lunes, 27 de mayo de 2019

LA HIPNOSIS.


          Había una vez un muchacho listo, inteligente, sabio, inocente y sensible, que tenía dos hermanos menores, que uno era grosero, burdo, agresivo y déspota mientras que otro era manipulador, insensible, deshonesto y muy viciosos. Esto era en la adolescencia, cuando descubrieron el mundo de las drogas los dos menores, mientras que el mayor estudiaba y procuraba cuidar a su novia.
            Por las noches, mientras dormían los tres en una habitación, uno de ellos, el manipulador, se metía en su mente y manipulaba su memoria, haciendo que por las noches no soñara con los estudios sino con la perrita que tenían, pues le dejaba el sesgo de imaginar que estaba bañándola o algún otro recuerdo que le hacía memoria, desconectandolo de su mundo real y haciendo que imagine cosas que no quería. El grosero se masturbaba pensando en su novia amenazando con hacer algún daño colateral si no le dejaba, pues sus amigos también están interesados en ella y él no querrá que todos se pongan a molestarla.
            Bajo las notas de clase, la novia lo dejó y ellos se reían de él mientras fumaban hachís, y todo porque su padre neurótico decía que él muchacho sensible no era hijo de él porque era rubio. Su abuela era castaña, la madre también y él nació con un tono un poco más rubio, pero con las mismas facciones del padre. El padre lo permitía y desde siempre le había hecho la puñeta pero ahora que fumaban hachís y conocían lo poderes de las alucinadas, compendiaban muy mal su día a día, haciendo que incluso llegase a pensar en el suicidio.
            Una tarde paseaba para desahogarse, ya que él no fumaba y prefería salir de la casa. Al llegar a un parque encontró a una gente meditando en el césped. Se quedó mirándolos y cuando empezaron a levantarse lo observaron. Una mujer del grupo se le acercó y le preguntó por qué estaba tan preocupado y angustiado. Le contó lo que le ocurría y ella se compadeció de él. Le sugirió que fuese a las clases de yoga y aprendiera a realizar su ser. Cuando decidió ir a la reunión de la tarde del día siguiente, esperó a que fuese la hora, se dirigió al local y entró. Descubrió que allí solo se meditaba en la introspección de la realización del espíritu.
            Al cabo de varias semanas trabajando en las meditaciones, los hermanos empezaron a indagar. El ya controlaba sus sueños en pocas semanas de practica y no tenía miedo a las amenazas de los dos hermanos.
            El siguiente paso lo dio una de las señoras del grupo de meditación, haciendo que el padre y el hijo se sometieran a una prueba de ADN que pagó ella. El padre acepto ya que su hijo insistió un montón. La hicieron y dio positivo. El siguiente paso lo dio el padre pidiéndole disculpas y haciendo que su hijo durmiera en la habitación de los juguetes, habilitada solo para él ya que quería estudiar y no fumaba. Los hermanos no sabían que hacer y siguieron haciéndole daño a pesar de las explicaciones del padre, e intentaron intimidarle una vez los dos dentro de la nueva habitación, pero el con su poder espiritual los amedrentó, vibrando de positividad y diciendo a los dos que mejor hacer las cosas por las buenas. No le hicieron caso y empezaron los psiquismos.
            Ellos eran dos, pero ahora tenía de aliado al padre, ya que la madre no decía nada, pues era tan sumisa que miraba por todos por igual. El padre pasaba la mayor parte del tiempo fuera, pero le brindaba apoyo cada vez que llegaba preguntando y viendo como iba la cosa. Un día le contó que los hermanos le habían drogado, le habían puesto LSD en un café, y lo sabía porque se preguntó que había ocurrido y ellos mismos contestaron mentalmente, como si sus ideas fueran oídas por terceros. Además, el empezó a alucinar y a ver doble. Ellos le habían puesto esa droga para manipularlo mucho más y así fue, pues le programaron un montón de cosas mientras intentaba meditar, cambiándole la forma, buscando la distorsión y diciendo mentiras y patrañas a cada pensamiento que intentaba pasar por su cabeza alucinada. Se lo contó a una de sus amigas antes de la reunión y le dijeron que no pasaba nada. Se sentaron alrededor de el y cantaron mantras. Todo el tiempo lo pasaron reeducando su conciencia. Ese poder de oír los pensamientos no era normal, pero esa educación espiritual, al compartir los mismos sueños, hace que la mente se acostumbre a observar con el espíritu, con el corazón y no con la mente.
