domingo, 3 de febrero de 2019

LAS CAUSAS DE UN SUEÑO PROFUNDO.


LAS CAUSAS DE UN SUEÑO PROFUNDO.


Doce veces conté las vidas que tenía esa madrugada, pues había pesares de idas y venidas, de la discordia de los sueños, evocados a la luz cegadora de la insistencia en decaer y ser débil, en vez de soñar mientras la tranquilidad evoca las buenas sensaciones, que a veces olvidamos mientras descansamos, pero que recordamos al despertar, pues esa máquina se ha hecho inconsciente, esa reverberación convertida en prana, por la esencia que renace de forma inconsciente en la lucha por la supervivencia, esa esencia renacida de la felicidad que evocamos cuando sabemos que la existencia el plena para cada ser que vive de su inercia, desde hace mucho tiempo, nos han hecho mecánicos en ese sentido de los sueños, pues al principio todos soñábamos con nuestras cosas, ahora soñamos con un montón de información y el ansia de saber está por sentirse, dentro de lo mejor de nosotros, ambientado en la propia transformación de las películas con las que viajamos, aunque tenemos innato un proceso químico que nos lleva a comprender qué somos y otros pretenden buscar el que hacemos. En los sueños nos vemos evocados por la inercia o tal vez por la constancia en recordar, pero para distintos tipos de memoria debemos de pasar procesos diferentes, por eso el flujo de ondas que nos invaden en nuestro sentido de pensar. Esas reacciones crean luz y la información pasa a las aceleradísimas reacciones que tal vez tengamos que ver cual es el proceso selectivo de esos sueños, valorado en nuestros condicionamientos, que nos hacen personas capaces de discernir con la discriminación de la verdad, que nos hace fuertes cuando sabemos que esa forma de soñar nos lleva lejos, pero que nos acerca a un mundo en el que recordarlo es fundamental y saber que se sueña en cada momento es primordial, de hay a descansar nuestras ocho horas por el máximo tiempo de vida que tengamos, para que esos sueños sean los propios de nuestra existencia, y tal vez sea que tanta información nos embeba con todos los medios de comunicación que conviven con nosotros, sin hacernos cargo de la materia en la que vivimos para darnos por interés propio la esencia de la vida entre los recuerdos y su calidad ambiental. Pero se descansa, se renace de ese dogma y de esos condicionamientos y se vuelve otra vez a la vida que cada uno tiene en su día a día, que cada uno comparte y hace posible, para que esos sueños dignifiquen el sentido más propio de la credulidad humana, en la que nos vemos sumidos en un sinfín de agresividades y maldades, siendo el hombre fuerte para seguir evolucionando con ese sentido que le damos a la vida. Para eso están los sueños, para soñar con cada uno, con sus cosas, con sus recuerdos, y no para quienes sin querer darnos cuenta, vuelen hacia ese retablos de inconsciencias que habitan en los más fríos lugares, para darle calor en sus instintos mas deshonestos y percatarse de que tus recuerdos son los suyos, envueltos en brumas de tóxicos de la abrupta forma de ser, que nos deja pensando en qué podemos hacer para liberarnos de la posesión demoníaca de la muerte. Esos sueños nos llevan hacia un lugar y es sentir todo lo que da miedo para pensar en los vientos y en las mareas, en la tierra y en el cielo, en la lava y en las plantas, y evocar al Ser Supremo su dicha para que con su dogma de fe nos lleve lejos, hacia esa realidad que todos merecemos delante de las injusticias y de los recelos ajenos, dándonos la libertad de vivir la existencia plena, sin injurias que se salgan de la moral y sin preámbulos incómodos para verificar los pasos hacia tu dignidad. Queda recordar que cada sueño es único y cada proceso mental es diferente, pero cuando encajamos en ese proceso mental igual al de otra persona, puede llegar a crear recuerdos innecesarios en ese subliminal ataque a la mente humana, pues hay que valorar las buenas emociones para que de algún modo, la gracia del gozo, la dicha de la moral, el amor incondicional a la compasión por los semejantes, y la paz que genera saber que estamos exentos de culpa. Nos lleva a saber que no hace falta arrepentimiento para salir de las fauces del demonio, sino echarle en cara que hay razones más importantes para combatir las injusticias, y una de ellas es quitar del medio la presencia de quienes no son partícipes de la misma condición. Exaltar un resultado positivo incrementa la felicidad, exaltar uno negativo es dejar pasar ese significado.

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