trabajo en la comunidad y algo que esta mujer amiga de él le cedería a cambio de que estudie y sea un hombre de provecho.
            Al cabo de nueve años, el muchacho volvió estudiado, con dos carreras, una en psicología clínica y otra en medicina general. La madre al verlo se sintió orgullosa de haber hecho su primer hijo con tanto amor, el padre se sintió conmovido por tanta gratitud que desprendía su hijo y los tres comieron ese medio día de sábado en un restaurante cercano. Se instaló en la casa y consiguió trabajo a las pocas semanas, se preparó una oposición y así paso la vida, trabajando para ayudar a los demás.
            Los hermanos acabaron mal, uno en la cárcel y otro falleció en accidente de tráfico.

martes, 21 de mayo de 2019

LA CHISPA DEL TIEMPO, SEGUNDA PARTE.




Era muy oscuro. No se veía nada. Aun así se notaban, tenían consciencia de estar en un mundo gaseoso, no hacia falta respirar. La vida emergía de cada haz de luz que les tocaba y les hacía ver que más allá del futuro habita un pasado en el que sentimos el presente, el aquí y ahora. Ellos empezaron a moverse y vieron la chispa desde dentro, alrededor había luz muy densa que les hacía verse casi invisibles y se notaban al tocarse con una sensación de hormigueo muy denso. Vieron otro cuerpo, flotando, ingrávido. Se acercaron como pudieron para tocarlo. Se dejaron de tocar y se desvanecieron o por lo menos la conciencia de saber que debían de estar juntos, solo lo justo. Así era el interior de la esfera, llena de luz y colorido muy cercano a la vida. En su esfera guardaba el tiempo de todo el universo, descubierto por una raza superior desde hacía muchos milenios. Habían elegido a tres individuos a lo largo de la historia para hacer algo por el bien de muchos.
            Aparecieron en un descampado. Los tres. Dreven de Sauces, Pablo y Eneas. Eneas era un monje de Pontevedera, de treinta y cinco años, que emergió por su capacidad intelectual, dándole el privilegio de discernir en un alto grado de justicia a los acusados, inocentes y hechos bajo acato a la ley. Empezaron a hablar:
            - No se bien que hacemos aquí, pero hemos de averiguar muchas cosas. – Dijo Dreven.
Eneas contestó
            - Esto es tiempo de ver y recapacitar. Yo soy del siglo XIII, de un convento. Era monje. Ahora veo que seré lo que insigne Dios.
            - Señores, - comentó Pablo. - hemos de ver si somos capaces de entender todo esto. Primero debemos de buscar a alguien y preguntar.
De pronto vieron un montón de esferas emerger de la nada, unas cientos de ellas, y de cada una se bajaron tres personas. Ellos eran los que estaban más alto. Aparecían mujeres, hombres y niños, animales y ganado, caballos, vacas, cerdos, ovejas. En una esfera aparecieron cientos de gallinas, en otras pájaros, todo lo que era vida estaba allí, de nuevo. Eneas se quedó sorprendido, mientras que Dreven y Pablo no se lo esperaban. Pablo indicó a que se sentaran y todos hicieron caso.
- Creo que estamos aquí por una razón. – Dijo Pablo. – Todos estamos sorprendidos pero es lo que tenemos. Hemos sido engullidos por una esfera de luz y nos ha traído aquí. Hay que seguir y ver que más podemos hacer. De momento propongo hacer asentamientos con materiales de los árboles y congregar un grupo de exploradores para avistar los terrenos colindantes.
Nadie dijo nada más. Nadie se conocía, ni un murmullo, todos en silencio empezaron a buscar herramientas. Dos hachas, una sierra, algunos con cuchillos, otros con espadas, había un martillo de un herrero y su fragua, herramientas de carpintero como escoplos, cepillos y pequeñas tachuelas.
