jueves, 27 de abril de 2017

Reconocete como a ti mismo.

Consolidar nuestra calma con el tiempo, hace posible el bienestar de la consciencia, ya que en este mundo estresado, la cantidad de información a la cual estamos sujetos con los constantes devenires de nuestro día a día, la cantidad de conceptos a los que hoy en día estamos acostumbrados a percatarnos por las propias imágenes de un televisor o por la propia cantidad de publicidad que nos invita a pensar mas de la cuenta, hace que cada vez que miramos alrededor solo veamos los propios cánones a los que nos sumerge la sociedad, pues en esta vida que nos ha tocado vivir por estos años, hay gran cantidad de conceptos a los que deberíamos de prestar menos atención, ya que la cantidad de basura mediática que está en nuestro camino, hace que ya no tengamos valores a los que dirigirnos para tener un poco mas de respeto, pues la violencia está más a la orden del día que el apoyo hacia los que les hace falta. La gran sociedad a la que estamos sujetos hace que sea mas viral el insulto en los barrios donde aprendemos a pedradas, siendo hoy en día la mofa quien tiene la tolerancia para pertenecer a un grupo de amigos que no valora lo que eres, pues valoran mas lo que tienes y si no tienes nada, serás uno de esos pobres inquietos que tendrán que recurrir a la estupidez para ganarte a quienes están por encima de ti, sin los valores que antes, cuando jugábamos a tirarnos mazorcas de maíz sin grano y dábamos en la espalda de quien salía corriendo de su escondite para responder con risas y fiestas el que le había dado, para coger esa misma mazorca y tirarla lejos esperando acertar antes de que sea tarde para seguir el juego. Hoy en día estamos mal acostumbrados o tal vez, la costumbre que nos ha ido cediendo la inercia de la vida, sea otra que tal vez preferimos, pero de seguro, no queremos, pues el inconformismo en quienes nos damos cuenta de la maldad que hay en las calles, en los países, lo mal que van los océanos, el cambio que vemos en nuestro clima y la pobreza de nuestras tierras por la falta de agua, hace que seamos otros individuos, más competitivos, pisando al que tenemos al lado si eso nos va a hacer más fuertes, en vez de apoyar al que tenemos al lado para hacernos fuertes los dos y compartir el poco tiempo que nos queda en algo productivo, ya que todo lo que hacemos hoy en día no nos da tranquilidad. El trabajo, la casa, la familia, es una rutina en la cual nos vemos sumergidos por la propia evolución de nuestros días, en la que hacemos posible el bienestar a pesar de los quebraderos de cabeza innecesarios a los que nos sometemos cada vez que vamos a levantarnos para ir a trabajar y cargar con una responsabilidad que ya no valoramos, que hacemos por pura mera forma de vivir, en una sociedad consumista que nos embebe con toda la publicidad que podemos aguantar, siendo el comercio injusto, por los alimentos y por todo lo que hoy en día podemos llevarnos a la boca, lo que provoca que estos cuerpos se resientan y sean menos sanos, hasta el punto de saber que la propia vida se nos va de las manos porque no hay otros recursos a los que podemos optar, ya que no tenemos medios, pues somos los pobres los que debemos de luchar cada día con el peso de la injusticia, la injusticia que nos obligan a permanecer callados y con la cabeza baja como si fuésemos borregos a los que hemos de obligar a que sigan en el redil, en ese redil que rodeado de ricos y de propiamente adinerados, nos roben el tiempo a cambio de algo, invirtiendo ese tiempo en algo que no nos gusta, por eso, hemos de mirar a la tranquilidad de nuestra mente, para que esas cosas que hacen que nos sintamos mal por el agobio de un día estresado de trabajo, sea solo el cambio para que nos tomemos con ganas, con ilusión, muchas cosas que hay que aceptar para poder vivir y seguir en esta supervivencia, aunque no nos guste, pero disimulando muy bien, pues esa tranquilidad mental, esa propia satisfacción que podemos hacer nuestra con toda la parte positiva de la mente que trabaja con tanta información, encuentre en algún momento de nuestro día el posible regalo de un poco de tiempo para soñar y ver que por lo menos, todo el trabajo merecedor de nuestra subsistencia, tenga un sentido propio en el interior de nuestro inconsciente, pues si acostumbramos a la mente a realizar tareas con buena gana, con la propia positividad que merecemos para soslayar el tiempo que regalamos a nuestros gobernantes y hacer caso omiso de todo lo que hay en ellos, en un mundo en el que gobernantes y gobernados se llevan muy distintamente la proporcionalidad económica por haber nacido en un barrio u otro, por oportunidades que entre los que hacemos posible esa ayuda y entre los que nos quitan y pisan y pasan por encima nuestro para beneficiarse, es hacer entender que cada uno asume sus riesgos y yo elijo sonreír a la mañana para que por la tarde pueda tener la tranquilidad de saber que por lo menos existo y no hay nadie por encima de mi que pueda molestarme por sentirme bien, satisfecho con lo puesto y contento por saber que tendré que sonreír otra vez a la mañana para poder hacer posible el juego de la vida, de la que somos testigos de nosotros mismos y valoramos nuestro esfuerzo por el respeto que nos tenemos y por la gratitud que podamos regalar a cada uno de los que se presentan en nuestro preciado tiempo.

