Consolidar
nuestra calma con el tiempo, hace posible el bienestar de la
consciencia, ya que en este mundo estresado, la cantidad de
información a la cual estamos sujetos con los constantes devenires
de nuestro día a día, la cantidad de conceptos a los que hoy en día
estamos acostumbrados a percatarnos por las propias imágenes de un
televisor o por la propia cantidad de publicidad que nos invita a
pensar mas de la cuenta, hace que cada vez que miramos alrededor solo
veamos los propios cánones a los que nos sumerge la sociedad, pues
en esta vida que nos ha tocado vivir por estos años, hay gran
cantidad de conceptos a los que deberíamos de prestar menos
atención, ya que la cantidad de basura mediática que está en
nuestro camino, hace que ya no tengamos valores a los que dirigirnos
para tener un poco mas de respeto, pues la violencia está más a la
orden del día que el apoyo hacia los que les hace falta. La gran
sociedad a la que estamos sujetos hace que sea mas viral el insulto
en los barrios donde aprendemos a pedradas, siendo hoy en día la
mofa quien tiene la tolerancia para pertenecer a un grupo de amigos
que no valora lo que eres, pues valoran mas lo que tienes y si no
tienes nada, serás uno de esos pobres inquietos que tendrán que
recurrir a la estupidez para ganarte a quienes están por encima de
ti, sin los valores que antes, cuando jugábamos a tirarnos mazorcas
de maíz sin grano y dábamos en la espalda de quien salía corriendo
de su escondite para responder con risas y fiestas el que le había
dado, para coger esa misma mazorca y tirarla lejos esperando acertar
antes de que sea tarde para seguir el juego. Hoy en día estamos mal
acostumbrados o tal vez, la costumbre que nos ha ido cediendo la
inercia de la vida, sea otra que tal vez preferimos, pero de seguro,
no queremos, pues el inconformismo en quienes nos damos cuenta de la
maldad que hay en las calles, en los países, lo mal que van los
océanos, el cambio que vemos en nuestro clima y la pobreza de
nuestras tierras por la falta de agua, hace que seamos otros
individuos, más competitivos, pisando al que tenemos al lado si eso
nos va a hacer más fuertes, en vez de apoyar al que tenemos al lado
para hacernos fuertes los dos y compartir el poco tiempo que nos
queda en algo productivo, ya que todo lo que hacemos hoy en día no
nos da tranquilidad. El trabajo, la casa, la familia, es una rutina
en la cual nos vemos sumergidos por la propia evolución de nuestros
días, en la que hacemos posible el bienestar a pesar de los
quebraderos de cabeza innecesarios a los que nos sometemos cada vez
que vamos a levantarnos para ir a trabajar y cargar con una
responsabilidad que ya no valoramos, que hacemos por pura mera forma
de vivir, en una sociedad consumista que nos embebe con toda la
publicidad que podemos aguantar, siendo el comercio injusto, por los
alimentos y por todo lo que hoy en día podemos llevarnos a la boca,
lo que provoca que estos cuerpos se resientan y sean menos sanos,
hasta el punto de saber que la propia vida se nos va de las manos
porque no hay otros recursos a los que podemos optar, ya que no
tenemos medios, pues somos los pobres los que debemos de luchar cada
día con el peso de la injusticia, la injusticia que nos obligan a
permanecer callados y con la cabeza baja como si fuésemos borregos a
los que hemos de obligar a que sigan en el redil, en ese redil que
rodeado de ricos y de propiamente adinerados, nos roben el tiempo a
cambio de algo, invirtiendo ese tiempo en algo que no nos gusta, por
eso, hemos de mirar a la tranquilidad de nuestra mente, para que esas
cosas que hacen que nos sintamos mal por el agobio de un día
estresado de trabajo, sea solo el cambio para que nos tomemos con
ganas, con ilusión, muchas cosas que hay que aceptar para poder
vivir y seguir en esta supervivencia, aunque no nos guste, pero
disimulando muy bien, pues esa tranquilidad mental, esa propia
satisfacción que podemos hacer nuestra con toda la parte positiva de
la mente que trabaja con tanta información, encuentre en algún
momento de nuestro día el posible regalo de un poco de tiempo para
soñar y ver que por lo menos, todo el trabajo merecedor de nuestra
subsistencia, tenga un sentido propio en el interior de nuestro
inconsciente, pues si acostumbramos a la mente a realizar tareas con
buena gana, con la propia positividad que merecemos para soslayar el
tiempo que regalamos a nuestros gobernantes y hacer caso omiso de
todo lo que hay en ellos, en un mundo en el que gobernantes y
gobernados se llevan muy distintamente la proporcionalidad económica
por haber nacido en un barrio u otro, por oportunidades que entre los
que hacemos posible esa ayuda y entre los que nos quitan y pisan y
pasan por encima nuestro para beneficiarse, es hacer entender que
cada uno asume sus riesgos y yo elijo sonreír a la mañana para que
por la tarde pueda tener la tranquilidad de saber que por lo menos
existo y no hay nadie por encima de mi que pueda molestarme por
sentirme bien, satisfecho con lo puesto y contento por saber que
tendré que sonreír otra vez a la mañana para poder hacer posible
el juego de la vida, de la que somos testigos de nosotros mismos y
valoramos nuestro esfuerzo por el respeto que nos tenemos y por la
gratitud que podamos regalar a cada uno de los que se presentan en
nuestro preciado tiempo.
