Cada ser nace con una particularidad. Esa particularidad nos
hace únicos. Pero esa diferencia cuando hablamos o adquirimos conocimientos
sigue unos patrones establecidos que nos hace ver que hay posibilidades de
competir, de hacernos fuertes en los juegos y en las guerras de almohadas o tal
vez, hacernos rudos y monstruosos delante de la posibilidad de crear violencia.
El concepto que hace al hombre dentro de la disciplina que ejerce la vida cuando
competimos es la voluntad. Esa voluntad que nos hace firmes con nuestros
condicionamientos en ese ego que hemos ido formando a través de nuestra
adquisición de conocimientos, que nos hace entender que ese poder de guerrero nos
da la mejor de las contiendas, cuando hay que luchar y ejercer poder sobre otra
persona. Pero todo esto, si somos niños y hemos crecido con violencia, la
repercusión en el futuro es mucho más violenta. Pero parémonos a pensar en
situaciones violentas. Esas situaciones que nos da la vida cuando compartimos
tiempo y conocimiento, cuando hay una rivalidad entre la aprensión que ejerce
la vida y la verdad que oculta el corazón y la mente en vez del péndulo y las
esferas que encierran las máquinas. Es digno de ver en situaciones violentas
que la fuerza en la competición entre rivales y un mismo juego como se hace la
diplomacia y ejerce el compañerismo entre ese pequeño contratiempo en la vida,
cuando sin querer en ese juego siempre pierdes. Siempre es la culpa y el
engaño, siempre es la autosubordinación hacia ti y la propia negligencia mínima
para que sea desmoronado el castillo de naipes. Es la rutina, lo que hace cada
uno. Convive con la vida y veras que cada uno nace con una particularidad, en
el juego, en las caras, en las manos, altura…en un sinfín de particularidades que
nos diferencian pero las particularidades cognitivas nos hacen tener
capacidades o limites para unas cosas y habilidades o estímulos diferentes a
quienes nos hacen ver enfrente de su comprensión sin saber que es lo que sabrá
si la información que comparte es la diferencia de saber ser si o saber ser no
y crea un conflicto que difiere en la percepción normal, pues es sabido que si
hay rencores que nos atañen y son producidos por los seres que más nos quieren,
si ha sido así desde que sin querer, por una rabieta a los meses, una rabieta
provocada por la inconsciencia de otros repercutirá en su subconsciente y en el
de los demás si el daño fue grave, haciendo ver que se es capaz de hacer
posible una redención cuando sin querer lo están pidiendo a gritos en la
naturaleza y en la propia vida humana, pues carece de los valores que hacen
posible entender que se es capaz de hacer vida aun ha sabiendas de que está prohibido
y los que no entienden de su capacidad innata de discernir en situaciones de estrés
o sin querer de dominación por parte de consentidores, el daño que sin querer
hay alrededor de esas contantes emocionales que hay alrededor de cada sujeto que
se ve menospreciado por el valor que le dan unos pocos que sin querer son los
que no valen nada, cuando se va aprendiendo a conocer el camino que has de
tener de vuelta para que al cruzarlo, el molinero, el posadero, el carretero,
el transeúnte, te vean tal y como eres, pero el familiar que no entiende una
situación y quiere dar lo menor de si, no ha de arrepentirse para nada pues sabe
que lo está haciendo tal y como es posible, a diferencia de un habitáculo
mental que los hace personas y a conceptos racionales compuestos de un margen
de error mínimo, de unas características máximas cuando a sentir se refiere, a
unas simples pautas a seguir cuando estamos cansados de ver que otras personas
dicen que es lo que no es queriendo y sobre todo de ver que se es capaz de dar
lo mejor por ser persona y no un simple gamberro que cree que la concordancia
de la esquizofrenia es un concepto innato si vemos que los patrones indicados
que hemos ido aprendiendo, nos hacen fuertes y digno, pero si hemos ido
aprendiendo de otras maneras de pensar y no has conocido lo que de verdad hay
alrededor, respetar es lo mínimo que puedes hacer para dar por sentado que la
vida es lo mejor que tenemos y si la malgastamos en un preámbulo de contextos
que nos posibilitan hacer que entendamos muchas razones por las que decir, que
si en comportamientos de lo que hemos ido aprendiendo de la vida no hace
personas, cada singular capaz de emitir una señal será o no será aceptada
delante de la justicia que hay alrededor de la dignidad, que empeñamos en dar a
cambio de lo que da risa o enfado, dependiendo de quien opine, a no ser que ese
enfado sea lo único que nos da por sentado cuando sin querer estamos en una
disputa constante con quienes quieren hacer daño y tal vez la evolución de la
especie esté sometida a un intercambio justo de fuerzas y de sexos y cuando
alguien se ofrece para charlar y después se va, aceptando el acuerdo, pero
cuando las fuerzas a las que nos somete la naturaleza para entender lo que no pasa
alrededor, es capturar al imagen de la vida que emerge desde nuestro
aprendizaje hasta la recóndita idea de la vida y todo lo que está alrededor
influye, hasta la calidad del aire que respiramos, esa influencia nos dará pie
para hacer posible que esa comunicación sea la acertada pues si queremos hacer
de la vida es dar felicidad, lo mejor que podemos hacer es saber a quien y
cuando, incluso hasta cuanta felicidad hay que merecer para hacernos entender que
salirse de las órbitas no conduce a nada y los desorbitados pronto sabrán como
regresar poco a poco a la vida, cuando abran lo ojos y sepan que todo empieza
de nuevo, bajo unas reglas, unas normas, pero hay que tener disciplina y
diplomacia, y cumplir con los derechos y los deberes, incluso llegar a contribuir,
pues ¿quién sabe?, a lo mejor ese niño aprendió por alguna razón a ser inocente,
humilde, se armó de valores para la paz, para no violencia, otros sin embargo
se arman de niños de rabia y pataleos, y no por ello son mejores o peores, solo
son niños que aprenden alrededor de cada uno en la diversidad de todos cuando
leemos algo, o en el ejemplo que tengamos de quienes están cerca.
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