            Los hermanos fueron un paso más adelante. Le inyectaron heroína en la vena mientras dormía y eso sentó muy mal al muchacho pues esta vez los hermanos le enfocaron a la memoria, y se buscaron la manera de interceder, abrumando y machacando su consciencia. Le habían dicho que no hiciese caso de lo que decían, de lo que hacían en contra de él, pero se habían acostumbrado a maltratarlo y ahora no iban a parar. Lo destrozaron mentalmente, casi con sobredosis y un montón de negatividades. Ese día no se levantó, le dolía un montón la cabeza por los traumas de erecciones mientras de masturbaban de la proyección de esos falos en su cerebro.
            Al cabo de unos días le dolía un montón la cabeza y no sabia bien que había ocurrido el día anterior. Bajo el rendimiento en los estudios y dejó de ir a meditar porque ya no le apetecía. Le habían quitado las ganas de todo.
            Los amigos de yoga fueron a la casa y nada más entrar los dos hermanos les insultaron, le gritaron que qué hacían visitando a ese energúmeno, empezaron a marearse y se cayeron al suelo redondos. El hermano mayor se quedó sorprendido. La madre grito y ellos le dijeron que no se asustase. Eran tres, dos hombres y una mujer. La mujer era la amiga que se compadeció de él el primer día que se vieron. Los llevaron a la cama y los tumbaron y ellos, a través del amor, del gozo, de la dicha, de la existencia y la paz, los manipularon para bien, tanto bien que estuvieron durmiendo dos días. Al tercero por la mañana despertaron y vieron que habían cambiado, ahora los dos eran más tranquilos, humildes, amables y sensatos. La madre no se lo creía y el hermano estaba contento. Ellos preguntaron que había pasado y les dijeron que se habían venido fumados y bebidos la noche anterior y se habían puesto a dormir.
            Pasaron los días y se notaba el cambio, pero los hermanos se encontraban raros, no sabían bien por qué pero lo notaban y fueron a un curandero. El curandero les dijo que les habían hipnotizados, se notaba una energía en su mente y en su corazón que no eran normales. Los deshipnotizó.
            Más cautelosos, empezaron a fingir hasta que un día reventaron. Le pegaron una paliza al hermano que sangró por la nariz y las orejas, los ojos morados y un montón de golpes en el cuerpo.
            Ya contaba con diecisiete años, los hermanos con quince y catorce, y decidió irse de casa. Iría a la India, a una comunidad en el que preparan a personas para la meditación y los padres estuvieron de acuerdo. Le quedaba cuatro meses para ser mayor de edad, pero después de lo visto los padres aceptaron y le permitieron viajar siendo menor. Los gastos correrían a cuenta de su trabajo en la comunidad y algo que esta mujer amiga de él le cedería a cambio de que estudie y sea un hombre de provecho.
            Al cabo de nueve años, el muchacho volvió estudiado, con dos carreras, una en psicología clínica y otra en medicina general. La madre al verlo se sintió orgullosa de haber hecho su primer hijo con tanto amor, el padre se sintió conmovido por tanta gratitud que desprendía su hijo y los tres comieron ese medio día de sábado en un restaurante cercano. Se instaló en la casa y consiguió trabajo a las pocas semanas, se preparó una oposición y así paso la vida, trabajando para ayudar a los demás.
            Los hermanos acabaron mal, uno en la cárcel y otro falleció en accidente de tráfico.

martes, 21 de mayo de 2019

LA CHISPA DEL TIEMPO, SEGUNDA PARTE.