sábado, 22 de abril de 2017

El trasfondo y la transparencia.

      Las vidas que hay en el planeta no las miramos con buenos ojos, ya que cada uno mira su propio reflejo, aunque a veces pintemos en el cristal de la apariencia lo que quisiéramos ver, y menos aun, quisiéramos saber de alguna persona, ya que hasta nos incomoda la apariencia que evoquemos en cada segundo, en ese tiempo que vivimos, dejando a un lado las apreciaciones indiscretas y centrándonos en la cordialidad que hemos de ver verdaderamente en nosotros, dejando de centrarnos en ese pequeño segundo, incómodo o no, para hacer posible ese propósito merecedor de las mejores palabras, siendo el saber decir y el saber hacer las cosas en cualquier ámbito, pues holísticamente, el parecido de una ciencia con otra, hasta completar el encauce que en cualquier sujeto provoca la persuasión, es entretejer entre los presentes una trama para deliberar en la exclusión una propia idea. Ese concepto de poder como maestro, al incidir en la sabiduría de otro para completar el argumento especificativo en el que relata todo lo que se debería de aprender, depende del punto de vista en el que podemos diferenciar que manera de enseñar es mejor cuando la curiosidad aumenta entre los que deben de saber estudiar y no de quienes en sus inmensas apariencias buscan en ese fondo de armario una razón por la que usar la propia verdad que tan divinamente nos hemos planteado, pues veces hay que saber hasta donde llegar y otras hasta donde se puede llegar, pues en el trasfondo de nuestra fuerza interior vemos como ese reflejo del que nos habíamos enamorado solo era la parte de esa transparencia que nos dejo pasar hasta ver qué es lo que hay en otros, para ponernos en la situación de alerta para cuando vemos la acción que deseamos, fluyendo a raudales y encauzando esa espontaneidad que emerge de lo mas profundo para dar sentido a quien está enfrente, dejándonos la imagen de lo que vemos en lo más cercano a esos segundos que pasan y dejan su sabiduría en ese pequeño concepto que antes solo habíamos oído desde muy lejos, siendo ahora cuando place la tranquilidad en el desmesurado contexto de posibles situaciones, entre unos y otros, entre uno mismo y su reflejo, que en el fondo es la transparencia con la que hablas, y en su trasfondo el infinito resultado de miles de millones de posibilidades, hasta rendir a los cómplices del aire y amigos del agua un placido recibimiento que nos lleva hasta lo mas profundo de las entrañas del mismísimo sinfín de las profundidades del universo, contemplando ese punto al que debemos llegar y del cual solo queda ese pequeño espacio de tiempo, guardado para disfrutar del ensueño, y consagrando cada parecer propio a la misma idea que surgió de la propia consciencia. El agrado de poder idealizar el consuelo de unas pocas veces, sabiendo como es la propia fortuna que emprende un deseo alcanzando su plenitud, nos hace pensar a veces que nos ponemos a pensar hasta donde hemos de dar sentido a nuestras palabras, dando el mismo tiempo que hay para entender, lo propio de cada uno para hacer posible la lógica condición de espontaneo, donde la realidad que evocas cuando las prisas no son llevaderas. Las propias palabras harán posible volver a saber donde poner la intención, que demuestre la propia inercia que llevamos dentro de nuestro tiempo, para ver hasta donde llegar con los que hacen posible nuestras propias andadurias por los lares de nuestros devenires o nuestros conceptos que sabemos que ponemos de trasfondo para hacer transparente la propia sensualidad que nos arremete constantemente el la publicidad, pues bombardean con un montón de anagramas que durante toda la sesión televisiva subliminalmente nos reitera que la sensualidad y ese lado femenino de igualdad o masculino y modernidad, haciendo que exploten en la cabeza un montón de cosas que no queremos ni pensar, aunque los problemas en los que vemos reflejado nuestros pensamientos, cada vez que se nos enciende la luz y vemos más allá de nuestras propias narices, el resplandor al llegar al final del túnel solo es la parte en la que viajas, y en la propia parte en la que embriagado, reiteras tus propias sensaciones a la permisiva espontaneidad, rompiendo tabúes y recreando las propias locuras que se nos acercan despacito por encima de la nariz, y vemos que la propia herida que repercute en la situación de vivir cada uno su aventura, sin tapujos ni contrapartidas en las que no veamos el provecho funcional, ademas de reforzar el ímpetu en la alegría de confraternizar con el propio ser que uno mismo, adaptando al medio en el que hace posible sus controversias con el mundo, la separación de la violencia que pudiera provocar o de la complicidad que busca respuestas al adquirir ese semblante hipotético en el que nos recreamos, para hacer posible otra vez mas, el encuentro con la ventura de cada decisión que tomamos para seguir adelante, sabiendo que cada vez que no estés en tu centro de gravedad y veas hasta donde puede llegar tu verdadero ego, esa manera de vislumbrar entre los propios y espontáneos momentos en los que dieras a lo largo de tu propia trayectoria, será el compás de las palabras que quieras buscar en la inmensidad y en la lejana distancia propia del camino que empiezas y no tiene fin.