Parecía que eran las diez de la mañana. Eneas colocó un palo clavado en el suelo /en el centro de unas piedras y efectivamente sobre las diez y diez. Un grupo pronto hizo fuego eran bastantes y empezaron a picar piedra con unos picos y cinceles, de una ladera que prometía tener piedra. Otros cortaron árboles y prepararon terreno para cultivo: habían aparecido sacos de grano, muchos.
Pablo se sintió preparado para la aventura y lanzarse a explorar esos montes al norte. Pronto se descubrió un rio, al oeste, a unos seiscientos metros del asentamiento. Algunos empezaron a hacer cabañas con trozos de tela y ramas de los árboles. Para una primera noche parecía que el sereno no le apabullaría.
A los dos días tenían todo preparado. Después de comer huevos y un poco de tocino y guardarse unos panes para el viaje, vieron que contaban con armas, le cedieron un rifle y un revolver, otros cuatro hombres iban con rifle y una semiautomática con muchos cargadores. Con pistola iban otros cuatro. Eran nueve los que partirían esa mañana hacia el norte.
Caminaron durante horas y no había nada ni nadie. Llegaron a un desfiladero desde el que se veía toda la cosa. Decidieron acampar. Comieron huevos y carne de conejo y descansaron. Querían pensarse si un grupo seguía al sur este y otro por la costa hacia el este. En vez de eso, volverían al poblado y bajarían a la playa.
Amaneció y empezaron a caminar. Bajaron por el sur oeste y llegaron a unos caminos hacia la playa. Había una cuerva y parecía amueblada. Al entrar Pablo vio libros y papeles y apareció la sombra. El gesto que hizo era de que saliera, de que no entrase a la cueva. Pablo insistió. La sombra fue hacia una repisa y sacó un aparato que se colocó en el cuello.
- Con esto puedo hablar. – Se oyó decir a una voz muy sintetizada en tonos graves y chirriantes.
- Bien. Pues ¿qué hacemos aquí?
- Estáis para vivir vuestra vida. Empezad de cero. Haced familia y empezad a vivir aquí. Cuando venga la marea ya no me encontrareis y para eso creo que ya falta menos.
- Es cierto. Tenemos de todo, elegiremos bien y disfrutaremos de la vida en un asentamiento. ¿Pero dónde estamos? ¿En qué año?
- Estáis en Galicia. Es el año 2949. Vivid la vida.
- Está bien. Haremos algo. ¿Pero hay alguien más? ¿Con quienes podemos contar?
- Estáis solos en el planeta tierra. La historia que dejéis será la del comienzo. Año cero y empezáis un nuevo calendario. – Le dijo la voz mientras la sombra le entregaba un papel. – Aquí están las cosechas, las crías de ganado… pero solo para los que se queden. Muchos irán para África, otros para Asía, las Islas Americanas las exploraras en breve y llevarás a unos cuanto a vivir allá. Ustedes tenéis el mejor clima, las mejores tierras y los mejores prados, magnificas costas y un montón de recursos naturales.
- Me agrada oírlo. Es nuestro comienzo.
Cuando regresaron al campamento dio la noticia y muchos se quedaron perplejos. Solo en el mundo. Habían varios grupos de razas distintas y ninguno quiso emigrar, es más ya habían parejas de distintas razas. Querían vivir todo juntos y crecer así, sin diferencias de piel. Así lo decidieron y siguieron con las construcciones. Ya se había hecho un salón para almacenar vivieres que encontraron, cazaban, pescaban y recogían frutos de cerca. Todos comían a la misma hora y en unas mesas hechas de largos troncos cortados a la mitad, con una sierra mecánica que era eléctrica y se cargaba con una placa solar, y así con algunos walky talky, un congelador enorme y varias bombas de agua. Construyeron varias casas, decenas de ellas con una calle de piedra que termina en un santo lugar sagrado para todos, pues sin hacer caso Pablo a la sombra entró y se llevo los libros que le dio la gana, papeles, apuntes de la sombra y en ese recinto para unas trescientas personas, en el altar brillaba la chispa, solo el que la tocara desaparecería.