Era muy oscuro. No se veía nada. Aun así se notaban, tenían consciencia de estar en un mundo gaseoso, no hacia falta respirar. La vida emergía de cada haz de luz que les tocaba y les hacía ver que más allá del futuro habita un pasado en el que sentimos el presente, el aquí y ahora. Ellos empezaron a moverse y vieron la chispa desde dentro, alrededor había luz muy densa que les hacía verse casi invisibles y se notaban al tocarse con una sensación de hormigueo muy denso. Vieron otro cuerpo, flotando, ingrávido. Se acercaron como pudieron para tocarlo. Se dejaron de tocar y se desvanecieron o por lo menos la conciencia de saber que debían de estar juntos, solo lo justo. Así era el interior de la esfera, llena de luz y colorido muy cercano a la vida. En su esfera guardaba el tiempo de todo el universo, descubierto por una raza superior desde hacía muchos milenios. Habían elegido a tres individuos a lo largo de la historia para hacer algo por el bien de muchos.
            Aparecieron en un descampado. Los tres. Dreven de Sauces, Pablo y Eneas. Eneas era un monje de Pontevedera, de treinta y cinco años, que emergió por su capacidad intelectual, dándole el privilegio de discernir en un alto grado de justicia a los acusados, inocentes y hechos bajo acato a la ley. Empezaron a hablar:
            - No se bien que hacemos aquí, pero hemos de averiguar muchas cosas. – Dijo Dreven.
Eneas contestó
            - Esto es tiempo de ver y recapacitar. Yo soy del siglo XIII, de un convento. Era monje. Ahora veo que seré lo que insigne Dios.
            - Señores, - comentó Pablo. - hemos de ver si somos capaces de entender todo esto. Primero debemos de buscar a alguien y preguntar.
De pronto vieron un montón de esferas emerger de la nada, unas cientos de ellas, y de cada una se bajaron tres personas. Ellos eran los que estaban más alto. Aparecían mujeres, hombres y niños, animales y ganado, caballos, vacas, cerdos, ovejas. En una esfera aparecieron cientos de gallinas, en otras pájaros, todo lo que era vida estaba allí, de nuevo. Eneas se quedó sorprendido, mientras que Dreven y Pablo no se lo esperaban. Pablo indicó a que se sentaran y todos hicieron caso.
- Creo que estamos aquí por una razón. – Dijo Pablo. – Todos estamos sorprendidos pero es lo que tenemos. Hemos sido engullidos por una esfera de luz y nos ha traído aquí. Hay que seguir y ver que más podemos hacer. De momento propongo hacer asentamientos con materiales de los árboles y congregar un grupo de exploradores para avistar los terrenos colindantes.
Nadie dijo nada más. Nadie se conocía, ni un murmullo, todos en silencio empezaron a buscar herramientas. Dos hachas, una sierra, algunos con cuchillos, otros con espadas, había un martillo de un herrero y su fragua, herramientas de carpintero como escoplos, cepillos y pequeñas tachuelas.
Parecía que eran las diez de la mañana. Eneas colocó un palo clavado en el suelo /en el centro de unas piedras y efectivamente sobre las diez y diez. Un grupo pronto hizo fuego eran bastantes y empezaron a picar piedra con unos picos y cinceles, de una ladera que prometía tener piedra. Otros cortaron árboles y prepararon terreno para cultivo: habían aparecido sacos de grano, muchos.
Pablo se sintió preparado para la aventura y lanzarse a explorar esos montes al norte. Pronto se descubrió un rio, al oeste, a unos seiscientos metros del asentamiento. Algunos empezaron a hacer cabañas con trozos de tela y ramas de los árboles. Para una primera noche parecía que el sereno no le apabullaría.
A los dos días tenían todo preparado. Después de comer huevos y un poco de tocino y guardarse unos panes para el viaje, vieron que contaban con armas, le cedieron un rifle y un revolver, otros cuatro hombres iban con rifle y una semiautomática con muchos cargadores. Con pistola iban otros cuatro. Eran nueve los que partirían esa mañana hacia el norte.