domingo, 16 de abril de 2017

El destierro de lo inaudito.

       Las polaridades que nos sumergen en un abismo, las perpetradas barbaridades que nos hacen ir por donde queremos y cuando queremos, simplemente, las ocurrencias que nos dan la oportunidad de ir lejos y abrazar cada cierto tiempo el viaje que nos hace sentir plenos, para hacer posible que entre los acertijos de las mesuradas adivinanzas, los posibles enigmas que rompieron y vieron la luz afianzarán una fuerza mayor a la victoria, que una vez hecha a nuestra medida, veremos en cada retablo de la inercia en ese tiempo que nos desvela donde y cuando estamos, pues a veces, sin darnos cuenta de la percepción de donde estamos, decimos cosas que nos dejan perplejos a nosotros y a los que están alrededor, para conceptuar que en ningún momento se a dicho nada y que esto no ha ocurrido, siendo la forma de tomar el poder quien tan inteligentemente ha pronunciado las palabras mágicas, para dejarnos como si lo que hubiera que decir lo dijese él solamente, y así tomar las riendas con un ultimátum para dejarnos perplejos con la misma intención con la que partió para tomar a si mismo el encauce en una decisión que solo nos incumbe al grupo y no a quien de alguna manera quisiera hacerse el ofendido para irse lejos después, con los despojos de las condescendientes añoranzas que fuera de nosotros vuelven otra vez para sentir que no es justo verse en un plantel por comentar, que solo supo decir una coherencia propia de quien no sabe todavía del problema que a medias se le ha contado, pues las versiones de cada uno será el resultado del conflicto que emerge, antes de incidir en la llaga que fue hundida por un dedo, pero aun peor es cuando no sabes a donde y a quien dirigirte en las vueltas de la vida, mandándote a ir lejos para no volver, ya que las desmesuradas palabras que acopiaron más de una vez en un breve espacio de tiempo, dieron como resultado el mejor de los sentimientos que nos envuelven en el alma, para dar por sentado que las veces que hacemos de personas con un entendimiento más razonado, te pregunta si tuvo algo que ver el que recurrieras al daño para decir sandeces, y es entonces cuando empiezas con otra idea, antes de irte lejos para que no volvieras a tropezar con las palabras que has de decir y las que no, y así, lejos de donde puedes estar, estas de nuevo, con tu aventura, con tus palabras, con tus quehaceres, y fiestas muy de vez en cuando, aunque quienes de verdad debieran de tener una preocupación menos por decir lo que se piensa, es porque te acuerdas de las veces en las que no aceptaste un comentario para dar sentido a lo que tu pensabas, a lo que tu sin querer fueses el que destierra a la mente al pérfido malestar de la irreverencia hacia lo desconocido, al miedo que nos da enfrentarnos a lo que no sabemos, poniendo