La
propia certeza de la sabiduría nos da a entender que sabemos, para
hacer posible el propio discernir de lo que hacemos en la vida, para
reflejar la constancia de la verdadera imagen de los sentidos,
dándole más allá de la entrañable cordura que nos embebe, la
cordialidad de entender que somos personas, humanos que vivimos de lo
que tenemos y que disfrutamos igual cada día, cada instante, cada
pasaje en el propio reflejo de la tolerancia a lo infinito, que hace
posible cada paso dado hacia la vida, acercándonos cada vez al
triunfo de la propia existencia que nos desvela cada instante en la
propia lógica de la desmesurada divinidad que nos regala instantes
mágicos, propios de los hacedores de la ciencia y la religión, que
busca entender que hay entre un exuberante y pletórico Dios si nos
desvela cada instante pues estamos mas cerca de él de lo que
imaginamos. Cada vez que nos asombramos por la grandeza del universo,
cada vez comprendemos mas que hay una consciencia abarcadora de todo
eso en un segundo, que alcanzar a esa particular acción con lo
propio de la búsqueda que hacemos para entendernos, sabemos que
tenemos el sitio adecuado en el momento perfecto para hacer posible
que la realidad sea un sueño y el sueño de la vida la propia
realidad, para darnos cuenta de la singularidad que ejerce el
conjunto de la vida, de lo que vivimos y nos hace fuertes, desde que
emprendemos el viaje hacia lo desconocido y nos rodeamos de la
ilusión que nos regala la propia acción personal, para hacernos
personas que se enredan entre sus pensamientos y cada uno dice lo que
cree más conveniente, forjando la propia decisión en un acto de
personalidad y ocurrencia, para tomar ejemplos o no de la propia y
oportuna predisposición a enredar conversaciones para hacer de ellas
un juego entre lo que tu te acuerdas y lo que el otro sabe de lo que
han hablado, para hacer posible que las persona que hacemos la vida
más fácil a los que estamos alrededor para disfrutar con cada
instante que podemos hacer nuestro y darle forma, una forma que pueda
hacer de ello el mejor sentido hacia la realidad que afrontamos cada
día al realizarnos como personas, alrededor de mucha mas gente,
cuando interactuamos para darnos el mejor revuelo de intensidades
hacia las sensaciones que nos evoca estar en contacto con otros que
comparten ideas pero el mejor sentido que le damos a la verdadera
intención de reír y disfrutar de la vida es hacer que los sueños
sean el principio de la historia que ha de acabar antes de que
empiece lo bueno, pues disfrutar de la vida es cuestión de como te
lo tomes, de como hagas la propia sensación que te enreda en un
tormento de presentimientos, pues sin estar quieto nos movemos hacia
una dirección y ese sitio estará repleto de cordialidades
preparadas para hacer sentir la vida y lo que nos persuade es el
contacto con la sorpresa hacia lo grato y agradable pues si no
tenemos vida en nuestro interior lo que se apaga es la llama en vez
de encenderse la propia existencia puesta en el infinito del
universo, para dar amparo a la vida que hay alrededor de la propia
certeza de las pletóricas hazanas del hacedor de muchas palabras,
para dar sentido a la situación que nos envuelve entre los acertijos
de la dignidad que nos intoxican con metales pesados, para hacer de
ello un inevitable conflicto con los desesperados hábitos que en la
naturaleza nos embebe, por dar el resultado a la vida el mejor de los
sentidos de la propia realización al sentarnos a decir la verdad que
hay entre nosotros, para hacernos fuertes con la dignificación de la
realidad, con valores que nos enseñen a respetar a quienes tenemos
alrededor, cuantificando las situaciones caóticas en meras
decepciones de quienes nos miran desde otros valores menos propios de
los seres que miramos con los ojos hacia otro lugar en vez de
intimidar con la mirada para hacernos ridiculizar entre los que hacen
posible la paranormalidad que centra toda causa justa para hacernos
entendedores con buenas palabras, y así, hacer posible el encuentro
con la naturaleza que nos une, haciendo posible el camino hacia la
desesperación una carrera justa para hacer el honor de triunfar
delante de las adversidades, proponiendo que la disciplina del
trabajo acentúe el esfuerzo que contagia los que hacemos un sin fin
de tareas y cuando ocupamos tiempo a los problemas se nos viene
encima la situación, al aprender de la propia fuerza humana que nos
enseña a evadir y evitar catástrofes que inimaginablemente
podríamos pensar, pues esa fuerza sobre humana nos contagia cada vez
que hacemos posible una mejor respuesta hacia quienes tenemos que
hacer otra pregunta, de la misma forma y manera que hace entender a
las personas libres, hechas para tener otra oportunidad cuando el
tranquilo estigma emerge de la coacción a la que estaba sometido el
emblema de la cordialidad que nos lleva hacia otro lugar, tal vez
distinto a lo que pensábamos cuando en el universo solo viaja por
él, con el transito de todo alrededor y vacío en mis entrañas.
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