Una voz susurra a mis espaldas y consigo oírla pero ella no me dice nada cuando le pregunto, se escabulle entre mis entresijados pensamientos que paran para prestarle atención y decirle que de verdad le importas.
jueves, 27 de abril de 2017
sábado, 22 de abril de 2017
El trasfondo y la transparencia.
Las
vidas que hay en el planeta no las miramos con buenos ojos, ya que
cada uno mira su propio reflejo, aunque a veces pintemos en el
cristal de la apariencia lo que quisiéramos ver, y menos aun,
quisiéramos saber de alguna persona, ya que hasta nos incomoda la
apariencia que evoquemos en cada segundo, en ese tiempo que vivimos,
dejando a un lado las apreciaciones indiscretas y centrándonos en la
cordialidad que hemos de ver verdaderamente en nosotros, dejando de
centrarnos en ese pequeño segundo, incómodo o no, para hacer
posible ese propósito merecedor de las mejores palabras, siendo el
saber decir y el saber hacer las cosas en cualquier ámbito, pues
holísticamente, el parecido de una ciencia con otra, hasta completar
el encauce que en cualquier sujeto provoca la persuasión, es
entretejer entre los presentes una trama para deliberar en la
exclusión una propia idea. Ese concepto de poder como maestro, al
incidir en la sabiduría de otro para completar el argumento
especificativo en el que relata todo lo que se debería de aprender,
depende del punto de vista en el que podemos diferenciar que manera
de enseñar es mejor cuando la curiosidad aumenta entre los que deben
de saber estudiar y no de quienes en sus inmensas apariencias buscan
en ese fondo de armario una razón por la que usar la propia verdad
que tan divinamente nos hemos planteado, pues veces hay que saber
hasta donde llegar y otras hasta donde se puede llegar, pues en el
trasfondo de nuestra fuerza interior vemos como ese reflejo del que
nos habíamos enamorado solo era la parte de esa transparencia que
nos dejo pasar hasta ver qué es lo que hay en otros, para ponernos
en la situación de alerta para cuando vemos la acción que deseamos,
fluyendo a raudales y encauzando esa espontaneidad que emerge de lo
mas profundo para dar sentido a quien está enfrente, dejándonos la
imagen de lo que vemos en lo más cercano a esos segundos que pasan y
dejan su sabiduría en ese pequeño concepto que antes solo habíamos
oído desde muy lejos, siendo ahora cuando place la tranquilidad en
el desmesurado contexto de posibles situaciones, entre unos y otros,
entre uno mismo y su reflejo, que en el fondo es la transparencia con
la que hablas, y en su trasfondo el infinito resultado de miles de
millones de posibilidades, hasta rendir a los cómplices del aire y
amigos del agua un placido recibimiento que nos lleva hasta lo mas
profundo de las entrañas del mismísimo sinfín de las profundidades
del universo, contemplando ese punto al que debemos llegar y del cual
solo queda ese pequeño espacio de tiempo, guardado para disfrutar
del ensueño, y consagrando cada parecer propio a la misma idea que
surgió de la propia consciencia. El agrado de poder idealizar el
consuelo de unas pocas veces, sabiendo como es la propia fortuna que
emprende un deseo alcanzando su plenitud, nos hace pensar a veces que
nos ponemos a pensar hasta donde hemos de dar sentido a nuestras
palabras, dando el mismo tiempo que hay para entender, lo propio de
cada uno para hacer posible la lógica condición de espontaneo,
donde la realidad que evocas cuando las prisas no son llevaderas. Las
propias palabras harán posible volver a saber donde poner la
intención, que demuestre la propia inercia que llevamos dentro de
nuestro tiempo, para ver hasta donde llegar con los que hacen posible
nuestras propias andadurias por los lares de nuestros devenires o
nuestros conceptos que sabemos que ponemos de trasfondo para hacer
transparente la propia sensualidad que nos arremete constantemente el
la publicidad, pues bombardean con un montón de anagramas que
durante toda la sesión televisiva subliminalmente nos reitera que la
sensualidad y ese lado femenino de igualdad o masculino y modernidad,
haciendo que exploten en la cabeza un montón de cosas que no
queremos ni pensar, aunque los problemas en los que vemos reflejado
nuestros pensamientos, cada vez que se nos enciende la luz y vemos
más allá de nuestras propias narices, el resplandor al llegar al
final del túnel solo es la parte en la que viajas, y en la propia
parte en la que embriagado, reiteras tus propias sensaciones a la