Caminaron durante horas y no había nada ni nadie. Llegaron a un desfiladero desde el que se veía toda la cosa. Decidieron acampar. Comieron huevos y carne de conejo y descansaron. Querían pensarse si un grupo seguía al sur este y otro por la costa hacia el este. En vez de eso, volverían al poblado y bajarían a la playa.
Amaneció y empezaron a caminar. Bajaron por el sur oeste y llegaron a unos caminos hacia la playa. Había una cuerva y parecía amueblada. Al entrar Pablo vio libros y papeles y apareció la sombra. El gesto que hizo era de que saliera, de que no entrase a la cueva. Pablo insistió. La sombra fue hacia una repisa y sacó un aparato que se colocó en el cuello.
- Con esto puedo hablar. – Se oyó decir a una voz muy sintetizada en tonos graves y chirriantes.
- Bien. Pues ¿qué hacemos aquí?
- Estáis para vivir vuestra vida. Empezad de cero. Haced familia y empezad a vivir aquí. Cuando venga la marea ya no me encontrareis y para eso creo que ya falta menos.
- Es cierto. Tenemos de todo, elegiremos bien y disfrutaremos de la vida en un asentamiento. ¿Pero dónde estamos? ¿En qué año?
- Estáis en Galicia. Es el año 2949. Vivid la vida.
- Está bien. Haremos algo. ¿Pero hay alguien más? ¿Con quienes podemos contar?
- Estáis solos en el planeta tierra. La historia que dejéis será la del comienzo. Año cero y empezáis un nuevo calendario. – Le dijo la voz mientras la sombra le entregaba un papel. – Aquí están las cosechas, las crías de ganado… pero solo para los que se queden. Muchos irán para África, otros para Asía, las Islas Americanas las exploraras en breve y llevarás a unos cuanto a vivir allá. Ustedes tenéis el mejor clima, las mejores tierras y los mejores prados, magnificas costas y un montón de recursos naturales.
- Me agrada oírlo. Es nuestro comienzo.
Cuando regresaron al campamento dio la noticia y muchos se quedaron perplejos. Solo en el mundo. Habían varios grupos de razas distintas y ninguno quiso emigrar, es más ya habían parejas de distintas razas. Querían vivir todo juntos y crecer así, sin diferencias de piel. Así lo decidieron y siguieron con las construcciones. Ya se había hecho un salón para almacenar vivieres que encontraron, cazaban, pescaban y recogían frutos de cerca. Todos comían a la misma hora y en unas mesas hechas de largos troncos cortados a la mitad, con una sierra mecánica que era eléctrica y se cargaba con una placa solar, y así con algunos walky talky, un congelador enorme y varias bombas de agua. Construyeron varias casas, decenas de ellas con una calle de piedra que termina en un santo lugar sagrado para todos, pues sin hacer caso Pablo a la sombra entró y se llevo los libros que le dio la gana, papeles, apuntes de la sombra y en ese recinto para unas trescientas personas, en el altar brillaba la chispa, solo el que la tocara desaparecería.

LA CHISPA DEL TIEMPO


            Dreven de Sauces era un muchacho de treinta y dos años. Muy estudiado en matemáticas y literatura, destacando en las ciencias sociales y con méritos en su ámbito diario. Quería dar clases de ética en un instituto de la ciudad de Vigo, en el año 1748. Un día estaba bastante eufórico, parecía que ese próximo año académico daría clases, pero llegó la noche y mientras subía las escaleras una sombra le intento hacer perder el equilibrio y subió a toda prisa, se puso las botas y bajó. La sombra estaba de pie en medio del salón. Era una especie de espectro, muy definido en tonos grises y blancos, con pequeños destellos de luz en los movimientos. Se sentó en el sillón preferido esa sombra de señor estirado con camisa y chaqueta de cuello mao muy gris y pantalón holgado muy liso. Dreven se quedó confundido. No hacia falta luz, se veían perfectamente, la Luna irradiaba en su noche el inicio de una velada encantadora para despertar animales y darles vida en una noche larga para el muchacho.
