UNA NOCHE POR LO
HUMANO.
Llegó
el momento de irse a dormir. La paciencia adquirida a través del tiempo en las
meditaciones, da tranquilidad y sosiego en las noches que las noticias son
abrumadoras, pues después de ellas, en un estado de conexión con cada ser del
universo, la esencia de la verdad que abarca posibilitar que hayan religiones
que piensen de una forma u otra, conectando con la capacidad de almacenar
información en el área de la sabiduría y así llevar al entendimiento la
realidad que pueda ofrecer sus conocimientos. La vida que empieza en esa noche
para descansar es apacible.
Al
rato de estar acurrucado entre los almohadones y tapado con la colcha fornida
por plumas, viene la gata a pasear por encima de mi cuerpo. Me pisa suave, pesa
poco y mi cuerpo curtido por el trabajo y la dedicación a varias tablas diarias
de gimnasia, hacen que sea agradable sus pisadas en mi costado y mis piernas
para volver hasta el hombro y olisquearme la oreja, entonces, con mucho
cuidado, entra debajo de la colcha y se acurruca a la altura de mi barriga y se
hace un novillo y empieza a ronronear. Pasan diez minutos escasos y entro en un
profundo sueño reparador, que por los momentos vividos a lo largo del día serán
reconfortantes los presagios que traigan mis sueños hacia un nuevo comienzo
hacia la aventura del día a día, en cada pasaje que nos evoca la diferencia de
vivir delante de nuestras ideas.
Mientras
estoy dormido empiezo a sudar. Poco a poco mi cuerpo empieza a brotar en agua,
y en la distancia aparece otro ser invocando mi presencia. Entro en un éxtasis
profundo, sin sentido, sin vigilia, sin presente, para evocarme en mi consciencia
un mecanismo que activen el volumen de mis sentidos, que dilate mis odios y
amplifique mis imágenes en los recuerdos, y con la sensación de estar sumergido
en un baño de éter por la inercia de algunos cuerpos que captan la diferencia
de estar aquí y ahora con aquí y allí. Era lo único que pensaba, estar
dominado, dejando caer todos mis esfuerzos en negatividades y al reaccionar
algún mal aparentar mis instintos, sabiendo que la reacción de mis voluntades y
valores que nos hacen personas, llevan lejos la intención, así que esperé hasta
que pasase pues de un tic reaccioné hasta empezar a despertarme con un fuerte
dolor de cabeza en la parte superior del hemisferio izquierdo, lagrimeando y
empapado en sudor, sufriendo una posesión de quienes ya sabía qué demonios
afrontar.
Dos enemigos de la infancia, siendo la misma
imagen que veía, pone dos papeles en las actuaciones, el bueno y el malo, pero
el bueno, lo que menos hace es tirarte piedras, el malo te pega con un palo, y
esas son las imágenes que vienes en ese momento que reacciono. Uno tirando
piedras y otro aporreándome con un palo. Al despertar del todo a las tres de la
mañana empieza un zumbido en mis oídos, pero me concentro al poner los pies en
el suelo y entiendo que es alguien que quiere hacer daño, llamémoslo demonio,
porque quiere salvaguardar unos intereses que están fuera del margen legal, por
lo que si en su caso regodea de lo que hemos de hacer para dar por sentado que
tapar su agujero es saber que hace daño con su presencia, la realidad que
abarca el condicionamiento humano es que en ese mismo instante su agua se
cristaliza, su mente se distorsiona, su corazón palpita fuera de su caparazón y
sus manos tiemblan al abrir la llave de tal sinuoso santuario en el que
trafican con mentalidades, que absorben lo bueno de los demás y lo transforman
en sensaciones placenteras para los que están alrededor, sabiendo que su
conexión con el universo es tan solo de unos metros cuadrados pero en ese
momento que birla la esencia de otra persona que está durmiendo, es como resucitar
a un infartado, o recuperar un afligido de su catarro o tal vez a un reumático
su vapor esencial y devolverle su consistencia, o tal vez buscar en cada ser
del universo y encontrar la maldad en un ser que interrumpe la cultura, que
sacia de ególatra diciendo que lo mejor es la violencia o el alcohol, o las
tetas que tengan los susodichos entre las manos, o el dinero que venga en negro
para limpiar los vicios y la gasolina que pudieran gastar en el día a día. Pero
la verdad es que quienes hacen daño y no saben que es así, algún día vendrán
las conciencias que pueden hacer el bien, pensando en que es posible encontrar
lo mejor de cada uno y hacerlo florecer, en un entendimiento que en vez de
hacer daño nos lleva hacia esa realización que precisa el que sabe donde está
la cordura humana y no la insistencia de algunos que intentan promover el libre
albedrío, pues cuando estamos reunidos en los habitáculos de la verdad, para
hacer que esos que dicen de liberar al hombre de culpa, no entiendan que hay
que ser consecuente con una acción que es verdaderamente gradual, para hacer
que ese referente consensuado entre los que más y los que menos, para llegar a
entender que ese que hizo daño por una acción temerosa, es la cierta casusa de
su efecto al insistir a lo largo de los días, pues su empecinamiento en hacer
daño y promover falsos condicionamientos para la educación y el crecimiento
adecuado en todo lo referente a la civilización humana, es él el negativo y
causante de su desgracia, al enfrentarse a la realidad y darse de bruces con la
reciprocidad de los acontecimientos y caer en la cuenta de su desgracia como
persona por sus cabezonerías de dañar el espacio de los demás con su presencia,
pues acabó por destruir su ego, y juzgado por los mazos de la certeza, al
discernir sobre las capacidades humanas de realizar un sueño y ver divagar
otros, es la idealización que perpetra saber cuando hay que empezar de nuevo y
cuando terminar de hacer las cosas mejor, es la idealización del más fuerte el
que vence a la hostilidad y el que tiene más razón delante de los mazos nos dará
la fuerza para entender que es posible mandar lejos algún rollo.