permisiva espontaneidad, rompiendo tabúes y recreando las propias
locuras que se nos acercan despacito por encima de la nariz, y vemos
que la propia herida que repercute en la situación de vivir cada uno
su aventura, sin tapujos ni contrapartidas en las que no veamos el
provecho funcional, ademas de reforzar el ímpetu en la alegría de
confraternizar con el propio ser que uno mismo, adaptando al medio en
el que hace posible sus controversias con el mundo, la separación de
la violencia que pudiera provocar o de la complicidad que busca
respuestas al adquirir ese semblante hipotético en el que nos
recreamos, para hacer posible otra vez mas, el encuentro con la
ventura de cada decisión que tomamos para seguir adelante, sabiendo
que cada vez que no estés en tu centro de gravedad y veas hasta
donde puede llegar tu verdadero ego, esa manera de vislumbrar entre
los propios y espontáneos momentos en los que dieras a lo largo de
tu propia trayectoria, será el compás de las palabras que quieras
buscar en la inmensidad y en la lejana distancia propia del camino
que empiezas y no tiene fin.
domingo, 16 de abril de 2017
El destierro de lo inaudito.
Las
polaridades que nos sumergen en un abismo, las perpetradas
barbaridades que nos hacen ir por donde queremos y cuando queremos,
simplemente, las ocurrencias que nos dan la oportunidad de ir lejos y
abrazar cada cierto tiempo el viaje que nos hace sentir plenos, para
hacer posible que entre los acertijos de las mesuradas adivinanzas,
los posibles enigmas que rompieron y vieron la luz afianzarán una
fuerza mayor a la victoria, que una vez hecha a nuestra medida,
veremos en cada retablo de la inercia en ese tiempo que nos desvela
donde y cuando estamos, pues a veces, sin darnos cuenta de la
percepción de donde estamos, decimos cosas que nos dejan perplejos a
nosotros y a los que están alrededor, para conceptuar que en ningún
momento se a dicho nada y que esto no ha ocurrido, siendo la forma de
tomar el poder quien tan inteligentemente ha pronunciado las palabras
mágicas, para dejarnos como si lo que hubiera que decir lo dijese él
solamente, y así tomar las riendas con un ultimátum para dejarnos
perplejos con la misma intención con la que partió para tomar a si
mismo el encauce en una decisión que solo nos incumbe al grupo y no
a quien de alguna manera quisiera hacerse el ofendido para irse lejos
después, con los despojos de las condescendientes añoranzas que
fuera de nosotros vuelven otra vez para sentir que no es justo verse
en un plantel por comentar, que solo supo decir una coherencia propia
de quien no sabe todavía del problema que a medias se le ha contado,
pues las versiones de cada uno será el resultado del conflicto que
emerge, antes de incidir en la llaga que fue hundida por un dedo,
pero aun peor es cuando no sabes a donde y a quien dirigirte en las
vueltas de la vida, mandándote a ir lejos para no volver, ya que las
desmesuradas palabras que acopiaron más de una vez en un breve
espacio de tiempo, dieron como resultado el mejor de los sentimientos
que nos envuelven en el alma, para dar por sentado que las veces que
hacemos de personas con un entendimiento más razonado, te pregunta
si tuvo algo que ver el que recurrieras al daño para decir sandeces,
y es entonces cuando empiezas con otra idea, antes de irte lejos para
que no volvieras a tropezar con las palabras que has de decir y las
que no, y así, lejos de donde puedes estar, estas de nuevo, con tu
aventura, con tus palabras, con tus quehaceres, y fiestas muy de vez
en cuando, aunque quienes de verdad debieran de tener una
preocupación menos por decir lo que se piensa, es porque te acuerdas
de las veces en las que no aceptaste un comentario para dar sentido a
lo que tu pensabas, a lo que tu sin querer fueses el que destierra a
la mente al pérfido malestar de la irreverencia hacia lo
desconocido, al miedo que nos da enfrentarnos a lo que no sabemos,
poniendo un poco de lo que conocemos para hacer posible ese
entendimiento, hasta el punto en el que las palabras no te hagan
hablar de más y de menos, aun haciendo estragos entre los que de
manera fortuita surgieron de las profundidades de la vida para
empezar de nuevo, gracias al entramado de las conciencias plenas que
nos proporciona sabiduría, o tal vez, la voz que esas conciencias
que desean revelar, solo sea el ápice de un montón de sensaciones y
bendiciones que nos regalan por haber entendido que el percance de
buscar un conflicto no es lo mismo que encontrárselo, y aun a
