miércoles, 15 de marzo de 2017

Una vez mas, la dualidad.

Cada manera de pensar nos lleva a un mundo, ficticio o no, en el cual desarrollamos nuestras historias, que en cada definición propia o colectiva es producto de la historia que se quiere contar, que se quiere decir, para encontrar sentido a los pensamientos que en cada rincón del universo nos lleva hacia la estrella que habita en el sincero camino de amplitud en todos los sentidos propios de quienes hacen referencia a un lugar mejor, para hacer posible una concordancia con las ataduras que cada uno tiene entre los conflictos minimistas de una voz que no calla y te hace sentir tu sinceridad contigo mismo y ser honesto y humilde para apoyar a la vida que nos mece en cada instante que tomamos y decidimos actuar, por nuestra cuenta o por la cuenta que mejor nos trae, dando por imposible un cauce que nos lleve lejos desde que bajamos hasta entender por donde hay que ir para poder encontrarse uno mismo y la vida que hay en un futuro o en un pasado, porque en el frente, en el presente, en donde la mejor de las sensaciones nos lleva por la vida y mirando al frente de cara a la situación, en donde todos nos hacemos a la idea entre lo mejor y lo peor, o entre lo profano o entre lo divino, ya que la naturaleza humana nos pone a prueba en cada instante que damos un paso al frente y nos dirigimos hacia adelante, hacia ese encuentro con lo justo y lo sublime para afrontar una realidad que nos disuade a cada instante, que nos empuja a seguir y ha propinar si es necesario un gesto de concordia con cada palabra, a seguir a otra y decir, expresar lo dichoso de sentirse vivo, de saber que entregar tu tiempo es brindar a tu tiempo por ti, por lo que nos hace personas entre todos y cada uno de los comienzos que nos llevan lejos cuando en tan poco tiempo el sinsentido de la propia realidad que nos inunda a todos en cada rellano que ha sido cavado para que fuese más alto pues el techo queda cada vez mas lejos del suelo aunque desde fuera solo sea una pizca del plato que da de beber a un pequeño pero intenso sabor de vida, pues entregados a la grandeza de un inmenso y pletórico habitad en donde la urbe precisa una constante manera de hacer sus cosas, con tipos distintos pero iguales, que adornan su sensación de comerse el mundo con la hormona equivocada, pues el mal que nos hace creer en uno mismo es cuando las condiciones de vida nos presenta un forma de concretar con una actitud mundial, que ha preservado de ser una minoría a constatar un crecimiento en comparación con la integración paulatina que ha tenido en la sociedad una forma de aparentar en la vida, de hacernos personas que aman a su misma imagen y semejanza y que entregados a la lucha de bien y mal, de lo que hay en un hombre de guerra para disuadir o una ciudadela que aguarda muchas discordias sin gritos y respeto por los semejantes al igual que su propia sangre, que nos sumerge en una forma de afrontar físicamente los problemas de comportamiento que erran en la sutileza de ver en lo bueno lo malo o de ver lo espiritual y al mismísimo infierno porque cada uno que afronta su dignidad por encima de todo. Sabrá que actuar o pensar es distinto y lo que va primero va primero y lo segundo después, para dar a la vida algo en lo que pensar mientras duermes y silencias tu propia sensación con ese callar que tienen las prepotentes ideas sin conflicto, de los mandatos que de alguna forma nos hacer ser personas y quiere ser identificadas como iguales, como semejantes que dan lo mejor de si pero sin conflictos, sin guerras innecesarias, solo agudizando en que la violencia emerge del abandono y que la diferencia entre encontrar lo que se quiere por lo que se es o por lo que quieren y tiene que ser, dependerá del intento que queramos hacer para crear el conflicto entre la diferencia y el parecido que tiene vivir en ese pasado mezquino por las certeza de definir una idea sensata mirada por el pueblo y una avispada apariencia tomada por los políticos que emergen de la nada insinuando ser fuertes y ahondar en la perspicacia de la tolerancia y el respeto, que como siempre han sido capaces de ponderar en situaciones que están repletas de ideas pero no tan extravagantes y pasadas de fecha diciendo que la moda refleja mas que la historia sin poner ataduras a lo que en cada uno fortalece su acción medida por la inercia de ese espacio que no vaga solo, de ese silencio lleno de gritos, de ese encanto que desprende el paseo antes de que empezara a llover y que después de correr resbalases y en vez de decir tacos nos quejásemos, porque en vez de disfrutar y divertirnos con la naturaleza vamos en contra de ella por gusto, por placer, porque se ha visto que produce la sensación de seguridad el verse por encima del otro, antes de saber que también puedes tener y sentir la seguridad estando con la sensación de verte a ti y nada mas que a ti por encima tuyo.

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