Las
polaridades que nos sumergen en un abismo, las perpetradas
barbaridades que nos hacen ir por donde queremos y cuando queremos,
simplemente, las ocurrencias que nos dan la oportunidad de ir lejos y
abrazar cada cierto tiempo el viaje que nos hace sentir plenos, para
hacer posible que entre los acertijos de las mesuradas adivinanzas,
los posibles enigmas que rompieron y vieron la luz afianzarán una
fuerza mayor a la victoria, que una vez hecha a nuestra medida,
veremos en cada retablo de la inercia en ese tiempo que nos desvela
donde y cuando estamos, pues a veces, sin darnos cuenta de la
percepción de donde estamos, decimos cosas que nos dejan perplejos a
nosotros y a los que están alrededor, para conceptuar que en ningún
momento se a dicho nada y que esto no ha ocurrido, siendo la forma de
tomar el poder quien tan inteligentemente ha pronunciado las palabras
mágicas, para dejarnos como si lo que hubiera que decir lo dijese él
solamente, y así tomar las riendas con un ultimátum para dejarnos
perplejos con la misma intención con la que partió para tomar a si
mismo el encauce en una decisión que solo nos incumbe al grupo y no
a quien de alguna manera quisiera hacerse el ofendido para irse lejos
después, con los despojos de las condescendientes añoranzas que
fuera de nosotros vuelven otra vez para sentir que no es justo verse
en un plantel por comentar, que solo supo decir una coherencia propia
de quien no sabe todavía del problema que a medias se le ha contado,
pues las versiones de cada uno será el resultado del conflicto que
emerge, antes de incidir en la llaga que fue hundida por un dedo,
pero aun peor es cuando no sabes a donde y a quien dirigirte en las
vueltas de la vida, mandándote a ir lejos para no volver, ya que las
desmesuradas palabras que acopiaron más de una vez en un breve
espacio de tiempo, dieron como resultado el mejor de los sentimientos
que nos envuelven en el alma, para dar por sentado que las veces que
hacemos de personas con un entendimiento más razonado, te pregunta
si tuvo algo que ver el que recurrieras al daño para decir sandeces,
y es entonces cuando empiezas con otra idea, antes de irte lejos para
que no volvieras a tropezar con las palabras que has de decir y las
que no, y así, lejos de donde puedes estar, estas de nuevo, con tu
aventura, con tus palabras, con tus quehaceres, y fiestas muy de vez
en cuando, aunque quienes de verdad debieran de tener una
preocupación menos por decir lo que se piensa, es porque te acuerdas
de las veces en las que no aceptaste un comentario para dar sentido a
lo que tu pensabas, a lo que tu sin querer fueses el que destierra a
la mente al pérfido malestar de la irreverencia hacia lo
desconocido, al miedo que nos da enfrentarnos a lo que no sabemos,
poniendo un poco de lo que conocemos para hacer posible ese
entendimiento, hasta el punto en el que las palabras no te hagan
hablar de más y de menos, aun haciendo estragos entre los que de
manera fortuita surgieron de las profundidades de la vida para
empezar de nuevo, gracias al entramado de las conciencias plenas que
nos proporciona sabiduría, o tal vez, la voz que esas conciencias
que desean revelar, solo sea el ápice de un montón de sensaciones y
bendiciones que nos regalan por haber entendido que el percance de
buscar un conflicto no es lo mismo que encontrárselo, y aun a
sabiendas de que el problema pudiera resultar incómodo, preferimos
dejarlo para que en cualquier momento en el que nos hagamos cómplices
de ese inaceptable comentario, las veces en las que nos damos cuenta
de la forma de otras personas que nos han sufragado las posibles
veces en las que intervenimos, tantas veces como sea para aprender a
llevar la cabeza bien alta para no dejarnos llevar por la
deshonestidad de otras personas que buscan en donde no hay, y las
posibilidades de dar y reconocer un pretexto para incidir en ese
comentario que duele y destroza la estima, que tan cuidadosamente y
celosamente guardamos en nuestro interior, antes de saber que las
propias palabras que nos enseñan a ser persona, no sea impedimento
en el bien estar de la vida, pues en cada vez que sabemos que hemos
de dejar ir y dejar partir, esa perpleja sensación al ver en los
ojos de los demás una chispa de envidia, son las veces en las que
nos paramos a pensar y vemos que la incomodidad acentúa la sensación
de discordia pues no podemos, delante de los que no entienden sobre
modales, hacer posible una comunicación fluida y extensa, a pesar de
que en la vida hay gente que se va lejos, que se aleja de nuestro
entorno y de nuestra forma de hacer las cosas, ya que cada uno sabe
qué hacer, delante y detrás de cada espejo que refleja lo cotidiano
en ese pequeño instante en el que vemos la posibilidad de crecer,
pues todos no lo entienden, muchos no saben que hacer o que decir
delante de palabras dañinas, pero el que las dijo y se fue lejos por
su desmesurada codicia y anhelo de reconocimientos, pasará la vida
en busca de su reconciliación con los que de alguna manera lo
mandaron lejos de esa socialización que hemos de entender por el
mero hecho de que vivimos en sociedad, hasta que el antisocial
reverbere en su propia voz y pensamiento, la capacidad de imponer la
locura de un pretexto para saber que en esa condición humana solo
queda esperar la agresividad, hasta que el propio destierro de los
demandantes de tranquilidad, y lleven a su personaje lejos de donde
pudiera incidir para echarlo lejos de cada rincón que queda entre
las esquinas del deseado entorno en donde residimos.
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