La sombra se levantó y lo invitó a salir. Le iba indicando por donde ir y fueron hasta un camino estrecho, lleno de vegetación. La sombra parecía ir encantada por las veredas hasta que se pararon en una cerca de unos metros de alto. Dreven la empujó y entraron y caminaron por una carretera hasta llegar a una casa de madera, le daba la luz de la Luna y había hierba alta antes de entrar por una enorme puerta maciza de dos hojas al interior de una pequeña sala con chimenea. Estaba encendida con unos pequeños leños recién puestos. No hacia frio, pero decía que iba a llover.
La sombra desapareció sin antes decirle con gestos que se quitara las botas y fuera por allí, por la puerta de la izquierda, para adentrarse en el deseo más profundo para él y su existencia. Entró y para su sorpresa vio una burbuja estática, muy brillante, pero sin quemar a la vista, daba destellos en azul, rojo, amarillo y varias mezclas de colores. Cuando entró la habitación empezó a iluminarse, a desaparecer el mobiliario, sumergiéndose en una luz profunda en todo su ser, hasta hacerlo desaparecer en un sueño.
Estamos en el año 2019 y Pablo pasea por la ciudad de Vigo. Le encanta hacer senderos desde que llegó a la ciudad a trabajar como profesor de secundaria en la rama de filosofía, intervención socio-comunitaria y orientación educativa. Son tiempos modernos y cada cual lo llama como mejor le parezca, profe, maestro, señor, pero a él le gustaba que le llamasen por su nombre, Pablo.
Paseaba por unos senderos hasta que vio una verja de unos metros semi abierta y entró. Caminó unos cincuenta metros, hasta ver una casa al fondo de esa calzada, una calzada con lozas de piedra que fue pisando mientras se acercaba. La puerta que tenía enfrente de el era de madera maciza y tenía dos hojas cuadradas que encajaban muy bien, pues lo notó al abrir la que parecía estar entreabierta. Cuando entró no había luz. Al entrar vio leña y un candelabro y con una caja de fósforos que tenía encendió la vela que portaba ese trozo de bronce. Se acercó a la primera habitación de la derecha y al entrar encontró una cama, con bastante polvo y un montón de cojines encima, con un comodín en la esquina y unos espejos, un armario en la otra esquina que cogía casi toda la parte hasta llegar a la ventana que daba una tenue luz al interior. Cerró la puerta y miró la otra puerta que hacía esquina, al entrar vio una amplia cocina con leños preparados para encender y un montón de calderos y una mesa grande con taburetes. Al lado de la puerta había un pequeño pasillo que llevaba a una escalera. Decidió subir y ver que había arriba. Cuando subió la madera casi no hizo ni ruido y entro, después de girar a la derecha en un pasillo con tres puertas. En una había una habitación, en otra una biblioteca y en la tercera notó que no podía abrirla. Lo intento y no pudo y no quiso ponerse a abrirla a golpes así que fue por la casa buscando llaves. Bajó las escaleras y entró en la habitación de la izquierda. Al entrar vio una chispa encendida. Se acercó, la observó, y tímidamente le puso el dedo encima. La chispa reaccionó entrando en una esfera de luz cada vez más grande. En la habitación no había nada solo esa esfera flotando y el muchacho perplejo. A los pocos segundos la espera desaparece y deja a un ser de otra época, aparece Dreven de Sauces.
Los dos muchachos se mirar perplejos.
            - ¿Quién eres? ¿De donde has salido? – Preguntó Pablo un poco indignado con el acento gallego que les caracteriza.
            - Soy Dreven de Sauces – Dijo un poco asustado en un acento muy antiguo.
            Al cabo de un rato seguían hablando y comentándose cosas de la época y del año en el que estaban, de lo que hacían antes y ahora y de que le quedaba mucho por ver y si quería ser profesor debería de estudiar.
