sábado, 22 de abril de 2017

El trasfondo y la transparencia.

      Las vidas que hay en el planeta no las miramos con buenos ojos, ya que cada uno mira su propio reflejo, aunque a veces pintemos en el cristal de la apariencia lo que quisiéramos ver, y menos aun, quisiéramos saber de alguna persona, ya que hasta nos incomoda la apariencia que evoquemos en cada segundo, en ese tiempo que vivimos, dejando a un lado las apreciaciones indiscretas y centrándonos en la cordialidad que hemos de ver verdaderamente en nosotros, dejando de centrarnos en ese pequeño segundo, incómodo o no, para hacer posible ese propósito merecedor de las mejores palabras, siendo el saber decir y el saber hacer las cosas en cualquier ámbito, pues holísticamente, el parecido de una ciencia con otra, hasta completar el encauce que en cualquier sujeto provoca la persuasión, es entretejer entre los presentes una trama para deliberar en la exclusión una propia idea. Ese concepto de poder como maestro, al incidir en la sabiduría de otro para completar el argumento especificativo en el que relata todo lo que se debería de aprender, depende del punto de vista en el que podemos diferenciar que manera de enseñar es mejor cuando la curiosidad aumenta entre los que deben de saber estudiar y no de quienes en sus inmensas apariencias buscan en ese fondo de armario una razón por la que usar la propia verdad que tan divinamente nos hemos planteado, pues veces hay que saber hasta donde llegar y otras hasta donde se puede llegar, pues en el trasfondo de nuestra fuerza interior vemos como ese reflejo del que nos habíamos enamorado solo era la parte de esa transparencia que nos dejo pasar hasta ver qué es lo que hay en otros, para ponernos en la situación de alerta para cuando vemos la acción que deseamos, fluyendo a raudales y encauzando esa espontaneidad que emerge de lo mas profundo para dar sentido a quien está enfrente, dejándonos la imagen de lo que vemos en lo más cercano a esos segundos que pasan y dejan su sabiduría en ese pequeño concepto que antes solo habíamos oído desde muy lejos, siendo ahora cuando place la tranquilidad en el desmesurado contexto de posibles situaciones, entre unos y otros, entre uno mismo y su reflejo, que en el fondo es la transparencia con la que hablas, y en su trasfondo el infinito resultado de miles de millones de posibilidades, hasta rendir a los cómplices del aire y amigos del agua un placido recibimiento que nos lleva hasta lo mas profundo de las entrañas del mismísimo sinfín de las profundidades del universo, contemplando ese punto al que debemos llegar y del cual solo queda ese pequeño espacio de tiempo, guardado para disfrutar del ensueño, y consagrando cada parecer propio a la misma idea que surgió de la propia consciencia. El agrado de poder idealizar el consuelo de unas pocas veces, sabiendo como es la propia fortuna que emprende un deseo alcanzando su plenitud, nos hace pensar a veces que nos ponemos a pensar hasta donde hemos de dar sentido a nuestras palabras, dando el mismo tiempo que hay para entender, lo propio de cada uno para hacer posible la lógica condición de espontaneo, donde la realidad que evocas cuando las prisas no son llevaderas. Las propias palabras harán posible volver a saber donde poner la intención, que demuestre la propia inercia que llevamos dentro de nuestro tiempo, para ver hasta donde llegar con los que hacen posible nuestras propias andadurias por los lares de nuestros devenires o nuestros conceptos que sabemos que ponemos de trasfondo para hacer transparente la propia sensualidad que nos arremete constantemente el la publicidad, pues bombardean con un montón de anagramas que durante toda la sesión televisiva subliminalmente nos reitera que la sensualidad y ese lado femenino de igualdad o masculino y modernidad, haciendo que exploten en la cabeza un montón de cosas que no queremos ni pensar, aunque los problemas en los que vemos reflejado nuestros pensamientos, cada vez que se nos enciende la luz y vemos más allá de nuestras propias narices, el resplandor al llegar al final del túnel solo es la parte en la que viajas, y en la propia parte en la que embriagado, reiteras tus propias sensaciones a la permisiva espontaneidad, rompiendo tabúes y recreando las propias locuras que se nos acercan despacito por encima de la nariz, y vemos que la propia herida que repercute en la situación de vivir cada uno su aventura, sin tapujos ni contrapartidas en las que no veamos el provecho funcional, ademas de reforzar el ímpetu en la alegría de confraternizar con el propio ser que uno mismo, adaptando al medio en el que hace posible sus controversias con el mundo, la separación de la violencia que pudiera provocar o de la complicidad que busca respuestas al adquirir ese semblante hipotético en el que nos recreamos, para hacer posible otra vez mas, el encuentro con la ventura de cada decisión que tomamos para seguir adelante, sabiendo que cada vez que no estés en tu centro de gravedad y veas hasta donde puede llegar tu verdadero ego, esa manera de vislumbrar entre los propios y espontáneos momentos en los que dieras a lo largo de tu propia trayectoria, será el compás de las palabras que quieras buscar en la inmensidad y en la lejana distancia propia del camino que empiezas y no tiene fin.

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