sabiendas de que el problema pudiera resultar incómodo, preferimos
dejarlo para que en cualquier momento en el que nos hagamos cómplices
de ese inaceptable comentario, las veces en las que nos damos cuenta
de la forma de otras personas que nos han sufragado las posibles
veces en las que intervenimos, tantas veces como sea para aprender a
llevar la cabeza bien alta para no dejarnos llevar por la
deshonestidad de otras personas que buscan en donde no hay, y las
posibilidades de dar y reconocer un pretexto para incidir en ese
comentario que duele y destroza la estima, que tan cuidadosamente y
celosamente guardamos en nuestro interior, antes de saber que las
propias palabras que nos enseñan a ser persona, no sea impedimento
en el bien estar de la vida, pues en cada vez que sabemos que hemos
de dejar ir y dejar partir, esa perpleja sensación al ver en los
ojos de los demás una chispa de envidia, son las veces en las que
nos paramos a pensar y vemos que la incomodidad acentúa la sensación
de discordia pues no podemos, delante de los que no entienden sobre
modales, hacer posible una comunicación fluida y extensa, a pesar de
que en la vida hay gente que se va lejos, que se aleja de nuestro
entorno y de nuestra forma de hacer las cosas, ya que cada uno sabe
qué hacer, delante y detrás de cada espejo que refleja lo cotidiano
en ese pequeño instante en el que vemos la posibilidad de crecer,
pues todos no lo entienden, muchos no saben que hacer o que decir
delante de palabras dañinas, pero el que las dijo y se fue lejos por
su desmesurada codicia y anhelo de reconocimientos, pasará la vida
en busca de su reconciliación con los que de alguna manera lo
mandaron lejos de esa socialización que hemos de entender por el
mero hecho de que vivimos en sociedad, hasta que el antisocial
reverbere en su propia voz y pensamiento, la capacidad de imponer la
locura de un pretexto para saber que en esa condición humana solo
queda esperar la agresividad, hasta que el propio destierro de los
demandantes de tranquilidad, y lleven a su personaje lejos de donde
pudiera incidir para echarlo lejos de cada rincón que queda entre
las esquinas del deseado entorno en donde residimos.
jueves, 13 de abril de 2017
La irremediable comedia de abismo.
La
imparable constancia de los sueños nos lleva a conocer el silencio,
pues después de arrebatar a la vida todos los encantos propios del
poder decir las cosas, y de apegarte a la tierra sin conocer siquiera
el movimiento de sus entrañas, ni tan siquiera conocer el límite
que habita entre el hilo de la espiritualidad y las plantas de los
pies pegadas a la tierra, con las manos tocando el suelo y sintiendo
las palmas de las manos pegadas a la vida y a la divinidad, una en
cada mano, y haciendo de los límites perdidos en la consciencia que
recuerda un hábitat en el que somos constantes devaneo de
incertidumbres por la actividad que ejercen en el encéfalo al mirar
más allá de la propia nariz y condensar el hilo convertido en
cometa de la conexión propia del aire que condensa tu propia esencia
en la sutilidad del mapa que creó las propias estrellas que ahora
miramos y no sabemos si ese arquitecto que forjó el silencio, diera
mas certeza en a constancia que perpetramos en una consciencia
inferior, mirada desde lo mas alto y viendo el reflejo de tu límite
al no poner tus abismos en destierro de la propia esencia que nos
envuelve entre las ropas y las propias ropas que nos atan a la vida,
para dar por hecho que entre los momentos que somos capaces de elegir
por donde ir para saber que encontramos soluciones para todo,
alrededor de la vida que nos depara el mejor de los viajes hacia ese
abismo que queremos cerca a veces, cuando entre los recovecos de la
constancia que reflejamos en cada vez que nos acercamos y miramos más
allá de ese propio espejo, al mirar por encima del hombro y ver que
no era acertado, que la ventana que da a ese reflejo vemos distanciar
una luz, a la vez que nos preguntamos que será, y sin luces en el
pasillo ese reflejo del espejo en la ventana, hizo entender que la
luz que sin querer surcó los cielos era un meteoro verde que se
estrelló en la atmósfera justo en el momento adecuado para verlo y
disfrutarlo, con la propia sensación de ver que ese abismo que se
había construido era la sensación de la Tierra que se dividiera en
pedazos y quedaran separados, unos de los otros, los cimientos que
sujetan la global armonía del planeta Tierra.