un poco de lo que conocemos para hacer posible ese entendimiento, hasta el punto en el que las palabras no te hagan hablar de más y de menos, aun haciendo estragos entre los que de manera fortuita surgieron de las profundidades de la vida para empezar de nuevo, gracias al entramado de las conciencias plenas que nos proporciona sabiduría, o tal vez, la voz que esas conciencias que desean revelar, solo sea el ápice de un montón de sensaciones y bendiciones que nos regalan por haber entendido que el percance de buscar un conflicto no es lo mismo que encontrárselo, y aun a sabiendas de que el problema pudiera resultar incómodo, preferimos dejarlo para que en cualquier momento en el que nos hagamos cómplices de ese inaceptable comentario, las veces en las que nos damos cuenta de la forma de otras personas que nos han sufragado las posibles veces en las que intervenimos, tantas veces como sea para aprender a llevar la cabeza bien alta para no dejarnos llevar por la deshonestidad de otras personas que buscan en donde no hay, y las posibilidades de dar y reconocer un pretexto para incidir en ese comentario que duele y destroza la estima, que tan cuidadosamente y celosamente guardamos en nuestro interior, antes de saber que las propias palabras que nos enseñan a ser persona, no sea impedimento en el bien estar de la vida, pues en cada vez que sabemos que hemos de dejar ir y dejar partir, esa perpleja sensación al ver en los ojos de los demás una chispa de envidia, son las veces en las que nos paramos a pensar y vemos que la incomodidad acentúa la sensación de discordia pues no podemos, delante de los que no entienden sobre modales, hacer posible una comunicación fluida y extensa, a pesar de que en la vida hay gente que se va lejos, que se aleja de nuestro entorno y de nuestra forma de hacer las cosas, ya que cada uno sabe qué hacer, delante y detrás de cada espejo que refleja lo cotidiano en ese pequeño instante en el que vemos la posibilidad de crecer, pues todos no lo entienden, muchos no saben que hacer o que decir delante de palabras dañinas, pero el que las dijo y se fue lejos por su desmesurada codicia y anhelo de reconocimientos, pasará la vida en busca de su reconciliación con los que de alguna manera lo mandaron lejos de esa socialización que hemos de entender por el mero hecho de que vivimos en sociedad, hasta que el antisocial reverbere en su propia voz y pensamiento, la capacidad de imponer la locura de un pretexto para saber que en esa condición humana solo queda esperar la agresividad, hasta que el propio destierro de los demandantes de tranquilidad, y lleven a su personaje lejos de donde pudiera incidir para echarlo lejos de cada rincón que queda entre las esquinas del deseado entorno en donde residimos.

jueves, 13 de abril de 2017

La irremediable comedia de abismo.

