jueves, 13 de abril de 2017

La irremediable comedia de abismo.

      La imparable constancia de los sueños nos lleva a conocer el silencio, pues después de arrebatar a la vida todos los encantos propios del poder decir las cosas, y de apegarte a la tierra sin conocer siquiera el movimiento de sus entrañas, ni tan siquiera conocer el límite que habita entre el hilo de la espiritualidad y las plantas de los pies pegadas a la tierra, con las manos tocando el suelo y sintiendo las palmas de las manos pegadas a la vida y a la divinidad, una en cada mano, y haciendo de los límites perdidos en la consciencia que recuerda un hábitat en el que somos constantes devaneo de incertidumbres por la actividad que ejercen en el encéfalo al mirar más allá de la propia nariz y condensar el hilo convertido en cometa de la conexión propia del aire que condensa tu propia esencia en la sutilidad del mapa que creó las propias estrellas que ahora miramos y no sabemos si ese arquitecto que forjó el silencio, diera mas certeza en a constancia que perpetramos en una consciencia inferior, mirada desde lo mas alto y viendo el reflejo de tu límite al no poner tus abismos en destierro de la propia esencia que nos envuelve entre las ropas y las propias ropas que nos atan a la vida, para dar por hecho que entre los momentos que somos capaces de elegir por donde ir para saber que encontramos soluciones para todo, alrededor de la vida que nos depara el mejor de los viajes hacia ese abismo que queremos cerca a veces, cuando entre los recovecos de la constancia que reflejamos en cada vez que nos acercamos y miramos más allá de ese propio espejo, al mirar por encima del hombro y ver que no era acertado, que la ventana que da a ese reflejo vemos distanciar una luz, a la vez que nos preguntamos que será, y sin luces en el pasillo ese reflejo del espejo en la ventana, hizo entender que la luz que sin querer surcó los cielos era un meteoro verde que se estrelló en la atmósfera justo en el momento adecuado para verlo y disfrutarlo, con la propia sensación de ver que ese abismo que se había construido era la sensación de la Tierra que se dividiera en pedazos y quedaran separados, unos de los otros, los cimientos que sujetan la global armonía del planeta Tierra.
      Esa sensación que se nos queda cuando cruzamos nuestro abismo, cuando cruzamos nuestros problemas y nos vemos en la misma encrucijada que resolvemos con la alegría digna de cualquier momento, en esa sensación quedaría bien añadir el antes y el después, para que en ese ahora tengamos una historia que contar y es en ese abismo, cuando decidimos afrontar la realidad que sumergida en un pozo de fantasías, del que surgieran un montón de nuevos sueños hechos realidad, en los que apoderándonos de las riendas, desbocados o no, nos llevan hacia esa aventura que por empeño y deseo, nos hace entender que hay momentos en el abismo que perpetra hacernos reír ya que esa inmensidad la conocemos y nos produce la satisfacción de ver que es posible entender la vida con los regalos de los momentos que nos pertenecen y cualquier caricia de los rayos del Sol nos hace sentirnos dignos de vivir y sonreír, ya que un abismo es solo un lugar en el que imaginamos y nos damos por vencidos al tratar de cruzar al otro lado, sin saber que es posible caminar entre las sombras con una luz, con la propia luz nacida de la esencia que nos desvela que somos capaces de ver por donde subir y por donde salir de ese encontronazo con el abismo que separa humanidades. En las idas y venidas que hacemos continuamente por esos abismos, no nos damos cuenta y pasamos la mayor parte del tiempo viendo en nosotros mismos, sin darnos cuenta, pues el que está enfrente tiene todo lo que hace falta para entender, para saltar y afrontar una situación en la que el impulso de querer aferrarte a la cotidianidad y ver qué es posible cambiar teniendo todo en su sitio, hace que en una introspección veamos el resultado, y si, variamos poco en esas rutinas que nos embeben, aunque ahora podemos, al cruzar el abismo, hacer que ese sueño que queríamos y que esa alegría que necesitamos solo sea eso, el placer de reír por todo lo que en ese abismos encuentras, sabiendo que moverte entre las sombras que en él habitan, quedarán mejor o peor situados dentro de tus propios abismos cuando el temor de la hipocresía desaparece y lo quitamos de nuestro vocabulario, para hacer posible el entendimiento entre semejantes que han dado lo mejor de si para que en ese momento solo sea el placer de amar a la alegría lo que inunde ese irremediable abismo en el que tendremos que afrontar nuestras debilidades para hacernos fuerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario