Hablar de los pecados capitales sería larguísimo, pues hay
un montón de conceptos y ejemplos que estarían rondando por la cabeza del
lector durante mucho tiempo. Yo tengo un ejemplo de tergiversación en el que
dos individuos colgaron un poster en la pared en la que ponía los ejemplos de
los siete pecados capitales y los cuales estaban acompañados de ejemplos como
por ejemplo que en la lujuria debían de ser promiscuos incluso, sacando todo lo
que pueda del sexo opuesto, con los ojos, las manos y la boca implicando machismo
y corrupción si era necesario. De la ira decía que debida de darle otra
cachetada al que te ofreciera la otra mejilla, para recalcarle que está muy mal
sentir compasión por otros. De la soberbia dice que tienes que pisar al enemigo
y sacarle las tripas y no tener pies para pisar sus sentimientos, solo culo
para sentarte encima de la cara de ellos. De la envidia decía que debías de mirar
por encima del hombro al que tienes enfrente y ver que puedes hacer para
quitarle la cartera, pero pensando que si tiene algo que quieres has de
romperlo antes de dárselo si se lo quitas. De la avaricia decía que tienes que
poseer todo lo grande y mejor y consumir hasta parecer que no hay cosa que no
quieras. Estar sentado en el sillón premeditando sobre tus actos y que te vengan
a felar de vez en cuando es lo mejor que puedes hacer, y si alguno quiere algo
de ti que lo haga otro. Has de comer todo lo que puedas, incluso encima de un
cuerpo femenino desnudo pues estos hombres veían un cuerpo femenino como signo
de poder cuando el conjunto de actos y acciones que hay en el sentido de la
dignificación de la especie, hace ver lo que verdaderamente tenemos delante de
la vida, pues en sentir está el hecho y no en ver siete pecados capitales y
hacer de ellos un unos incoherente, pues los valores que atañen son de realidad
muy inescrupulosa, teniendo que ver el resultado de las acciones de otra
persona que vio ese poster en la pared. Esta persona hacía todo lo contrario,
tenía valores de una moral inconmensurables pues se excedía de toda pureza en
su interior, recibiendo el prana de los dioses a través de sus manos, y lo
trasmitía a través de su corazón, que era tan grande que ocupaba todo el
universo. Esta persona que vio el cartel empezó a pensar en que podía hacer
para remediar este mal que en el subconsciente colectivo estaban creando estos hombres.
Empezó por la lujuria, sabiendo que la inocencia es lo más real pues queremos
el bien de la alegría en nuestros corazones, haciendo que ese don que tienen
los niños de ser espontáneos no se va tocados por las manos sucias de hombres
sin escrúpulos que intentan aprovecharse de la fuerza de la sabiduría, para
dejar a esos hombres deshonestos delante del espejo de las apariencias. De la
ira pensó que la dulzura y la paz vendrían muy bien para poner en la tierra un poco
de gratitud, pues las personas que se acercan a la creatividad sensata en estos
sentidos que le damos a la vida, verán que esa ira se disipa en un abrir y
cerrar de ojos, pues en la realidad está la verdadera intención de la vida y quienes
prestan esa dulzura y esa paz serán glorificados por las almas realizadas, para
dejar en la concordancia universal el placentero bienestar de la dicha
colectiva. De la soberbia dijo que la humildad, la entrega y el sacrificio
hacen más que la propia condición humana de poseer por encima de todo algo sin
merecerlo. De la envidia dijo que primero debíamos de quitarnos los ojos adúlteros
y luego ser generoso con la realidad de las acciones, entregando lo justo que
merecen por la causa que se asemeja a la verdad universal que hay en las
personas, concediendo el deseo de la evolución justa a esa entrega de ser
persona delante de los ojos que no codician. De la avaricia decía que debemos
de ahorrar, de tener lo nuestro pero que no debemos de poseer más de lo que
necesitamos, pues no es justo que tu vida dependa de la avaricia de poseer algo
que no es nuestro, pues hemos de compartir lo que tenemos en el corazón y
entregar lo que hay alrededor nuestro en vez de querer tener lo de otros y
perder el tiempo en ello. De la pereza dijo que no hay que estar ocioso, hay
que estar activo, sin pensar en cosas innecesarias y luchado por la casusa
justa de la ilusión que nos da la vida en el más grato sentir de la actividad
diaria, que nos da por hacer mejor personas a los que estamos en la Tierra,
pues todos hacemos algo y estamos sometidos a nuestra rutina, tomándonos el tiempo
que haga falta para hacerlo bien, con los mejores sentimientos y con la mejor
apreciación a la vida, pues los que están por hacer las cosas a expensa de los
demás puedes darte de narices cuando no los tengas. De la gula dijo que
comieras para alimentarte, varias veces al día y no mucha cantidad, pues es
preferible comer lo justo para que tu cuerpo reacciones antes que comer
ingestas cantidades de comida y con respecto a placeres mundanos mejor privarse
de esos excesos de sustancias y adicciones además de placeres y lujos. Todo esto
lo pensó y no que no sabían era que en su corazón habita un duende, un duende
que tiene poderes extraordinarios, el principal el de convencer con su
presencia a esa esencia del interior y cambiar la conducta de sus pensamientos
y acciones, ya que el corazón abarca el mas grato y humilde conocimiento que si
es perturbado la esencia divina se encargará de poner en su sitio la realidad
de las acciones pertinentes para que sigan latiendo tal y como manda la gracia
del amor. Cuando supo que se había instaurado el duende en sus corazones supo
que por lo menos trasmitirían todos esos buenos valores a pesar de sus constantes
palpitaciones negativas que duelen en lo más profundo, siendo la causa de su
malestar la mentira que hay en sus bocas y pensamientos para manipular al
entredicho poster y hacer de eso unos valores que no merecen ser escuchados.
No hay comentarios:
Publicar un comentario