Las
vidas que hay en el planeta no las miramos con buenos ojos, ya que
cada uno mira su propio reflejo, aunque a veces pintemos en el
cristal de la apariencia lo que quisiéramos ver, y menos aun,
quisiéramos saber de alguna persona, ya que hasta nos incomoda la
apariencia que evoquemos en cada segundo, en ese tiempo que vivimos,
dejando a un lado las apreciaciones indiscretas y centrándonos en la
cordialidad que hemos de ver verdaderamente en nosotros, dejando de
centrarnos en ese pequeño segundo, incómodo o no, para hacer
posible ese propósito merecedor de las mejores palabras, siendo el
saber decir y el saber hacer las cosas en cualquier ámbito, pues
holísticamente, el parecido de una ciencia con otra, hasta completar
el encauce que en cualquier sujeto provoca la persuasión, es
entretejer entre los presentes una trama para deliberar en la
exclusión una propia idea. Ese concepto de poder como maestro, al
incidir en la sabiduría de otro para completar el argumento
especificativo en el que relata todo lo que se debería de aprender,
depende del punto de vista en el que podemos diferenciar que manera
de enseñar es mejor cuando la curiosidad aumenta entre los que deben
de saber estudiar y no de quienes en sus inmensas apariencias buscan
en ese fondo de armario una razón por la que usar la propia verdad
que tan divinamente nos hemos planteado, pues veces hay que saber
hasta donde llegar y otras hasta donde se puede llegar, pues en el
trasfondo de nuestra fuerza interior vemos como ese reflejo del que
nos habíamos enamorado solo era la parte de esa transparencia que
nos dejo pasar hasta ver qué es lo que hay en otros, para ponernos
en la situación de alerta para cuando vemos la acción que deseamos,
fluyendo a raudales y encauzando esa espontaneidad que emerge de lo
mas profundo para dar sentido a quien está enfrente, dejándonos la
imagen de lo que vemos en lo más cercano a esos segundos que pasan y
dejan su sabiduría en ese pequeño concepto que antes solo habíamos
oído desde muy lejos, siendo ahora cuando place la tranquilidad en
el desmesurado contexto de posibles situaciones, entre unos y otros,
entre uno mismo y su reflejo, que en el fondo es la transparencia con
la que hablas, y en su trasfondo el infinito resultado de miles de
millones de posibilidades, hasta rendir a los cómplices del aire y
amigos del agua un placido recibimiento que nos lleva hasta lo mas
profundo de las entrañas del mismísimo sinfín de las profundidades
del universo, contemplando ese punto al que debemos llegar y del cual
solo queda ese pequeño espacio de tiempo, guardado para disfrutar
del ensueño, y consagrando cada parecer propio a la misma idea que
surgió de la propia consciencia. El agrado de poder idealizar el
consuelo de unas pocas veces, sabiendo como es la propia fortuna que
emprende un deseo alcanzando su plenitud, nos hace pensar a veces que
nos ponemos a pensar hasta donde hemos de dar sentido a nuestras
palabras, dando el mismo tiempo que hay para entender, lo propio de
cada uno para hacer posible la lógica condición de espontaneo,
donde la realidad que evocas cuando las prisas no son llevaderas. Las
propias palabras harán posible volver a saber donde poner la
intención, que demuestre la propia inercia que llevamos dentro de
nuestro tiempo, para ver hasta donde llegar con los que hacen posible
nuestras propias andadurias por los lares de nuestros devenires o
nuestros conceptos que sabemos que ponemos de trasfondo para hacer
transparente la propia sensualidad que nos arremete constantemente el
la publicidad, pues bombardean con un montón de anagramas que
durante toda la sesión televisiva subliminalmente nos reitera que la
sensualidad y ese lado femenino de igualdad o masculino y modernidad,
haciendo que exploten en la cabeza un montón de cosas que no
queremos ni pensar, aunque los problemas en los que vemos reflejado
nuestros pensamientos, cada vez que se nos enciende la luz y vemos
más allá de nuestras propias narices, el resplandor al llegar al
final del túnel solo es la parte en la que viajas, y en la propia
parte en la que embriagado, reiteras tus propias sensaciones a la
permisiva espontaneidad, rompiendo tabúes y recreando las propias
locuras que se nos acercan despacito por encima de la nariz, y vemos
que la propia herida que repercute en la situación de vivir cada uno
su aventura, sin tapujos ni contrapartidas en las que no veamos el
provecho funcional, ademas de reforzar el ímpetu en la alegría de
confraternizar con el propio ser que uno mismo, adaptando al medio en
el que hace posible sus controversias con el mundo, la separación de
la violencia que pudiera provocar o de la complicidad que busca
respuestas al adquirir ese semblante hipotético en el que nos
recreamos, para hacer posible otra vez mas, el encuentro con la
ventura de cada decisión que tomamos para seguir adelante, sabiendo
que cada vez que no estés en tu centro de gravedad y veas hasta
donde puede llegar tu verdadero ego, esa manera de vislumbrar entre
los propios y espontáneos momentos en los que dieras a lo largo de
tu propia trayectoria, será el compás de las palabras que quieras
buscar en la inmensidad y en la lejana distancia propia del camino
que empiezas y no tiene fin.
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