      La imparable constancia de los sueños nos lleva a conocer el silencio, pues después de arrebatar a la vida todos los encantos propios del poder decir las cosas, y de apegarte a la tierra sin conocer siquiera el movimiento de sus entrañas, ni tan siquiera conocer el límite que habita entre el hilo de la espiritualidad y las plantas de los pies pegadas a la tierra, con las manos tocando el suelo y sintiendo las palmas de las manos pegadas a la vida y a la divinidad, una en cada mano, y haciendo de los límites perdidos en la consciencia que recuerda un hábitat en el que somos constantes devaneo de incertidumbres por la actividad que ejercen en el encéfalo al mirar más allá de la propia nariz y condensar el hilo convertido en cometa de la conexión propia del aire que condensa tu propia esencia en la sutilidad del mapa que creó las propias estrellas que ahora miramos y no sabemos si ese arquitecto que forjó el silencio, diera mas certeza en a constancia que perpetramos en una consciencia inferior, mirada desde lo mas alto y viendo el reflejo de tu límite al no poner tus abismos en destierro de la propia esencia que nos envuelve entre las ropas y las propias ropas que nos atan a la vida, para dar por hecho que entre los momentos que somos capaces de elegir por donde ir para saber que encontramos soluciones para todo, alrededor de la vida que nos depara el mejor de los viajes hacia ese abismo que queremos cerca a veces, cuando entre los recovecos de la constancia que reflejamos en cada vez que nos acercamos y miramos más allá de ese propio espejo, al mirar por encima del hombro y ver que no era acertado, que la ventana que da a ese reflejo vemos distanciar una luz, a la vez que nos preguntamos que será, y sin luces en el pasillo ese reflejo del espejo en la ventana, hizo entender que la luz que sin querer surcó los cielos era un meteoro verde que se estrelló en la atmósfera justo en el momento adecuado para verlo y disfrutarlo, con la propia sensación de ver que ese abismo que se había construido era la sensación de la Tierra que se dividiera en pedazos y quedaran separados, unos de los otros, los cimientos que sujetan la global armonía del planeta Tierra.
      Esa sensación que se nos queda cuando cruzamos nuestro abismo, cuando cruzamos nuestros problemas y nos vemos en la misma encrucijada que resolvemos con la alegría digna de cualquier momento, en esa sensación quedaría bien añadir el antes y el después, para que en ese ahora tengamos una historia que contar y es en ese abismo, cuando decidimos afrontar la realidad que sumergida en un pozo de fantasías, del que surgieran un montón de nuevos sueños hechos realidad, en los que apoderándonos de las riendas, desbocados o no, nos llevan hacia esa aventura que por empeño y deseo, nos hace entender que hay momentos en el abismo que perpetra hacernos reír ya que esa inmensidad la conocemos y nos produce la satisfacción de ver que es posible entender la vida con los regalos de los momentos que nos pertenecen y cualquier caricia de los rayos del Sol nos hace sentirnos dignos de vivir y sonreír, ya que un abismo es solo un lugar en el que imaginamos y nos damos por vencidos al tratar de cruzar al otro lado, sin saber que es posible caminar entre las sombras con una luz, con la propia luz nacida de la esencia que nos desvela que somos capaces de ver por donde subir y por donde salir de ese encontronazo con el abismo que separa humanidades. En las idas y venidas que hacemos continuamente por esos abismos, no nos damos cuenta y pasamos la mayor parte del tiempo viendo en nosotros mismos, sin darnos cuenta, pues el que está enfrente tiene todo lo que hace falta para entender, para saltar y afrontar una situación en la que el impulso de querer aferrarte a la cotidianidad y ver qué es posible cambiar teniendo todo en su sitio, hace que en una introspección veamos el resultado, y si, variamos poco en esas rutinas que nos embeben, aunque ahora podemos, al cruzar el abismo, hacer que ese sueño que queríamos y que esa alegría que necesitamos solo sea eso, el placer de reír por todo lo que en ese abismos encuentras, sabiendo que moverte entre las sombras que en él habitan, quedarán mejor o peor situados dentro de tus propios abismos cuando el temor de la hipocresía desaparece y lo quitamos de nuestro vocabulario, para hacer posible el entendimiento entre semejantes que han dado lo mejor de si para que en ese momento solo sea el placer de amar a la alegría lo que inunde ese irremediable abismo en el que tendremos que afrontar nuestras debilidades para hacernos fuerte.

domingo, 9 de abril de 2017

La suspicacia de elegirte.