Esa
sensación que se nos queda cuando cruzamos nuestro abismo, cuando
cruzamos nuestros problemas y nos vemos en la misma encrucijada que
resolvemos con la alegría digna de cualquier momento, en esa
sensación quedaría bien añadir el antes y el después, para que en
ese ahora tengamos una historia que contar y es en ese abismo, cuando
decidimos afrontar la realidad que sumergida en un pozo de fantasías,
del que surgieran un montón de nuevos sueños hechos realidad, en
los que apoderándonos de las riendas, desbocados o no, nos llevan
hacia esa aventura que por empeño y deseo, nos hace entender que hay
momentos en el abismo que perpetra hacernos reír ya que esa
inmensidad la conocemos y nos produce la satisfacción de ver que es
posible entender la vida con los regalos de los momentos que nos
pertenecen y cualquier caricia de los rayos del Sol nos hace
sentirnos dignos de vivir y sonreír, ya que un abismo es solo un
lugar en el que imaginamos y nos damos por vencidos al tratar de
cruzar al otro lado, sin saber que es posible caminar entre las
sombras con una luz, con la propia luz nacida de la esencia que nos
desvela que somos capaces de ver por donde subir y por donde salir de
ese encontronazo con el abismo que separa humanidades. En las idas y
venidas que hacemos continuamente por esos abismos, no nos damos
cuenta y pasamos la mayor parte del tiempo viendo en nosotros mismos,
sin darnos cuenta, pues el que está enfrente tiene todo lo que hace
falta para entender, para saltar y afrontar una situación en la que
el impulso de querer aferrarte a la cotidianidad y ver qué es
posible cambiar teniendo todo en su sitio, hace que en una
introspección veamos el resultado, y si, variamos poco en esas
rutinas que nos embeben, aunque ahora podemos, al cruzar el abismo,
hacer que ese sueño que queríamos y que esa alegría que
necesitamos solo sea eso, el placer de reír por todo lo que en ese
abismos encuentras, sabiendo que moverte entre las sombras que en él
habitan, quedarán mejor o peor situados dentro de tus propios
abismos cuando el temor de la hipocresía desaparece y lo quitamos de
nuestro vocabulario, para hacer posible el entendimiento entre
semejantes que han dado lo mejor de si para que en ese momento solo
sea el placer de amar a la alegría lo que inunde ese irremediable
abismo en el que tendremos que afrontar nuestras debilidades para
hacernos fuerte.
domingo, 9 de abril de 2017
La suspicacia de elegirte.
