martes, 21 de mayo de 2019

LA CHISPA DEL TIEMPO, SEGUNDA PARTE.




Era muy oscuro. No se veía nada. Aun así se notaban, tenían consciencia de estar en un mundo gaseoso, no hacia falta respirar. La vida emergía de cada haz de luz que les tocaba y les hacía ver que más allá del futuro habita un pasado en el que sentimos el presente, el aquí y ahora. Ellos empezaron a moverse y vieron la chispa desde dentro, alrededor había luz muy densa que les hacía verse casi invisibles y se notaban al tocarse con una sensación de hormigueo muy denso. Vieron otro cuerpo, flotando, ingrávido. Se acercaron como pudieron para tocarlo. Se dejaron de tocar y se desvanecieron o por lo menos la conciencia de saber que debían de estar juntos, solo lo justo. Así era el interior de la esfera, llena de luz y colorido muy cercano a la vida. En su esfera guardaba el tiempo de todo el universo, descubierto por una raza superior desde hacía muchos milenios. Habían elegido a tres individuos a lo largo de la historia para hacer algo por el bien de muchos.
            Aparecieron en un descampado. Los tres. Dreven de Sauces, Pablo y Eneas. Eneas era un monje de Pontevedera, de treinta y cinco años, que emergió por su capacidad intelectual, dándole el privilegio de discernir en un alto grado de justicia a los acusados, inocentes y hechos bajo acato a la ley. Empezaron a hablar:
            - No se bien que hacemos aquí, pero hemos de averiguar muchas cosas. – Dijo Dreven.
Eneas contestó
            - Esto es tiempo de ver y recapacitar. Yo soy del siglo XIII, de un convento. Era monje. Ahora veo que seré lo que insigne Dios.
            - Señores, - comentó Pablo. - hemos de ver si somos capaces de entender todo esto. Primero debemos de buscar a alguien y preguntar.
De pronto vieron un montón de esferas emerger de la nada, unas cientos de ellas, y de cada una se bajaron tres personas. Ellos eran los que estaban más alto. Aparecían mujeres, hombres y niños, animales y ganado, caballos, vacas, cerdos, ovejas. En una esfera aparecieron cientos de gallinas, en otras pájaros, todo lo que era vida estaba allí, de nuevo. Eneas se quedó sorprendido, mientras que Dreven y Pablo no se lo esperaban. Pablo indicó a que se sentaran y todos hicieron caso.
- Creo que estamos aquí por una razón. – Dijo Pablo. – Todos estamos sorprendidos pero es lo que tenemos. Hemos sido engullidos por una esfera de luz y nos ha traído aquí. Hay que seguir y ver que más podemos hacer. De momento propongo hacer asentamientos con materiales de los árboles y congregar un grupo de exploradores para avistar los terrenos colindantes.
Nadie dijo nada más. Nadie se conocía, ni un murmullo, todos en silencio empezaron a buscar herramientas. Dos hachas, una sierra, algunos con cuchillos, otros con espadas, había un martillo de un herrero y su fragua, herramientas de carpintero como escoplos, cepillos y pequeñas tachuelas.
Parecía que eran las diez de la mañana. Eneas colocó un palo clavado en el suelo /en el centro de unas piedras y efectivamente sobre las diez y diez. Un grupo pronto hizo fuego eran bastantes y empezaron a picar piedra con unos picos y cinceles, de una ladera que prometía tener piedra. Otros cortaron árboles y prepararon terreno para cultivo: habían aparecido sacos de grano, muchos.
Pablo se sintió preparado para la aventura y lanzarse a explorar esos montes al norte. Pronto se descubrió un rio, al oeste, a unos seiscientos metros del asentamiento. Algunos empezaron a hacer cabañas con trozos de tela y ramas de los árboles. Para una primera noche parecía que el sereno no le apabullaría.
A los dos días tenían todo preparado. Después de comer huevos y un poco de tocino y guardarse unos panes para el viaje, vieron que contaban con armas, le cedieron un rifle y un revolver, otros cuatro hombres iban con rifle y una semiautomática con muchos cargadores. Con pistola iban otros cuatro. Eran nueve los que partirían esa mañana hacia el norte.
Caminaron durante horas y no había nada ni nadie. Llegaron a un desfiladero desde el que se veía toda la cosa. Decidieron acampar. Comieron huevos y carne de conejo y descansaron. Querían pensarse si un grupo seguía al sur este y otro por la costa hacia el este. En vez de eso, volverían al poblado y bajarían a la playa.
Amaneció y empezaron a caminar. Bajaron por el sur oeste y llegaron a unos caminos hacia la playa. Había una cuerva y parecía amueblada. Al entrar Pablo vio libros y papeles y apareció la sombra. El gesto que hizo era de que saliera, de que no entrase a la cueva. Pablo insistió. La sombra fue hacia una repisa y sacó un aparato que se colocó en el cuello.
- Con esto puedo hablar. – Se oyó decir a una voz muy sintetizada en tonos graves y chirriantes.
- Bien. Pues ¿qué hacemos aquí?
- Estáis para vivir vuestra vida. Empezad de cero. Haced familia y empezad a vivir aquí. Cuando venga la marea ya no me encontrareis y para eso creo que ya falta menos.
- Es cierto. Tenemos de todo, elegiremos bien y disfrutaremos de la vida en un asentamiento. ¿Pero dónde estamos? ¿En qué año?
- Estáis en Galicia. Es el año 2949. Vivid la vida.
- Está bien. Haremos algo. ¿Pero hay alguien más? ¿Con quienes podemos contar?
- Estáis solos en el planeta tierra. La historia que dejéis será la del comienzo. Año cero y empezáis un nuevo calendario. – Le dijo la voz mientras la sombra le entregaba un papel. – Aquí están las cosechas, las crías de ganado… pero solo para los que se queden. Muchos irán para África, otros para Asía, las Islas Americanas las exploraras en breve y llevarás a unos cuanto a vivir allá. Ustedes tenéis el mejor clima, las mejores tierras y los mejores prados, magnificas costas y un montón de recursos naturales.
- Me agrada oírlo. Es nuestro comienzo.
Cuando regresaron al campamento dio la noticia y muchos se quedaron perplejos. Solo en el mundo. Habían varios grupos de razas distintas y ninguno quiso emigrar, es más ya habían parejas de distintas razas. Querían vivir todo juntos y crecer así, sin diferencias de piel. Así lo decidieron y siguieron con las construcciones. Ya se había hecho un salón para almacenar vivieres que encontraron, cazaban, pescaban y recogían frutos de cerca. Todos comían a la misma hora y en unas mesas hechas de largos troncos cortados a la mitad, con una sierra mecánica que era eléctrica y se cargaba con una placa solar, y así con algunos walky talky, un congelador enorme y varias bombas de agua. Construyeron varias casas, decenas de ellas con una calle de piedra que termina en un santo lugar sagrado para todos, pues sin hacer caso Pablo a la sombra entró y se llevo los libros que le dio la gana, papeles, apuntes de la sombra y en ese recinto para unas trescientas personas, en el altar brillaba la chispa, solo el que la tocara desaparecería.

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