      En la inmensidad del universo encontramos algo parecido a la vida, pero aquí, vivimos para contar con cada uno que se asemeja a la condición de amigo, de compañero o de familiar, incluso de conocido, para poder hacer posible el encuentro diario de los retales de la consciencia que nos evoca pasar un poco inadvertidos por la constancia de cada proceso en el que evolucionamos como personas. En lo más recóndito del universo podemos recrear a nuestra imagen y semejanza cada parte de nosotros mismo o de lo que imaginamos, pues entre los que hacen posible un sueño y los que de verdad nos importa, preferimos dar una mano, tender un brazo o apoyar en un hombro, pues entre semejantes nos diferencian muchas cosas pero nos hacen parecer algo más que un simple concepto en la inmensidad, pues es preferible imaginar aquí y ahora que simplificarnos con condicionantes que nos dan o nos prestan, ya que tentar a la suerte sería solo el principio y dar por sentado que cada uno de los preceptos que nos difieren a la hora de conceptuar es parte de una idea que ha surgido de una establecida condición. Esa forma de ver que hay en cada uno cuando hacemos la pantomima de que algo nos gusta, o cuando miramos alrededor y vemos que entre los que han de ser dignos de confianza, el término medio es saber que verdaderamente estamos dando el parecido a lo que nos gusta a nosotros, sin pararnos a pensar hasta que damos en la igualdad de gustos y parecidos, ya que hemos de centrarnos en tratar cada vez que nos ponemos de acuerdo en algo que verdaderamente valga la pena, mientras pasan los días y ves qué hay entre lo que quieres oír y lo que escuchas. Cada vez que esa inercia que nos acompasa entre un paso y otro y la voz que nos comenta en silencio una melodía que enreda tus pensamientos, para ser un vivo retrato de la alegría que en esa vuelta encuentras, cuando le das la mano a la paciencia y te sientas para respirar, y hacer del momento, único y especial encuentro con ese pequeño instante en el que hacemos posible la tranquilidad que nos regala la tarde y del placer que nos evoca el sentirnos cómodos, para dar y ser lo mejor que nos pudiéramos regalar en cualquier momento. Para esa inercia, el regocijo de ver en cada vez que nos levantamos de un simple momento, el gozo de ver que si, que verdaderamente eres capaz de levantarte por ti mismo, por tus propios medios, para saber cuando hay que actuar y cuando hay que decidir, para seguir actuando. Cada vez que nos hacemos mejores delante de tus propios consejos, ves que aprendes de lo que tienes alrededor, personas, hechos y palabras que forjaron una digna manera de hacer posible un encuentro con tus propios recuerdos que hicieron posible una vez más, el encuentro con los pasos del tiempo que te llevaron lejos, pero cerca de ti en tu propia gravedad, dada por la maestría que desvela tus actos y tu consciencia espiritual, para llegar hacia esa divinidad que llaman presente, pues es de agradecer que quienes están entre tus momentos en los que aprendiste, ahora sabrás qué herramientas has de utilizar en cada vez que haga falta sacar el ingenio y la creatividad y ver hasta donde llegan tus comentarios y hasta donde llegan tus aciertos, pues veces, antes de actuar y sentirnos útiles por el mero hecho de participar, el juego en el que el acertijo da por sentado que sigue la senda del encuentro mágico con los carteles pegados a los árboles que hay en el mapa que vemos y seguimos para llegar lejos entre los que parecen que están cerca, ya que cada vez que nos acercamos a alguien, se aleja por la misma forma en la que prefieren estar en su espacio y no en comunión con algo que no te aporte, pues estar con alguien es estar para seguir haciendo lo que has ido a hacer, pues es preferible seguir siendo el mismo que quieres ser y del cual te has dado cuenta que tienes que cambiar, que tienes que fijar otras expectativas y mirar a otro horizonte y sacar el pecho y saltar hacia lo alto, para que encontremos un lugar en el que solo hacemos posible aprender de la vida y de aquellos que nos dieron un empujón para cambiar, y del que aprendimos que hay que seguir para llegar lejos y fomentar esos valores que preferimos mantener ante la singularidad de los demás inadaptados, esos que aportan agresividad y fanatismo hacia quienes son los que semejantes o no, vivimos en un mundo en el que el valor a respetar nos hace dignos, el valor de no juzgar nos hace dichosos, el valor de sonreír nos hace alegres y el valor de la razón nos hace personas para que compartamos ejemplos y nos demos cuenta de las ventajas que han de fijarse en una naturalidad y sentido propio que le ofrecemos al instante en el que actuamos para hacer posible ese entendimiento pues siempre hay algo mejor que hacer, aportar y sobre todo intercambiar cuando sin querer nos damos cuenta de que perdemos un poco de interés por la situación y veces perdemos la esperanza de entender por qué las personas que nos rodean son como son y no como queremos, ya que el esfuerzo en querer lo que queramos de los demás es imposible ademas de incierto aunque cuando lo tenemos nos hacemos dichosos de compartir un poco de tiempo mientras el susurro de la vida nos nos desvela que hay mucha cosas por las que luchar cada vez que asumimos un riesgo.