LOS
SUEÑOS QUE SIN QUERER EVOCAS.
La
envidia que pueda tentarnos a ser egoístas y aparentar lo que no
somos, los que somos, desvelan la seguridad que tengamos puesta en ese
aprecio hacia la distancia que proyecta nuestro subconsciente en una
pequeña distancia entre la misma idea y el parecido de sus enlaces,
comprobando que cada vez que nos embebemos en el viaje que da el
empuje de la propia vida hacia lo inmutable y sutil de un recuerdo
que causa la inercia del tiempo, entre los que querían probar a
soñar o los que quería ser realistas y escuchar y sentir la vida,
sin efímeros comportamientos de la entregada sedación de embriaguez
entre la vigilia sentida en un perfecto e inerte cuerpo que descansa,
relajado y que entre los pensamientos de su propia cosecha,
entremetidos con la propia constancia de tus allegados, de tu
entorno, de tu vulnerabilidad hecha para esperar a que te apoyen.
Antes de saber a ciencia cierta sobre tu situación entre los latidos
de las sienes que desvelan hasta donde puede llegar esa consciencia
transgresora que nos da el valor de seguir, haciendo de la vida un
juego entre los que prefieren jugar con ella, y entre los que
prefieren jugar con la vida de los demás, nos desvela en el camastro
de los sueños pues entre los tremendos juegos de la vida está el
ser tu mismo, ser quien lleva las riendas de los instantes que
divagan cuando el interés está fuera del propio egoísmo que nos
despeja de la duda que aparentábamos ser cuando el parecido de la
realidad solo fuese en un segundo, pues en un pequeño segundo que
parece eterno, sabemos que ese mismo sueño que aparecía tan solo un
segundo era el de muchos segundos juntos, muchos minutos, muchas
horas, hasta ver que con pequeñas cosas realizadas nos dan placer en
cada hebra de nervios, en cada poro de la piel, en cada verso que
escuchamos, en cada palabra que decimos, dando vida alrededor y dando
bien en cada acción que nos hace más grandes, para dar sentido a los
entresijos de la verdad que cada cual hace justa, que cada uno hace
suya, pues en cada uno está lo propio y sensato del papel que
desempeñamos. En ese pequeño trozo de espacio, en el que vemos la
realidad, comprometiendo a la constancia del recelo de comparar con
tu sentido digno y con la absoluta certeza acentuar la condición del
preámbulo que nos deja ver el mejor de los momentos para darnos
cuenta del viaje en la transcendencia de lo sublime a la realidad del
sueño, que efusivo o no, perpetra en el interior del silencio y
conecta con la divinidad que nos permite dar a conocer a un entre
velo en los adormecidos pasos que das para acercarte a tu propia
esencia, hasta la completa disolución al disuadir el encanto de un
momento por la eternidad que nos lleva a comprender que hay muchos
motivos por los que hacer posible una interconexión entre ese tiempo
y tus pensamientos, reflejando el presente en un espacio de tiempo
superior al que nos arrebata la dicha de la conciencia cuando el gozo
por encontrar la paz del silencio entregado a tus sensaciones,
provocando el éxtasis en el subconsciente y viendo que cada vez que
respiras el cuerpo estremece de placer cada poro del cansancio que
nos deja el estar acostumbrados al trabajo del día a día, que hace
posible la existencia entre lo cotidiano y lo esencialmente
preferible, que nos evoca el mejor de los mejores instantes que
tenemos cuando la ansiedad es ver que cada uno come con la
tranquilidad de saber la propia condición que te hace pensar en
otro, de empatizar con una intención bastante sutil pero que en el
concepto de qué momento te haga ver que es posible, para dar por
entendido que no puedes mas que reivindicar la aceptación del placer
por todo lo contrario, conceptuando que cada vez que respiramos nos
hacemos inherentes en el propio aire que produce un árbol a muchos
kilómetros de ti, para entender que se vuela lejos y alto cuando
respiras tu propio aire, mientras el sueño continua entregado al
placer de ir mas lejos cada vez, cada vez más acercado a la propia
inercia que los preferibles instantes que nos da saber que somos
dignos de ser lo que somos, y dando gracias a esa verdad que
preferiblemente hacemos cada uno a nuestra idea, el concepto de ver
más allá de nuestras narices y comprender que nos podemos poner en
una situación fácil o difícil, con el encanto de persuadir sin
maldad haciéndonos fuertes, contando con que cada uno sabrá qué es
lo mejor para dar sentido a nuestra vida, a nuestros sueños, a
nuestras sensaciones, a nuestro propio ser que cada vez que sueña
lleva lejos un propio sentido y estilo de vida que cerca nos da ese
pequeño instante de placer, hecho por la inteligencia sobrehumana
del propio placer de estar dormido pero despierto.
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