LA CHISPA DEL TIEMPO


            Dreven de Sauces era un muchacho de treinta y dos años. Muy estudiado en matemáticas y literatura, destacando en las ciencias sociales y con méritos en su ámbito diario. Quería dar clases de ética en un instituto de la ciudad de Vigo, en el año 1748. Un día estaba bastante eufórico, parecía que ese próximo año académico daría clases, pero llegó la noche y mientras subía las escaleras una sombra le intento hacer perder el equilibrio y subió a toda prisa, se puso las botas y bajó. La sombra estaba de pie en medio del salón. Era una especie de espectro, muy definido en tonos grises y blancos, con pequeños destellos de luz en los movimientos. Se sentó en el sillón preferido esa sombra de señor estirado con camisa y chaqueta de cuello mao muy gris y pantalón holgado muy liso. Dreven se quedó confundido. No hacia falta luz, se veían perfectamente, la Luna irradiaba en su noche el inicio de una velada encantadora para despertar animales y darles vida en una noche larga para el muchacho.
La sombra se levantó y lo invitó a salir. Le iba indicando por donde ir y fueron hasta un camino estrecho, lleno de vegetación. La sombra parecía ir encantada por las veredas hasta que se pararon en una cerca de unos metros de alto. Dreven la empujó y entraron y caminaron por una carretera hasta llegar a una casa de madera, le daba la luz de la Luna y había hierba alta antes de entrar por una enorme puerta maciza de dos hojas al interior de una pequeña sala con chimenea. Estaba encendida con unos pequeños leños recién puestos. No hacia frio, pero decía que iba a llover.
La sombra desapareció sin antes decirle con gestos que se quitara las botas y fuera por allí, por la puerta de la izquierda, para adentrarse en el deseo más profundo para él y su existencia. Entró y para su sorpresa vio una burbuja estática, muy brillante, pero sin quemar a la vista, daba destellos en azul, rojo, amarillo y varias mezclas de colores. Cuando entró la habitación empezó a iluminarse, a desaparecer el mobiliario, sumergiéndose en una luz profunda en todo su ser, hasta hacerlo desaparecer en un sueño.
Estamos en el año 2019 y Pablo pasea por la ciudad de Vigo. Le encanta hacer senderos desde que llegó a la ciudad a trabajar como profesor de secundaria en la rama de filosofía, intervención socio-comunitaria y orientación educativa. Son tiempos modernos y cada cual lo llama como mejor le parezca, profe, maestro, señor, pero a él le gustaba que le llamasen por su nombre, Pablo.
Paseaba por unos senderos hasta que vio una verja de unos metros semi abierta y entró. Caminó unos cincuenta metros, hasta ver una casa al fondo de esa calzada, una calzada con lozas de piedra que fue pisando mientras se acercaba. La puerta que tenía enfrente de el era de madera maciza y tenía dos hojas cuadradas que encajaban muy bien, pues lo notó al abrir la que parecía estar entreabierta. Cuando entró no había luz. Al entrar vio leña y un candelabro y con una caja de fósforos que tenía encendió la vela que portaba ese trozo de bronce. Se acercó a la primera habitación de la derecha y al entrar encontró una cama, con bastante polvo y un montón de cojines encima, con un comodín en la esquina y unos espejos, un armario en la otra esquina que cogía casi toda la parte hasta llegar a la ventana que daba una tenue luz al interior. Cerró la puerta y miró la otra puerta que hacía esquina, al entrar vio una amplia cocina con leños preparados para encender y un montón de calderos y una mesa grande con taburetes. Al lado de la puerta había un pequeño pasillo que llevaba a una escalera. Decidió subir y ver que había arriba. Cuando subió la madera casi no hizo ni ruido y entro, después de girar a la derecha en un pasillo con tres puertas. En una había una habitación, en otra una biblioteca y en la tercera notó que no podía abrirla. Lo intento y no pudo y no quiso ponerse a abrirla a golpes así que fue por la casa buscando llaves. Bajó las escaleras y entró en la habitación de la izquierda. Al entrar vio una chispa encendida. Se acercó, la observó, y tímidamente le puso el dedo encima. La chispa reaccionó entrando en una esfera de luz cada vez más grande. En la habitación no había nada solo esa esfera flotando y el muchacho perplejo. A los pocos segundos la espera desaparece y deja a un ser de otra época, aparece Dreven de Sauces.
Los dos muchachos se mirar perplejos.
            - ¿Quién eres? ¿De donde has salido? – Preguntó Pablo un poco indignado con el acento gallego que les caracteriza.
            - Soy Dreven de Sauces – Dijo un poco asustado en un acento muy antiguo.