En la
inmensidad del universo encontramos algo parecido a la vida, pero
aquí, vivimos para contar con cada uno que se asemeja a la condición
de amigo, de compañero o de familiar, incluso de conocido, para
poder hacer posible el encuentro diario de los retales de la
consciencia que nos evoca pasar un poco inadvertidos por la
constancia de cada proceso en el que evolucionamos como personas. En
lo más recóndito del universo podemos recrear a nuestra imagen y
semejanza cada parte de nosotros mismo o de lo que imaginamos, pues
entre los que hacen posible un sueño y los que de verdad nos
importa, preferimos dar una mano, tender un brazo o apoyar en un
hombro, pues entre semejantes nos diferencian muchas cosas pero nos
hacen parecer algo más que un simple concepto en la inmensidad, pues
es preferible imaginar aquí y ahora que simplificarnos con
condicionantes que nos dan o nos prestan, ya que tentar a la suerte
sería solo el principio y dar por sentado que cada uno de los
preceptos que nos difieren a la hora de conceptuar es parte de una
idea que ha surgido de una establecida condición. Esa forma de ver
que hay en cada uno cuando hacemos la pantomima de que algo nos
gusta, o cuando miramos alrededor y vemos que entre los que han de
ser dignos de confianza, el término medio es saber que
verdaderamente estamos dando el parecido a lo que nos gusta a
nosotros, sin pararnos a pensar hasta que damos en la igualdad de
gustos y parecidos, ya que hemos de centrarnos en tratar cada vez que
nos ponemos de acuerdo en algo que verdaderamente valga la pena,
mientras pasan los días y ves qué hay entre lo que quieres oír y
lo que escuchas. Cada vez que esa inercia que nos acompasa entre un
paso y otro y la voz que nos comenta en silencio una melodía que
enreda tus pensamientos, para ser un vivo retrato de la alegría que
en esa vuelta encuentras, cuando le das la mano a la paciencia y te
sientas para respirar, y hacer del momento, único y especial
encuentro con ese pequeño instante en el que hacemos posible la
tranquilidad que nos regala la tarde y del placer que nos evoca el
sentirnos cómodos, para dar y ser lo mejor que nos pudiéramos
regalar en cualquier momento. Para esa inercia, el regocijo de ver en
cada vez que nos levantamos de un simple momento, el gozo de ver que
si, que verdaderamente eres capaz de levantarte por ti mismo, por tus
propios medios, para saber cuando hay que actuar y cuando hay que
decidir, para seguir actuando. Cada vez que nos hacemos mejores
delante de tus propios consejos, ves que aprendes de lo que tienes
alrededor, personas, hechos y palabras que forjaron una digna manera
de hacer posible un encuentro con tus propios recuerdos que hicieron
posible una vez más, el encuentro con los pasos del tiempo que te
llevaron lejos, pero cerca de ti en tu propia gravedad, dada por la
maestría que desvela tus actos y tu consciencia espiritual, para
llegar hacia esa divinidad que llaman presente, pues es de agradecer
que quienes están entre tus momentos en los que aprendiste, ahora
sabrás qué herramientas has de utilizar en cada vez que haga falta
sacar el ingenio y la creatividad y ver hasta donde llegan tus
comentarios y hasta donde llegan tus aciertos, pues veces, antes de
actuar y sentirnos útiles por el mero hecho de participar, el juego
en el que el acertijo da por sentado que sigue la senda del encuentro
mágico con los carteles pegados a los árboles que hay en el mapa
que vemos y seguimos para llegar lejos entre los que parecen que
están cerca, ya que cada vez que nos acercamos a alguien, se aleja
por la misma forma en la que prefieren estar en su espacio y no en
comunión con algo que no te aporte, pues estar con alguien es estar
para seguir haciendo lo que has ido a hacer, pues es preferible
seguir siendo el mismo que quieres ser y del cual te has dado cuenta
que tienes que cambiar, que tienes que fijar otras expectativas y
mirar a otro horizonte y sacar el pecho y saltar hacia lo alto, para
que encontremos un lugar en el que solo hacemos posible aprender de
la vida y de aquellos que nos dieron un empujón para cambiar, y del
que aprendimos que hay que seguir para llegar lejos y fomentar esos
valores que preferimos mantener ante la singularidad de los demás
inadaptados, esos que aportan agresividad y fanatismo hacia quienes
son los que semejantes o no, vivimos en un mundo en el que el valor a
respetar nos hace dignos, el valor de no juzgar nos hace dichosos, el
valor de sonreír nos hace alegres y el valor de la razón nos hace
personas para que compartamos ejemplos y nos demos cuenta de las
ventajas que han de fijarse en una naturalidad y sentido propio que
le ofrecemos al instante en el que actuamos para hacer posible ese
entendimiento pues siempre hay algo mejor que hacer, aportar y sobre
todo intercambiar cuando sin querer nos damos cuenta de que perdemos
un poco de interés por la situación y veces perdemos la esperanza
de entender por qué las personas que nos rodean son como son y no
como queremos, ya que el esfuerzo en querer lo que queramos de los
demás es imposible ademas de incierto aunque cuando lo tenemos nos
hacemos dichosos de compartir un poco de tiempo mientras el susurro
de la vida nos nos desvela que hay mucha cosas por las que luchar
cada vez que asumimos un riesgo.
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