Era muy oscuro. No se veía nada. Aun así se notaban, tenían
consciencia de estar en un mundo gaseoso, no hacia falta respirar. La vida
emergía de cada haz de luz que les tocaba y les hacía ver que más allá del
futuro habita un pasado en el que sentimos el presente, el aquí y ahora. Ellos empezaron
a moverse y vieron la chispa desde dentro, alrededor había luz muy densa que
les hacía verse casi invisibles y se notaban al tocarse con una sensación de
hormigueo muy denso. Vieron otro cuerpo, flotando, ingrávido. Se acercaron como
pudieron para tocarlo. Se dejaron de tocar y se desvanecieron o por lo menos la
conciencia de saber que debían de estar juntos, solo lo justo. Así era el
interior de la esfera, llena de luz y colorido muy cercano a la vida. En su esfera
guardaba el tiempo de todo el universo, descubierto por una raza superior desde
hacía muchos milenios. Habían elegido a tres individuos a lo largo de la
historia para hacer algo por el bien de muchos.
Aparecieron
en un descampado. Los tres. Dreven de Sauces, Pablo y Eneas. Eneas era un monje
de Pontevedera, de treinta y cinco años, que emergió por su capacidad intelectual,
dándole el privilegio de discernir en un alto grado de justicia a los acusados,
inocentes y hechos bajo acato a la ley. Empezaron a hablar:
- No se
bien que hacemos aquí, pero hemos de averiguar muchas cosas. – Dijo Dreven.
Eneas contestó
- Esto es
tiempo de ver y recapacitar. Yo soy del siglo XIII, de un convento. Era monje. Ahora
veo que seré lo que insigne Dios.
- Señores, -
comentó Pablo. - hemos de ver si somos capaces de entender todo esto. Primero debemos
de buscar a alguien y preguntar.
De pronto vieron un montón de
esferas emerger de la nada, unas cientos de ellas, y de cada una se bajaron
tres personas. Ellos eran los que estaban más alto. Aparecían mujeres, hombres
y niños, animales y ganado, caballos, vacas, cerdos, ovejas. En una esfera aparecieron
cientos de gallinas, en otras pájaros, todo lo que era vida estaba allí, de
nuevo. Eneas se quedó sorprendido, mientras que Dreven y Pablo no se lo
esperaban. Pablo indicó a que se sentaran y todos hicieron caso.
- Creo que estamos aquí por una
razón. – Dijo Pablo. – Todos estamos sorprendidos pero es lo que tenemos. Hemos
sido engullidos por una esfera de luz y nos ha traído aquí. Hay que seguir y
ver que más podemos hacer. De momento propongo hacer asentamientos con materiales
de los árboles y congregar un grupo de exploradores para avistar los terrenos
colindantes.
Nadie dijo nada más. Nadie se conocía,
ni un murmullo, todos en silencio empezaron a buscar herramientas. Dos hachas,
una sierra, algunos con cuchillos, otros con espadas, había un martillo de un
herrero y su fragua, herramientas de carpintero como escoplos, cepillos y pequeñas
tachuelas.
Parecía que eran las diez de la
mañana. Eneas colocó un palo clavado en el suelo /en el centro de unas piedras
y efectivamente sobre las diez y diez. Un grupo pronto hizo fuego eran
bastantes y empezaron a picar piedra con unos picos y cinceles, de una ladera
que prometía tener piedra. Otros cortaron árboles y prepararon terreno para
cultivo: habían aparecido sacos de grano, muchos.
Pablo se sintió preparado para la
aventura y lanzarse a explorar esos montes al norte. Pronto se descubrió un
rio, al oeste, a unos seiscientos metros del asentamiento. Algunos empezaron a
hacer cabañas con trozos de tela y ramas de los árboles. Para una primera noche
parecía que el sereno no le apabullaría.
A los dos días tenían todo
preparado. Después de comer huevos y un poco de tocino y guardarse unos panes
para el viaje, vieron que contaban con armas, le cedieron un rifle y un
revolver, otros cuatro hombres iban con rifle y una semiautomática con muchos
cargadores. Con pistola iban otros cuatro. Eran nueve los que partirían esa
mañana hacia el norte.
Caminaron durante horas y no había
nada ni nadie. Llegaron a un desfiladero desde el que se veía toda la cosa. Decidieron
acampar. Comieron huevos y carne de conejo y descansaron. Querían pensarse si
un grupo seguía al sur este y otro por la costa hacia el este. En vez de eso, volverían
al poblado y bajarían a la playa.
Amaneció y empezaron a caminar. Bajaron
por el sur oeste y llegaron a unos caminos hacia la playa. Había una cuerva y
parecía amueblada. Al entrar Pablo vio libros y papeles y apareció la sombra. El
gesto que hizo era de que saliera, de que no entrase a la cueva. Pablo insistió.
La sombra fue hacia una repisa y sacó un aparato que se colocó en el cuello.
- Con esto puedo hablar. – Se oyó
decir a una voz muy sintetizada en tonos graves y chirriantes.
- Bien. Pues ¿qué hacemos aquí?
- Estáis para vivir vuestra vida.
Empezad de cero. Haced familia y empezad a vivir aquí. Cuando venga la marea ya
no me encontrareis y para eso creo que ya falta menos.
- Es cierto. Tenemos de todo,
elegiremos bien y disfrutaremos de la vida en un asentamiento. ¿Pero dónde
estamos? ¿En qué año?
- Estáis en Galicia. Es el año 2949.
Vivid la vida.
- Está bien. Haremos algo. ¿Pero
hay alguien más? ¿Con quienes podemos contar?
- Estáis solos en el planeta tierra.
La historia que dejéis será la del comienzo. Año cero y empezáis un nuevo
calendario. – Le dijo la voz mientras la sombra le entregaba un papel. – Aquí están
las cosechas, las crías de ganado… pero solo para los que se queden. Muchos irán
para África, otros para Asía, las Islas Americanas las exploraras en breve y
llevarás a unos cuanto a vivir allá. Ustedes tenéis el mejor clima, las mejores
tierras y los mejores prados, magnificas costas y un montón de recursos
naturales.
- Me agrada oírlo. Es nuestro
comienzo.
Cuando regresaron al campamento dio
la noticia y muchos se quedaron perplejos. Solo en el mundo. Habían varios grupos
de razas distintas y ninguno quiso emigrar, es más ya habían parejas de
distintas razas. Querían vivir todo juntos y crecer así, sin diferencias de
piel. Así lo decidieron y siguieron con las construcciones. Ya se había hecho
un salón para almacenar vivieres que encontraron, cazaban, pescaban y recogían
frutos de cerca. Todos comían a la misma hora y en unas mesas hechas de largos
troncos cortados a la mitad, con una sierra mecánica que era eléctrica y se cargaba
con una placa solar, y así con algunos walky talky, un congelador enorme y
varias bombas de agua. Construyeron varias casas, decenas de ellas con una
calle de piedra que termina en un santo lugar sagrado para todos, pues sin
hacer caso Pablo a la sombra entró y se llevo los libros que le dio la gana,
papeles, apuntes de la sombra y en ese recinto para unas trescientas personas,
en el altar brillaba la chispa, solo el que la tocara desaparecería.
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