Recapacitar
sobre la inercia de la vida, cuando llevas un tiempo entregado a los
pensamientos de tus actos, de tus momentos, de tus instantes puestos
entre cada segundo que recuerdas lo mejor de lo mejor, surcando entre
océanos y caminando entre los senderos de la discordia que hay en tu
alrededor, de los golpes que enseñaron y de las fuerzas que sacaste
del coraje intuiste el valor que precisa levantarse para dar rienda
suelta a tu creatividad, a la creatividad que hay en esa esencia de
uno consigo mismo pero con la diferencia de la mirada cómplice que
te despoja de criterio o mirando en lo más profundo del interior que
conoce las idas y venidas de los pasajes en los que envuelves las
historias con la certeza de un comienzo correcto entre los recovecos
de la propia necesidad que desvela los sentimientos, para dar lo
mejor de ti y saber que verdaderamente se está proyectando la
quietud que necesitas, y con esa misma quietud mentas las propias
vueltas de idas y venidas que hay entregados al tiempo una forma mas
de ver lo que hay dentro del recipiente que toda la vida a estado
vacío, encontrado en ese instante todo lo que abarca tu propia
trayectoria en el abismo de pensamientos que en otros instantes
parecieron darse por hecho, además de insistir en el capricho de la
inconsciencia que ampara el largo camino de la certidumbre hacia uno
mismo, por encontrar entre los instantes en los que no somos del todo
ciertos y la pesadez de las neuronas impide llevar el desenlace
deseado, hasta que simplemente comprendes que todo no se puede
controlar, pero si tu cambio hacia el progreso que es ser uno mismo,
contando con el propio ser que embriaga nuestros sentidos y el que
prestamos al placer de estremecer cada paso por los constantes
abrazos a la vida que nos presta imaginar y suponer el espacio de
otro, hasta que se interpone la intimidad en cada uno de nosotros,
imaginando cada vez una forma de acercarnos al entendimiento que
supone verse desde la perspectiva equivocada, pues entre los regodeos
de las ideas unas van par un lado y otras para otro, pero justamente
también hay un lado correcto en el la comprensión nos da entre los
que hacen posible entenderse, ya sea en algún argot indeseado o no,
que nos marca en esa trayectoria, por haber cogido el hábito de ver
que hay en cada uno de nosotros, entre todos los que viajamos hacia
ese lugar que llamamos luego, haciendo posible que sin mirarlo pase
el tiempo más rápido, para dar sentido a lo que hacemos y decimos,
dando por sentado que todo lo que hay en cada uno se puede compartir
para hacer mejor el trayecto hacia cada paso que damos sobre la
consciencia desmedida de los hábitos sanos y nutridos que nos aporta
el buen saber, entre todo los que holisticamente ponen sus
entredichos a merced de las propias palabras que abarcan un mundo por
imaginar, dando un sentido a lo que ha veces nos parece la realidad
que tan subjetivamente nos ha devuelto la consciencia a lo pleno y a
lo grato que disfruta de un presente pleno en discordias y con total
certeza discriminatoria para que cada vez que sintamos un poco de
placer diciendo algo, sea siempre el placer de decirlo bien, pensando
en que cada vez que nombramos a la vida que hay entre los hijos de
nuestros hijos o de nuestros antepasados, sabemos que hay muchas
cosas en común entre ellos, como los placeres de viajar en nuestro
consciente que viaja lejos para parecer que está cerca, y saber que
es posible decirlo en alto y que te escuchen cerca y muy cerca y
sentirte lejos, que aunque es más triste sabemos que es parte del
estado en el que interactúa la vida entre los que son como si fuesen
nuestra familia, pero aun mas triste es que la propia familia tire de
la manta para destapar sucios pensares que en algún momento se
dirían pero que en ningún momentos de volvería a decir, repitiendo
que es posible decirlo aunque sepas que por repetirlo pierdes.
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