            A los tres días de haberse instalado Dreven en casa de Pablo, durmiendo en el sofá, aparece Pablo con unos papeles en el que certifican la desaparición de Dreven de Sauces el 22 de mayo del año 1748 y Pablo será el único que puede certificar la existencia de una luz en forma de esfera que trajo de nuevo a Dreven a la vida, después de haber desaparecido.
            Pablo no quiso dar parte a la policía, pero tenían que contárselo a alguien. Contactaron con unos hacedores de pasaporte y le consiguieron una documentación falsa a Dreven. Era polaco, de treinta y dos años y se llamaría Dreven de Sauces.
            A las pocas semanas estaba dando clases de matemáticas a muchachos de primarias en horas extraescolares, para apretar un poco en la asignatura. Dreven ganaba lo justo y entre los dos empezaron con estudios en la casa, de los libros que habían en la biblioteca y de como abrir la habitación cerrada. según aprendieron de los libros, esa puerta conectaba con el mismísimo infierno.
            A los pocos días de investigar por la casa todo empieza a moverse, a desaparecer en un haz de luz y quedarse en medio del prado con apenas cuatro libros, dos que estaban en la mochila de Dreven, uno en su mano y otro en la mano de Pablo. Vieron que en el suelo había otro libro y unos papeles saliendo de el.
            Caminaron hasta la casa debatiendo sobre el contenido de los papeles, de sus frases mágicas y manera de hacer hechizos. Entre ellos no sabían que hacer. Era un conjuro. Tenias que decir unas palabras mientras escribías otras y sumergías el papel en un vaso que aparecía nada más soltar el bolígrafo y doblar el papel, un papel vibrado durante días en una tabla, pero la tabla no estaba. Leyeron los libros y descubrieron que esa tabla se encontrará anclada en uno de los soportales de la calle de la catedral, siempre ahí, camuflada bajo un ventanal pegado al soportal.
            Los dos bajaron las calles hasta llegar al soportal y encontrar una tabla debajo de un ventanal con unas inscripciones a fuego, una especie de estrella de siete puntas rodeada de un octógono y un triangulo en el centro de la estrella.
            Una vez en la casa con la tabla, escribieron las palabras mágicas en el papel pasado los tres días y apareció un vaso con agua nada más escribirlo, dobló el papel y lo sumergió en el agua. Apareció una chispa como la que vio en aquella habitación. Los dos estaban alucinados. Según había leído, en varios minutos la esfera se hará grande y cuando esté preparada los engullirá y los dejará postrados en el tiempo durante los años que permanezcan en el encierro.
            Lo que no sabía es que jugarán un papel interesante cuando aparezcan dentro de doscientos y pocos años, en la misma zona del bosque, despertados por una persona que hará con ellos un futuro mejor para los que viven en esa época.
            Pasados unos segundos la esfera se movió y se plantó en medio de la habitación. Empezó a expandirse y hacerse grande, con una luz blanca que no quemaba a la vista y unos destellos azul y rojo, verde y amarillo, naranja y violáceos, con pequeños rayos de luz, como descargas eléctricas en su interior. Los dos se miraron, hicieron un gesto con la cabeza y cerraron los ojos. En unos momentos serán engullidos por la esfera.
            A Dreven se le ocurrió una idea. Se cogerían del brazo para ver si en el otro lado pueden vivir despiertos. Al momento estaban agarrados por un brazo cada uno, entrelazados por la flexura del codo. Al rato empezó la habitación a iluminarse, a desaparecer los muebles y a conectar con un espacio tiempo inimaginable, en una partícula de luz inteligente, que condensa la energía que quiere y precisa. Cuando todo hubo sido absorbido por la luz se quedó una chispa en el aire.
La casa de donde provino todo ese juego, apareció en su lugar, en aquel camino de piedras y con mucha vegetación. Con un ruido de golpes a una madera la chispa volvió a la habitación y los libros con los papeles y el conjuro desaparecieron de donde estaban para aparecer en donde la sabiduría que espontáneamente da gracias por la discriminación que ofrece la vida, en un lugar sagrado como lo es esa habitación que nunca abrieron, el lugar donde guarda la esencia de la naturaleza que le demos a nuestra sinceridad.