La
puerta abierta que dejó pasar a la incertidumbre se cerró, cuando
al salir por la ventana la certeza yendo detrás a buscarla, todo se
disipó con una corriente mágica al saber correr y ser libre, por
aprender a saltar muros que de alguna manera me hicieron retroceder
para coger impulso, pues entre los que tenemos la suerte de mirar a
un lado y a otro y ver que hay diferencia en cada perfil, pudiendo
ver que hay otros que intentan diferenciar y otros tantos que no lo
hacen, pues hay diferencias por mermar, siendo un concepto real por
entender pudiendo posibilitar la diferencia entre un rostro y otro,
más el de enfrente, que es con el que tienes que discernir y pensar
ya que si miras a otro lado y piensas, no te fijas en lo que quieres
decir, en lo que verdaderamente debes de decir, ya que la distracción
que hay en el objeto al que miramos es comparable a la verdad que
queremos sentir de dicho objeto pero sin mentir para decir que en
realidad es otra cosa, hasta el punto de mellar entre los que aun
recuerdan la aventura de afrontar a la mirada de enfrente, donde los
ojos saltones y la afrenta de empujar con la testuz para achicar a
quien nos quiere obligar a decir lo que no sentimos, lo que no
queremos y damos por hecho que quien obliga a hacer lo que uno no
quiere no merece el perdón del infierno, donde van todos los que
hacen que la vida nos encierre en sus recuerdos y vaguen por la
vereda del fondo para llegar hasta la plaza de la incertidumbre,
donde te agarras unos tallos de Ibiscos y pruebas su néctar dulce,
que embriaga más que la certeza de saber que cuando te ripies de
tallos de Ibisco en algún momento recordaras qué hizo que así fuera
para poner orden dentro de ese kaos existencial que promueve el
astuto maleante que da menos de lo que quiere recibir siendo en
consecuencia el que menos recibe del juego hasta el punto de llega al
infierno y ver que en realidad ese era el menor castigo pues de los
que como testigos no juzgaron mal la interpretación que se pasaba de
rosca, para achicarse y ver que de verdad corrían para que no le
cogiese la intención que por ahí pululaba, pues entre los que
vieron el resultado de perdonar hasta el punto de ver en el interior
de esa culpabilidad todos los conceptos que llevaron ha realizar su
entredicha irrazonable, entendiendo que la maldad surge de pronto
entre quienes la promueven y los que no estamos acostumbrados a
amenazas e insultos, los que vemos el panorama de la pulcritud
desmembrada de los que hacían como costumbre atajar a palos las
cuestiones, y si no te quitaban el perro de las manos para echárselos
a los perros del vecino que con el doble de envergadura y el doble de
palos, cuando no iba a quedar ni la cola del animal que hubiera sido victima
de semejante hazaña, ya que el que recibe la testuz y no sabe que
hacer por semejante humillación, el tiempo puso en su sitio a cada
elemento que en aquel momentos disiparon al trayectoria de la mente
que viajaba a miles de kilómetros de la tierra, rumbo a algún
planeta en el que llevará unos años en presencia de su espíritu
antes de morir y continuar un ciclo nuevo en una dimensión distinta,
pero los que atosigaron ese viaje que avanzaba a toda velocidad, el
destello de la dignidad y la confianza en si mismo, destruyó la
vanidad que emergía de unos puños cerrados, hasta el punto de poner
en la cara uno y apretar hasta tumbar y recibir una patada a el que
sin querer solo viajaba, por sus pasos, su vida, sus sueños y su
deslumbrante sonrisa que quizás era los que ellos no querían ver,
pues se la quitaron y fue lo primero que le dijeron, que le quitarían
esa sonrisa de la cara, que para ellos era una diversión y para el
que sufre solo la paciencia y el trabajo personal hicieron que
aquella mofa se convirtiera en una risa que emergía de la
profundidades, que emanaba de cada hueco que había por entre las
rocas del fondo, cuando se dieron cuenta de que el radón está en el
cemento y si le da aire se oxida y si se oxida se evapora, surcando
la partículas radioactivas todo el cuerpo, provocando que quienes
estaban pegados al cemento, en un suspiro gritaron “Radón”, sin
grito, casi ni se oía, aunque todo el planeta contemplaba para su
grandeza, el poder sacar desde el fondo de la tierra un rayo que
paralizó la mente y el cuerpo del golfo, haciéndole caer con la
cara de vergüenza cuando iba contando mentiras de su historia, pues
con la desaparición de una vecina por aquella época en la que se le
vio por última vez con él, sin dejar rastro y diciendo que cogió
un avión, sospechando aun más de la red en la que estaba metido
este elemento, se supo que en Alicante, una mora con el mismo nombre
que la chica, se hacia pasar por ella, con su misma identidad,
dándose cuenta las autoridades de su falsedad cuando intentó
secuestrar a don chicas jóvenes, queriendo llevar los dos cuerpo a
Ceuta, pues tenía comprado su pasaje y en el registro de la
frontera encontraron en la furgoneta a las dos muchachas maniatadas
en el centro, en el doble fondo. Deteniéndola y denunciando las
autoridades la desaparición de esta muchacha buscaron la pista de su
paradero y el último novio le compró un teléfono. Aún así,
cuando le preguntaron a él no sabía nada, pero los que conocemos la
historia sabemos que cuando afrentas a alguien por el mero hecho de
sospechar, mejor estate callado pues quien espera que le perdonen al
igual que han de perdonarte, si no mandas al infierno a quien en ese
momento no te perdona, haz de saber que en realidad no te estás
perdonando.
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