            Al cabo de un rato seguían hablando y comentándose cosas de la época y del año en el que estaban, de lo que hacían antes y ahora y de que le quedaba mucho por ver y si quería ser profesor debería de estudiar.
            A los tres días de haberse instalado Dreven en casa de Pablo, durmiendo en el sofá, aparece Pablo con unos papeles en el que certifican la desaparición de Dreven de Sauces el 22 de mayo del año 1748 y Pablo será el único que puede certificar la existencia de una luz en forma de esfera que trajo de nuevo a Dreven a la vida, después de haber desaparecido.
            Pablo no quiso dar parte a la policía, pero tenían que contárselo a alguien. Contactaron con unos hacedores de pasaporte y le consiguieron una documentación falsa a Dreven. Era polaco, de treinta y dos años y se llamaría Dreven de Sauces.
            A las pocas semanas estaba dando clases de matemáticas a muchachos de primarias en horas extraescolares, para apretar un poco en la asignatura. Dreven ganaba lo justo y entre los dos empezaron con estudios en la casa, de los libros que habían en la biblioteca y de como abrir la habitación cerrada. según aprendieron de los libros, esa puerta conectaba con el mismísimo infierno.
            A los pocos días de investigar por la casa todo empieza a moverse, a desaparecer en un haz de luz y quedarse en medio del prado con apenas cuatro libros, dos que estaban en la mochila de Dreven, uno en su mano y otro en la mano de Pablo. Vieron que en el suelo había otro libro y unos papeles saliendo de el.
            Caminaron hasta la casa debatiendo sobre el contenido de los papeles, de sus frases mágicas y manera de hacer hechizos. Entre ellos no sabían que hacer. Era un conjuro. Tenias que decir unas palabras mientras escribías otras y sumergías el papel en un vaso que aparecía nada más soltar el bolígrafo y doblar el papel, un papel vibrado durante días en una tabla, pero la tabla no estaba. Leyeron los libros y descubrieron que esa tabla se encontrará anclada en uno de los soportales de la calle de la catedral, siempre ahí, camuflada bajo un ventanal pegado al soportal.
            Los dos bajaron las calles hasta llegar al soportal y encontrar una tabla debajo de un ventanal con unas inscripciones a fuego, una especie de estrella de siete puntas rodeada de un octógono y un triangulo en el centro de la estrella.
            Una vez en la casa con la tabla, escribieron las palabras mágicas en el papel pasado los tres días y apareció un vaso con agua nada más escribirlo, dobló el papel y lo sumergió en el agua. Apareció una chispa como la que vio en aquella habitación. Los dos estaban alucinados. Según había leído, en varios minutos la esfera se hará grande y cuando esté preparada los engullirá y los dejará postrados en el tiempo durante los años que permanezcan en el encierro.
            Lo que no sabía es que jugarán un papel interesante cuando aparezcan dentro de doscientos y pocos años, en la misma zona del bosque, despertados por una persona que hará con ellos un futuro mejor para los que viven en esa época.
            Pasados unos segundos la esfera se movió y se plantó en medio de la habitación. Empezó a expandirse y hacerse grande, con una luz blanca que no quemaba a la vista y unos destellos azul y rojo, verde y amarillo, naranja y violáceos, con pequeños rayos de luz, como descargas eléctricas en su interior. Los dos se miraron, hicieron un gesto con la cabeza y cerraron los ojos. En unos momentos serán engullidos por la esfera.
            A Dreven se le ocurrió una idea. Se cogerían del brazo para ver si en el otro lado pueden vivir despiertos. Al momento estaban agarrados por un brazo cada uno, entrelazados por la flexura del codo. Al rato empezó la habitación a iluminarse, a desaparecer los muebles y a conectar con un espacio tiempo inimaginable, en una partícula de luz inteligente, que condensa la energía que quiere y precisa. Cuando todo hubo sido absorbido por la luz se quedó una chispa en el aire.
La casa de donde provino todo ese juego, apareció en su lugar, en aquel camino de piedras y con mucha vegetación. Con un ruido de golpes a una madera la chispa volvió a la habitación y los libros con los papeles y el conjuro desaparecieron de donde estaban para aparecer en donde la sabiduría que espontáneamente da gracias por la discriminación que ofrece la vida, en un lugar sagrado como lo es esa habitación que nunca abrieron, el lugar donde guarda la esencia de la naturaleza que le demos a nuestra sinceridad.




