domingo, 16 de abril de 2017

El destierro de lo inaudito.

       Las polaridades que nos sumergen en un abismo, las perpetradas barbaridades que nos hacen ir por donde queremos y cuando queremos, simplemente, las ocurrencias que nos dan la oportunidad de ir lejos y abrazar cada cierto tiempo el viaje que nos hace sentir plenos, para hacer posible que entre los acertijos de las mesuradas adivinanzas, los posibles enigmas que rompieron y vieron la luz afianzarán una fuerza mayor a la victoria, que una vez hecha a nuestra medida, veremos en cada retablo de la inercia en ese tiempo que nos desvela donde y cuando estamos, pues a veces, sin darnos cuenta de la percepción de donde estamos, decimos cosas que nos dejan perplejos a nosotros y a los que están alrededor, para conceptuar que en ningún momento se a dicho nada y que esto no ha ocurrido, siendo la forma de tomar el poder quien tan inteligentemente ha pronunciado las palabras mágicas, para dejarnos como si lo que hubiera que decir lo dijese él solamente, y así tomar las riendas con un ultimátum para dejarnos perplejos con la misma intención con la que partió para tomar a si mismo el encauce en una decisión que solo nos incumbe al grupo y no a quien de alguna manera quisiera hacerse el ofendido para irse lejos después, con los despojos de las condescendientes añoranzas que fuera de nosotros vuelven otra vez para sentir que no es justo verse en un plantel por comentar, que solo supo decir una coherencia propia de quien no sabe todavía del problema que a medias se le ha contado, pues las versiones de cada uno será el resultado del conflicto que emerge, antes de incidir en la llaga que fue hundida por un dedo, pero aun peor es cuando no sabes a donde y a quien dirigirte en las vueltas de la vida, mandándote a ir lejos para no volver, ya que las desmesuradas palabras que acopiaron más de una vez en un breve espacio de tiempo, dieron como resultado el mejor de los sentimientos que nos envuelven en el alma, para dar por sentado que las veces que hacemos de personas con un entendimiento más razonado, te pregunta si tuvo algo que ver el que recurrieras al daño para decir sandeces, y es entonces cuando empiezas con otra idea, antes de irte lejos para que no volvieras a tropezar con las palabras que has de decir y las que no, y así, lejos de donde puedes estar, estas de nuevo, con tu aventura, con tus palabras, con tus quehaceres, y fiestas muy de vez en cuando, aunque quienes de verdad debieran de tener una preocupación menos por decir lo que se piensa, es porque te acuerdas de las veces en las que no aceptaste un comentario para dar sentido a lo que tu pensabas, a lo que tu sin querer fueses el que destierra a la mente al pérfido malestar de la irreverencia hacia lo desconocido, al miedo que nos da enfrentarnos a lo que no sabemos, poniendo un poco de lo que conocemos para hacer posible ese entendimiento, hasta el punto en el que las palabras no te hagan hablar de más y de menos, aun haciendo estragos entre los que de manera fortuita surgieron de las profundidades de la vida para empezar de nuevo, gracias al entramado de las conciencias plenas que nos proporciona sabiduría, o tal vez, la voz que esas conciencias que desean revelar, solo sea el ápice de un montón de sensaciones y bendiciones que nos regalan por haber entendido que el percance de buscar un conflicto no es lo mismo que encontrárselo, y aun a sabiendas de que el problema pudiera resultar incómodo, preferimos dejarlo para que en cualquier momento en el que nos hagamos cómplices de ese inaceptable comentario, las veces en las que nos damos cuenta de la forma de otras personas que nos han sufragado las posibles veces en las que intervenimos, tantas veces como sea para aprender a llevar la cabeza bien alta para no dejarnos llevar por la deshonestidad de otras personas que buscan en donde no hay, y las posibilidades de dar y reconocer un pretexto para incidir en ese comentario que duele y destroza la estima, que tan cuidadosamente y celosamente guardamos en nuestro interior, antes de saber que las propias palabras que nos enseñan a ser persona, no sea impedimento en el bien estar de la vida, pues en cada vez que sabemos que hemos de dejar ir y dejar partir, esa perpleja sensación al ver en los ojos de los demás una chispa de envidia, son las veces en las que nos paramos a pensar y vemos que la incomodidad acentúa la sensación de discordia pues no podemos, delante de los que no entienden sobre modales, hacer posible una comunicación fluida y extensa, a pesar de que en la vida hay gente que se va lejos, que se aleja de nuestro entorno y de nuestra forma de hacer las cosas, ya que cada uno sabe qué hacer, delante y detrás de cada espejo que refleja lo cotidiano en ese pequeño instante en el que vemos la posibilidad de crecer, pues todos no lo entienden, muchos no saben que hacer o que decir delante de palabras dañinas, pero el que las dijo y se fue lejos por su desmesurada codicia y anhelo de reconocimientos, pasará la vida en busca de su reconciliación con los que de alguna manera lo mandaron lejos de esa socialización que hemos de entender por el mero hecho de que vivimos en sociedad, hasta que el antisocial reverbere en su propia voz y pensamiento, la capacidad de imponer la locura de un pretexto para saber que en esa condición humana solo queda esperar la agresividad, hasta que el propio destierro de los demandantes de tranquilidad, y lleven a su personaje lejos de donde pudiera incidir para echarlo lejos de cada rincón que queda entre las esquinas del deseado entorno en donde residimos.

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