domingo, 3 de febrero de 2019

LAS CAUSAS DE UN SUEÑO PROFUNDO.


LAS CAUSAS DE UN SUEÑO PROFUNDO.


Doce veces conté las vidas que tenía esa madrugada, pues había pesares de idas y venidas, de la discordia de los sueños, evocados a la luz cegadora de la insistencia en decaer y ser débil, en vez de soñar mientras la tranquilidad evoca las buenas sensaciones, que a veces olvidamos mientras descansamos, pero que recordamos al despertar, pues esa máquina se ha hecho inconsciente, esa reverberación convertida en prana, por la esencia que renace de forma inconsciente en la lucha por la supervivencia, esa esencia renacida de la felicidad que evocamos cuando sabemos que la existencia el plena para cada ser que vive de su inercia, desde hace mucho tiempo, nos han hecho mecánicos en ese sentido de los sueños, pues al principio todos soñábamos con nuestras cosas, ahora soñamos con un montón de información y el ansia de saber está por sentirse, dentro de lo mejor de nosotros, ambientado en la propia transformación de las películas con las que viajamos, aunque tenemos innato un proceso químico que nos lleva a comprender qué somos y otros pretenden buscar el que hacemos. En los sueños nos vemos evocados por la inercia o tal vez por la constancia en recordar, pero para distintos tipos de memoria debemos de pasar procesos diferentes, por eso el flujo de ondas que nos invaden en nuestro sentido de pensar. Esas reacciones crean luz y la información pasa a las aceleradísimas reacciones que tal vez tengamos que ver cual es el proceso selectivo de esos sueños, valorado en nuestros condicionamientos, que nos hacen personas capaces de discernir con la discriminación de la verdad, que nos hace fuertes cuando sabemos que esa forma de soñar nos lleva lejos, pero que nos acerca a un mundo en el que recordarlo es fundamental y saber que se sueña en cada momento es primordial, de hay a descansar nuestras ocho horas por el máximo tiempo de vida que tengamos, para que esos sueños sean los propios de nuestra existencia, y tal vez sea que tanta información nos embeba con todos los medios de comunicación que conviven con nosotros, sin hacernos cargo de la materia en la que vivimos para darnos por interés propio la esencia de la vida entre los recuerdos y su calidad ambiental. Pero se descansa, se renace de ese dogma y de esos condicionamientos y se vuelve otra vez a la vida que cada uno tiene en su día a día, que cada uno comparte y hace posible, para que esos sueños dignifiquen el sentido más propio de la credulidad humana, en la que nos vemos sumidos en un sinfín de agresividades y maldades, siendo el hombre fuerte para seguir evolucionando con ese sentido que le damos a la vida. Para eso están los sueños, para soñar con cada uno, con sus cosas, con sus recuerdos, y no para quienes sin querer darnos cuenta, vuelen hacia ese retablos de inconsciencias que habitan en los más fríos lugares, para darle calor en sus instintos mas deshonestos y percatarse de que tus recuerdos son los suyos, envueltos en brumas de tóxicos de la abrupta forma de ser, que nos deja pensando en qué podemos hacer para liberarnos de la posesión demoníaca de la muerte. Esos sueños nos llevan hacia un lugar y es sentir todo lo que da miedo para pensar en los vientos y en las mareas, en la tierra y en el cielo, en la lava y en las plantas, y evocar al Ser Supremo su dicha para que con su dogma de fe nos lleve lejos, hacia esa realidad que todos merecemos delante de las injusticias y de los recelos ajenos, dándonos la libertad de vivir la existencia plena, sin injurias que se salgan de la moral y sin preámbulos incómodos para verificar los pasos hacia tu dignidad. Queda recordar que cada sueño es único y cada proceso mental es diferente, pero cuando encajamos en ese proceso mental igual al de otra persona, puede llegar a crear recuerdos innecesarios en ese subliminal ataque a la mente humana, pues hay que valorar las buenas emociones para que de algún modo, la gracia del gozo, la dicha de la moral, el amor incondicional a la compasión por los semejantes, y la paz que genera saber que estamos exentos de culpa. Nos lleva a saber que no hace falta arrepentimiento para salir de las fauces del demonio, sino echarle en cara que hay razones más importantes para combatir las injusticias, y una de ellas es quitar del medio la presencia de quienes no son partícipes de la misma condición. Exaltar un resultado positivo incrementa la felicidad, exaltar uno negativo es dejar pasar ese significado.